La crisis de Ceuta amenaza con desbordar prisiones ya saturadas: Algeciras, Sevilla II y Archidona, al límite

ANDALUCIA

Las prisiones a las que llegan los detenidos en Ceuta superan con creces la capacidad de reos que pueden acoger. Los sindicatos piden ampliar la cárcel en la ciudad autónoma y no agravar la situación de los centros andaluces

VOZPOPULI (Pedro González Malia). FOTOGRAFÍA: IA.- El Gobierno asegura que más del 90% de las personas que cruzaron la frontera entre España y Marruecos entre el 30 y 31 de julio «ya han regresado». No obstante, no son capaces de determinar cuántos de los «más de 70.000 inmigrantes irregulares» permanecen en Ceuta, ocupando playas, calles y campamentos provisionales que alteran la vida de los ceutíes. Entre tanto, esa inestabilidad social se traduce en momentos de verdadera tensión y enfrentamientos que ya dejan numerosos detenidos desde el inicio de esta crisis, a quienes le depara la deportación o el traslado a una prisión.

Estos traslados tienen como principal destino las cárceles andaluzas, que operan muy por encima de sus capacidades. Botafuegos, Sevilla II, Archidona y Albolote son algunas de las prisiones que han advertido en los últimos días el peligro que conlleva para las instalaciones aumentar la saturación que ya sufren.

El centro penitenciario de Algeciras, conocido popularmente como Botafuegos, está diseñado por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias para no superar los 1.000 internos. No obstante, lleva más de un año instalado por encima de esa cifra. Según José Luis Alcaraz, del sindicato de prisiones ACAIP, explica que a finales de julio ya superaban los 1.250 y actualmente, los 1.294. Según el sindicato, la ocupación ideal debería situarse entre 700 y 800 internos, muy lejos de los cerca de 1.300 actuales. El representante recuerda que la normativa penitenciaria parte de un principio básico que, según explica, apenas se respeta: «un preso, una celda». Las excepciones deberían limitarse a casos concretos, como el riesgo de suicidio, pero en la práctica compartir celda se ha convertido en la norma antes que en la excepción, con un máximo de dos reos por habitáculo.

A la presión de la población reclusa se suma un problema de plantilla. El centro cuenta con funcionarios, veinte menos de los necesarios, a los que se añade otro déficit similar por una relación de puestos de trabajo sin actualizar. Cuando falta personal en un área, se recurre a profesionales de otras secciones, multiplicando la sobrecarga general.

 

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