Entrevista | María Belén López Martínez Directora del centro penitenciario Alicante II-Villena.
Primera mujer que dirige una prisión en la provincia, centra en el último tramo del cumplimiento de la condena el gran reto de la reinserción, "cuando el interno pasa a régimen abierto y los apoyos que tenía dentro van cayendo"
INFORMACIÓN. (MERCEDES GALLEGO). FOTOGRAFÍA: PIXABAY. Llegó a una prisión en llamas por un conflicto que le costó el puesto al anterior director y en tres años ha conseguido pacificar un penal que alberga a más de un millar de almas. Primera mujer en estar al frente de un centro penitenciario en la provincia y psicóloga de formación, María Belén López (Granada, 1971) se adentró en el mundo carcelario a través de una ONG en la que trabajaba. Por eso valora, y mucho, la importancia de que la sociedad participe en la tarea rehabilitadora de los internos.
Cuando usted aterrizó en Villena la prisión no estaba atravesando su mejor momento con un conflicto que tenía soliviantados a dirección, funcionarios e internos y que acabó en el juzgado, donde se encuentra.
Vine en un momento necesario para la institución. Hacía falta un cambio y evidentemente que lo ha habido porque mi estilo es completamente diferente al del anterior director (Feliciano Crelgo). Aunque esto varía y quien es bueno hoy, mañana deja de serlo. Por eso no estoy a merced de lo que opinen de mí los demás. Sé lo que tengo que hacer y lo hago con unos principios claros y por coherencia. Mi papel es representar a la Administración Penitenciaria y mi quehacer tiene que ir siempre en pro del interés público.
Lo que es evidente es que se ha pasado de hablar en los medios de esta prisión en relación a ese conflicto a hacerlo, como ocurrió hace unas semanas, de reinserción y de reclusos que estudian carreras.
La formación, las herramientas, el apostar por la reinserción, por la apertura a la sociedad… eso ha estado siempre. Lo que pasa es que cada equipo tiene una forma de dirigir. Hay quienes son más tipo líder participativo democrático, como es mi caso. Y otros que tenían un estilo más directivo, más autoritario. Son liderazgos diferentes, ninguno mejor ni peor.
Ya, pero aquella tensión existió.
Sí que había un clima de cierta tensión en el centro, como puede haberlo en cualquier empresa por unas determinadas circunstancias. Pero la plantilla era buena antes y sigue siendo buena ahora. La prisión de Villena cuenta con un equipo de profesionales con muchísimo potencial de los que estoy súper contenta de formar equipo con ellos.
Aún así, ¿cree que podría repetirse una situación como la que se generó con una subdirectora denunciando una supuesta agresión por parte de sus propios compañeros?
No lo veo factible. Ahí se mezclaron otras variables que ahora no están. La plantilla tiene como interlocutores con la Administración a los sindicatos y se había llegado a un punto de tensión entre ambas partes que generó que no se pudieran sentar a la mesa, hablar y entre todos buscar la solución al problema que hubiera. Fueron unas circunstancias muy excepcionales, muy peculiares, y creo que es difícil que se vuelvan a repetir.
¿Queda alguno de los protagonistas de aquella historia en el centro?
La protagonista fue la subdirectora, que no está. Pero eso se encuentra judicializado y hasta que no haya una sentencia que realmente declare unos hechos probados, todo es adelantar algo que no sabemos.
El reto del el último tramo de la condena
Volvamos a la reinserción. Un 35 % de los internos de esta prisión se está formando en diferentes niveles educativos ¿Qué se puede hacer para potenciar la rehabilitacion de los reclusos?
Dentro se trabaja bastante bien, aunque hay centros que tienen menos recursos humanos que otros. Pero donde considero que sigue habiendo un gran reto es en el último tramo del cumplimiento de la condena, en el régimen abierto, cuando el interno progresa a tercer grado. Hasta ese momento se está muy tutorizado, muy acompañado, se le han ofrecido muchas posibilidades de formación, de trabajo, de ayuda personal… pero cuando empieza a salir, esos apoyos van cayendo. Por eso el desafío ahí.
¿Cómo se puede afrontar ese reto?
Se deberían destinar más recursos humanos a esa parte del itinerario penitenciario, que es cuando el recluso más apoyo necesita. Porque en la calle está solo. Y si no lo está, la familia o el entorno no saben el trabajo que ha hecho dentro. Por eso es preciso reforzar esa parte.
Usted es la primera mujer en dirigir un centro penitenciario en la provincia, ¿en qué cree que influye a la hora de tomar las riendas de una prisión?
El ser mujer no influye. Aquí lo que se valora es la capacidad, la profesionalidad, la motivación… Las mujeres no tenemos ninguna desventaja respecto a los compañeros varones a la hora de acceder a un puesto directivo. Las dificultades que podamos tener son las personales de cada uno, sea hombre o mujer. En eso hemos avanzado muchísimo y a mí me ha tocado la etapa buena, la de los avances. De hecho, de los 84 centros penitenciarios del país, 34 están dirigidos por mujeres.
Se deberían destinar más recursos humanos a esa parte del itinerario penitenciario, que es cuando el recluso más apoyo necesita. Porque en la calle está solo. Y si no lo está, la familia o el entorno no saben el trabajo que ha hecho dentro. Por eso es preciso reforzar esa parte.
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