«Mi hermano pidió ayuda antes de morir y nadie le hizo caso»

salud mental en prisión

Nisa Alemán denuncia la muerte de Deriman, un joven de 29 años con enfermedad mental fallecido en la prisión de Juan Grande, y reclama cambios

CANARIAS7.(CRISTINA GONZÁLEZ OLIVA). FOTOGRAFÍA: IA. Nisa Alemán hablaba casi todos los días por teléfono con su hermano Deriman, de 29 años, preso en el centro penitenciario Las Palmas II, en Juan Grande. «Me duele el cuerpo» le repetía más de un mes antes de morir. A veces era el pecho. Otras la espalda, el estómago o tenía calambres en los pies. También había sudoración extrema y temblores. «Yo lo veía mal. Le decía a mi tía que me daba muchísimo miedo que le pasara algo porque yo no podía hacer nada», recuerda ella ahora, ocho meses después de su muerte.

Deriman falleció el 23 de septiembre de 2025. Llegó muerto al Hospital Insular en un furgón de traslado de presos de la Guardia Civil. Según relata su familia, nunca llamaron a una ambulancia. Nisa habla despacio, intentando ordenar un dolor que todavía parece reciente. Su hermano padecía esquizofrenia, bipolaridad y trastorno límite de la personalidad. «En la cárcel lo sabían porque yo entregué todos los informes médicos. Mi hermano no tenía ni que haber entrado en prisión», insiste.

Cuenta que antes de ingresar fue derivado a la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Hospital Doctor Negrín por adicción a su medicación, a la benzodiazepina, pero acabó trasladado a Psiquiatría tras sufrir un brote psicótico. «Intenté por muchísimos medios que no entrara en prisión. Entregué informes, denuncié, hablé con quien pude… pero nadie hizo nada», lamenta.

Deriman cumplía una condena de siete años por delitos que cometió siendo apenas un joven, con 18 o 19 años. Según explica su hermana, estaba a punto de comenzar a disfrutar de permisos penitenciarios tras cuatro años internado. «Hay gente que entra cuando ya se ha rehabilitado, cuando ya tiene otra vida. Pero en su caso, además, estaba enfermo», sostiene.

La familia asegura que el joven ingresó en prisión en 2021 después de pasar por un ingreso psiquiátrico forzoso. «En la UDH quería salir porque estaba mal y tuvieron que reducirlo. Y de ahí pasó directamente a prisión», relata Nisa, que asegura haber denunciado entonces la situación sin obtener respuesta. «Este tipo de problemas es algo que a nivel social no se ve y es muy difícil que la gente entienda que tú a lo mejor no estás pasando de cero a cien porque te dé la gana, sino porque tienes un trastorno que nadie comprende», agrega.

«El deterioro físico era evidente»

Durante los cuatro años que llevaba en el centro, asegura que vivió pendiente de evitar que lo enviaran a aislamiento debido a su enfermedad mental. «Mi hermano me decía: ‘Estoy harto porque no me hacen caso. Se murió uno aquí el otro día y siguen sin hacerme caso’». Los días antes del desenlace, sostiene, el deterioro físico era evidente. «Tenía labios violetas, temblores, se desvanecía y los compañeros tenían que ayudarlo a caminar», relata. Pero de eso se enteró tras el fallecimiento. Un mes antes de morir ya presentaba dolores constantes y una sudoración «extraña». «No soy médica, pero cuando una persona está mal se nota», afirma………………

 

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