Los bulos se desmienten con datos.
Son los que padecen la necesidad extrema de sobrevivir, 'Los nadies', como escribió Eduardo Galeano, los que acaban llenando nuestras cárceles
EL DIARIO.ES. (ANA HORNO HIDALGO). FOTOGRAFÍA:PIXABAY.- Es preocupante la (falsa) percepción cada vez más extendida en la sociedad, alimentada por el discurso de odio, de que nuestro país, nuestros pueblos y nuestras ciudades son lugares cada vez más inseguros a causa de la (falsa) ecuación de más migración es igual a más delincuencia.
La realidad es bien distinta: la población penitenciaria se ha reducido entre el año 2009 y el año 2024 en casi 17.000 personas: de 76.079 reclusos a 59.226). En el mismo lapso temporal, mientras que la población extranjera en España ha ido en aumento (un 25% entre 2009 y 2025, frente a un incremento del 3% de población “nacional”), la tasa de población penitenciaria disminuía, siendo las personas extranjeras las que más han contribuido, porcentualmente, al descenso de esas cifras. Porque el descenso de población penitenciaria extranjera desde 2009 a 2024 se cifra en un 28,82%, frente a la disminución de un 18,54% que observamos en población penitenciaria española.
Aún así, sigue habiendo una desproporción de personas extranjeras en prisión en relación a su peso en el total de la población, lo que contribuye a la falsa idea que vincula los procesos migratorios con la delincuencia. Cabe preguntarse el porqué de esa sobrerrepresentación. Y es que a las cárceles llegan las personas más vulnerables, extranjeras o no, y la situación de irregularidad administrativa, desgraciadamente, es una causa de vulnerabilidad muchas veces irreversible.
He visto cómo cuestionar una identificación arbitraria desemboca en un “delito de resistencia o atentado a la autoridad”, que supone penas de prisión. También como la venta ambulante de camisetas o CDs puede llevarte a prisión. Un sinsentido. Es habitual encontrar en prisión a personas que no han cometido delitos graves, sino delitos leves contra la propiedad, asociados además a graves situaciones de precariedad.
Son los que padecen la necesidad extrema de sobrevivir, Los nadies, como escribió Eduardo Galeano, los que acaban llenando nuestras cárceles. Cabe señalar, por ejemplo, la tragedia de las mujeres latinoamericanas detenidas en los aeropuertos y condenadas por actuar en estado de necesidad. Son mujeres que provienen de la necesidad extrema. Mujeres que han tenido que separarse de su familia, dejando incluso a sus hijos al cuidado de otros familiares. No son delincuentes, en la mayoría de los casos se trata de su primer delito y su paso por la cárcel sólo empeora la situación de la que partían.
O la tragedia de los “patrones de embarcación”, que, como describe Samuel Huesca, jurista y miembro de Pastoral Penitenciaria de Salamanca y que conoce de primera mano la realidad penitenciaria, son: “Jóvenes migrantes, muchas veces los más pobres entre los pobres, los más vulnerables entre los vulnerables, que terminan condenados a penas altísimas bajo la acusación de dirigir o pilotar una patera. Jóvenes que no eran mafias. Jóvenes que no eran traficantes. Jóvenes que simplemente estaban en el lugar donde el sistema necesitaba un responsable. Jóvenes que quizá tocaron un timón unos minutos. Jóvenes que quizá fueron obligados. Jóvenes que quizá solo intentaban llegar vivos. Jóvenes que buscaban una vida mejor, un futuro posible, un lugar donde respirar. A esas personas se les ha impuesto cárcel. Se les ha impuesto estigma. Se les ha impuesto una pena desproporcionada”.
Otra cuestión que explica la estadística de personas extranjeras en prisión es que tienen más posibilidades de entrar en la cárcel, pues el porcentaje de prisiones preventivas se dispara; la falta de arraigo en el país, en la mayoría de los casos, inclina la balanza hacia la prisión provisional en lugar de hacia la libertad provisional, lo que contribuye a engrosar las cifras…………………..
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