Un preso denuncia «maltratos, xenofobia y abusos» en la cárcel de Picassent

¿ Sanción encubierta?

Un mes después, Steven Giraldo fue trasladado a un centro penitenciario de Málaga, alejado de su familia

DIRECTA.CAT.(AINHOA LÉRIDA).FOTOGRAFÍA:IA.- El 30 de junio entre las 12:15 y las 12:30 horas del mediodía, tres funcionarios, entran a realizar un cacheo en la celda de Steven Giraldo Zapata, situada en el módulo 2 en la cárcel de Picassent, en la comarca de l’Horta Sud. Según relata el preso y su familia, en una carta enviada al Defensor del Pueblo valenciano un mes después, registran la habitación, le roban todas sus cosas y le rompen una foto de su abuela. Como respuesta se inicia una discusión por la que uno de los funcionarios le da un puñetazo en el pecho y Giraldo Zapata es trasladado a un módulo de aislamiento, sigue el escrito. Por el camino, el preso explica que le dicen que «le harán la vida imposible».

En el módulo de aislamiento, zona donde no hay cámaras de seguridad, Giraldo relata que le intentaron asfixiar y le amenazaron con trasladarlo a un centro penitenciario muy lejano y apartado de su familia. A consecuencia de la agresión, la familia denuncia a través de una carta al Defensor del Pueblo y de una al Consulado Colombiano que sufrió un sangrado persistente en el oído izquierdo, disfonía y dificultades a la voz generadas por la asfixia, daños en una muela, y que le privaron de alimentos durante todo ese. «Ninguna persona privada de libertad puede ser sometida a acciones crueles, inhumanas o degradantes, como tampoco puede ser privada del acceso a atención médica cuando presenta lesiones derivadas de una presunta agresión», reclama el texto de su madre. Un mes después, Steven Giraldo fue trasladado al Centro Penitenciario Málaga II, conocido como la Cárcel de Archidona.

Dentro de los protocolos penitenciarios, un cacheo o requisa no autoriza el uso de la violencia. De hecho, el Artículo 72 del Reglamento Penitenciario señala que, los medios coercitivos sólo se aplicarán «de forma excepcional, estrictamente proporcional y cuando no exista otra vía para evitar una agresión o alteración grave del orden». El Ministerio de Justicia español, a través de su departamento de prensa de Instituciones Penitenciarias, ha declinado realizar declaraciones a la Directa sobre este caso, alegando que siguiendo los protocolos sólo facilitarán información a «las autoridades judiciales».

Racismo estructural dentro de la cárcel

Sin embargo, Steven Giraldo Zapata no es el único ciudadano colombiano que ha sido víctima de violencia y racismo dentro de la cárcel de Picassent. Según relata el preso, hay al menos otro que ha sufrido agresiones similares, así como otros internos extranjeros que asegura que reciben «maltrato, discriminación, xenofobia y abusos por parte de algunos de los funcionarios».

El día de la agresión, su compañero de celda fue trasladado también a un módulo de aislamiento y Giraldo relata que a él no le dieron comida. Tampoco recibió una «atención médica adecuada», denuncia, ya que «no le suministraron los medicamentos que necesitaba», y estuvo días con «sangrante persistente en el oído», concluye.

Desde TRABA, la Colectiva Anticarcelaria Transfeminista de Valencia, lamentan, también, que ha sido imposible denunciar formalmente la agresión porque, después y, debido al aislamiento, no se le pudo visitar y no hay más testigos que el suyo. Durante más de quince días, los funcionarios de Picassent limitaron la comunicación con su familia y no le dejaron realizar ninguna videollamada donde se pudiera constatar su estado, explica su madre, quien afirma que aquellos días se vulneraron varios derechos de su hijo: “su derecho a la integridad física y moral, el derecho a la salud, ya no sufrir tratamiento inhumano o degradado”……………………

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