“Se podía haber evitado”: la familia del preso asesinado por el criminal de Morata pedirá a la cárcel que les indemnice si él no puede

El abogado alega que falta seguridad en el centro y que Ángel Asenov no debía compartir celda con Dilawar. Instituciones Penitenciarias declina hacer comentarios al respecto y se remite a la investigación judicial. El criminal confesó que mató a su compañero por su falta de higiene y sus miradas con ánimo homosexual.

20 MINUTOS (MIRIAM COS). FOTOGRAFÍA: EFE.- La carrera criminal de Dilawar Hussain, el autor confeso del crimen de Morata de Tajuña, se ha convertido en un reguero de sangre en muy poco tiempo. Tras confesar haber acabado con la vida de los tres hermanos por venganza al no recibir un dinero que les había prestado y después de llevar menos de un mes en la cárcel madrileña de Estremera donde ingresó el 24 de enero, Hussain decidió acabar con la vida de su compañero de celda con el mismo modus operandi utilizado con sus anteriores víctimas: a golpes.

Un mes después del asesinato en la prisión, donde Hussain se encontraba en el módulo de preventivos a la espera de juicio, la familia del Ángel Asenov, búlgaro de 40 años y que esperaba un fallo del Tribunal Supremo para anular su imputación por agresión sexual, se ha personado como acusación particular en la causa, en la que también señala como responsable civil subsidiario al centro penitenciario. “El asesinato se podía haber evitado”, declara a 20minutos Rodrigo López del Cerro, abogado de la hermana y las dos hijas de la víctima.

Según el letrado, el hecho de que Asenov compartiera celda con un preso con delitos de sangre es una de las razones por las que la cárcel debería asumir responsabilidades. El abogado se apoya en el artículo 13 del Reglamento Penitenciario, por el que se establece que cada interno contará con una celda, aunque incluye excepciones, como que “sus dimensiones y condiciones de habitabilidad permitan, preservando la intimidad, alojar a más de una persona”.

“En el caso de que se recurra a dependencias colectivas, el artículo especifica que los internos serán seleccionados adecuadamente“, detalla López del Cerro. “Este no es el caso”, dice rotundo. Además, el letrado comenta a este periódico que Asenov ya había manifestado su incomodidad por compartir celda con el asesino de Morata. “Se lo dijo a los funcionarios y a la familia, también a algunos presos que ya han declarado como testigos”, sentencia, pero desconoce si se habían producido altercados entre ambos. “Creo que simplemente tenía miedo porque conocía su caso”, señala.

López del Cerro asegura que “no todos los presos del módulo de preventivos comparten celda“, algo que “ha quedado acreditado por los testimonios de los internos”. En este sentido, también hace hincapié en que “no se han dado explicaciones desde el centro de por qué el asesinado compartía celda con Hussain”.

En su escrito, letrado y familiares señalan además al arma del crimen, una pesa del gimnasio de la cárcel, y alegan que “existe falta de seguridad en Estremera”. En palabras de López del Cerro, “los presos han dicho que es una cárcel en la que parecen faltar cosas. Tienen un solo médico o, en muchas ocasiones, ninguno. También parece que los funcionarios hacen caso omiso de las cosas que les informan o avisan, como, por ejemplo, de la desaparición del famoso disco de la pesa del gimnasio”.

Esta pesa de 2,5 kilos fue con la que el autor confeso del crimen acabó con la vida de Asenov. En concreto, Hussain golpeó a su compañero con el objeto en repetidas ocasiones. La familia y el abogado afean que la prisión no les dio información en ningún momento sobre qué objeto contundente se había utilizado para matar a Asenov. “No ha sido hasta personarnos como acusación particular cuando nos han dado el atestado y hemos sabido qué era”, reconoce López del Cerro.

“Parece ser que todos sabían, presos y funcionarios, que ese objeto faltaba del gimnasio“, apunta y acusa al centro de no tener ningún control en este espacio. “El gimnasio estaba abierto todo el día y no se contaba nada a excepción de unas arandelas y pinchos que se usan para fijar las pesas. No se hicieron cacheos para encontrarla tras su desaparición, poco después del 24 de enero, cuando Hussain entró”, dice e informa de que, tras el suceso, la seguridad del gimnasio se ha mejorado.

Investigación interna

Desde Instituciones Penitenciarias, por su parte, alegan a este periódico que es una investigación judicial abierta y que, por lo tanto, no pueden hacer declaraciones. “No nos podemos pronunciar”, enfatiza un portavoz. Además, detalla que tras una muerte en una cárcel, se abre una investigación interna, aparte de la judicial, y hasta que no culminen ambas y no se tengan todos los datos no se puede decir nada. “Estamos a expensas de lo que nos diga la autoridad judicial”, agrega.

La familia de Asenov, a través de su letrado, pedirá una cuantía (aún no han decidido cuánto) como indemnización que, si el acusado no puede pagar y se declara insolvente, tendrá que sufragar la prisión. “Entendemos que hay una responsabilidad obvia por parte de la Administración General del Estado, del centro penitenciario, y que todo esto se podía haber evitado”, reitera López del Cerro.

El abogado, además, pone el foco en que su cliente tenía la vista para su recurso ante el Tribunal Supremo cinco días después del asesinato tras llevar encarcelado desde julio de 2020 (lo máximo de provisional son cuatro años). “Lamentablemente, nunca sabremos lo que el Supremo podía haber dicho”, afirma.

También niega que el fallecido hubiera estado en la cárcel por violencia machista, “sí tenía una denuncia anterior por amenazas”, y que “nunca cortó los pezones a su pareja, como han dicho algunos medios”.

Las bolsas en la puerta

En el atestado al que se refiere el letrado, además, se especifican la sucesión de hechos que llevaron a la muerte del búlgaro. Al parecer, y en contra de lo que se conocía hasta la fecha, el crimen se produjo unas seis horas antes de que el asesino de Morata lo confesara.

Hussain acabó con la vida de su compañero sobre las ocho de la tarde del 15 de febrero. Durante el suceso, los compañeros de celdas contiguas escucharon fuertes golpes y se quejaron. En su declaración posterior, Hussain alegó como motivo que Asenov no se lavaba, que era desordenado y que le lanzaba miradas homosexuales cuando se duchaba.

Tras matarle, recogió toda la celda, lleno dos bolsas con las pertenencias de la víctima y las dejó en la puerta preparadas, tapó el cadáver con una sábana, se duchó y cambio las dos camas. A las dos de la mañana, sentado y con un paquete de tabaco en las manos, llamó a los guardias. “Lo he matado“, dijo por el interfono. Una frase que, cuando los alguaciles entraron en la celda, no paraba de repetir. Tan solo 20 días antes había hecho lo mismo en el cuartel de la Guardia Civil de Arganda del Rey donde se entregó por el asesinato de los tres hermanos.

Hussain ingresó en la cárcel de Teixeiro el pasado 26 de febrero, a donde fue trasladado tras su cuarto asesinato y donde se encuentra en un módulo de aislamiento. Asenov fue enterrado unos días después en Ciudad Real, donde vive gran parte de su familia, todos búlgaros asentados en España desde hace años.

 

 

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