Abuso de la prisión preventiva.
Esta lucentina, de 27 años de edad, ha rehecho su vida tras pasar por la cárcel y por la droga, y ha escrito un libro para ayudar a otras personas
LA OPINIÓN DE MURCIA. (PILAR COBO). FOTOGRAFÍA: I.A. . Cuando empecé a consumir, base, le robaba a mi madre…». «¿Qué es la base?», pregunta esta periodista, «la base es lo puro que se le saca a la cocaína, eso se fuma. Entré en la cárcel y me quité de todo, porque eso arruinó mi vida», asegura Laura Cantero, una joven de Lucena (Córdoba), de 27 años de edad, que ha rehecho su vida después de pasar un año en prisión.
A la luz de los hechos denunciados por una presunta víctima, el Ministerio Fiscal solicitó para ella seis años de privación de libertad. Ingresó en el centro penitenciario de Alcolea en marzo de 2024, de forma preventiva, y lo abandonó un año más tarde, el mismo día del juicio. Le atribuían, a Laura y a un amigo de entonces, la supuesta comisión de un robo con violencia y unas lesiones sobre una mujer que sufrió una herida en la cabeza y cuya riñonera desapareció, presuntamente, en un «fumadero» de Lucena.
La Audiencia provincial de Córdoba señala, en su sentencia absolutoria, que «ambos acusados se hallaban en situación de prisión provisional, hasta que, al finalizar el juicio, solicitó el fiscal el levantamiento de la medida cautelar«. Esta joven recuerda que «después de un año en prisión, cuando llegó el juicio, dijo que yo no había sido«.
Doce meses antes, la supuesta víctima había denunciado a Laura, afirmando que la había golpeado con una barra de hierro en la cabeza y que, junto al otro acusado, le habían robado. Laura apunta que el enfrentamiento no pasó de unos empujones. Detrás de la denuncia, opina, podrían hallarse los celos o el interés económico. «La achuché, con la mala suerte de que cayó para atrás».
«Eres un excluido social»
La prisión preventiva, sin embargo, ha tenido consecuencias importantes para Laura. «Eres un excluido social y nadie quiere nada contigo. Es increíblemente horrible», asegura. Recuerda que al llegar a la cárcel estaba «súper asustada. Yo pesaba 40 kilos, tenía 25 años, y allí había 70 mujeres mirándome. Tienes que hacerte respetar».También comenta que, en la cárcel, «si no tienes dinero, no vives, porque una botella de agua te vale dinero. Y no ves a tu familia en toda la semana. Los ves los domingos, a través de un cristal, 40 minutos. Se te parte el alma». Durante su estancia allí, reanudó sus estudios de la ESO, practicó deporte e hizo costura y mandalas.
«Salí y es como si tuviese el alma curada»
«Cuando me dijeron estás suelta, yo lloraba como un niño chiquito. Vi las puertas, que tienes que pasar ocho o nueve, salí y es como si tuviese el alma curada. La libertad es lo más bonito que puede tener una persona», afirma. Ahora, recibe apoyo psicológico y busca trabajo. De momento, es empleada doméstica………..
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