Un preso denuncia que le han echado del trabajo en la cárcel por falta de interés: “Hay una mano negra”

Tiene amplias sospechas

Su actividad en la lavandería le permitía tener un propósito y, además, mantener cierta actividad después de un ictus

LA VANGUARDIA (Héctor Farrés). FOTOGRAFÍA:   – José Manuel llevaba dos años adaptándose a la rutina de la cárcel de Ondara, en Alicante, cuando su mundo se vino abajo. Lo que parecía un respiro dentro de su condena —su trabajo en la lavandería de la prisión— terminó abruptamente con un despido que ha dado mucho que hablar. La razón oficial: “falta de interés”. Pero él no está convencido de que esa sea la verdadera causa y ha decidido plantar cara.

Condenado en 2021 a cuatro años y medio por un delito contra la salud pública, José Manuel ingresó en prisión tras ser descubierto vendiendo estupefacientes desde el videoclub donde trabajaba. Una vez dentro, encontró en su empleo en la lavandería una especie de alivio a la monotonía del día a día tras las rejas. “Te quita la pena de lo que es estar en la cárcel”, aseguró a TardeAR con cierta nostalgia, recordando cómo pasaba de lunes a domingo ocupado entre máquinas de lavado.

El dictamen que justificó su despido señala una supuesta falta de interés en el desempeño de sus tareas por estar perdiendo el tiempo con compañeros. Sin embargo, José Manuel sostiene que no hay nada más lejos de la realidad.

Según explicó en el programa, el ambiente en la lavandería era relajado, pero siempre cumpliendo con sus responsabilidades. “Mientras las máquinas funcionaban, salíamos a tomar café o fumar, pero nunca se dejaba el trabajo sin hacer”, afirmó con contundencia, desmontando lo que considera acusaciones infundadas.

Pero hay un detalle que despierta sus sospechas: el despido llegó justo después de que el jefe de servicios que lo ayudó a conseguir el trabajo se jubilara. Para José Manuel, que considera que nunca ha hecho “nada incorrecto” durante su turno, esta coincidencia tiene mucho que ver. “Había un jefe que me conocía de fuera y fue quien me metió en la lavandería para que pudiera tener una pequeña rehabilitación. Qué casualidad que se jubila y a los tres días me echan”, señaló.

De esta manera, atando cabos, el preso tiene claro que en la cárcel hay una “mano negra” detrás de lo ocurrido para perjudicarle ahora que no tiene esa protección. Aun así, aunque no entró en detalles sobre quién podría estar involucrado.

La situación es especialmente difícil para él, ya que sufrió un ictus tras recibir la vacuna del Covid-19, quedando parcialmente paralizado. El trabajo no solo le ofrecía una rutina, sino también una forma de mantenerse activo en su recuperación. Ahora, con su demanda en curso, espera que la Justicia arroje luz sobre un despido que no logra entender.

 

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