La cárcel estrena inhibidores de drones para evitar que se usen para colar droga o armas

Control.

Este sistema se suma a las radiografías que se hacen a los internos y al trabajo de la unidad canina en los accesos

EL IDELA. GRANADA. (SANDRA MARTINEZ). FOTOGRAFÍA:IA. El vuelo de un dron, al caer la noche, es prácticamente imperceptible por las cámaras de seguridad de la cárcel de Albolote. Su pequeño tamaño, similar al de un móvil, dificulta aún más la tarea. Lo único que advierte su presencia es la vibración del aire mientras se dirigen a las ventanas de las celdas, donde depositan la droga y los reclusos la recogen con un cepillo. Los funcionarios de la prisión denunciaron días atrás un repunte de introducción de sustancias tras registrar dos casos en los que intentaron colar los estupefacientes en las costuras de la ropa. Alertaron también del peligro que supone el uso de los drones para colar sustancias o incluso armas. Eso les hace estar aún más expuestos.

Sensores

Para revertir esta situación, la prisión ha puesto en marcha la semana pasada un nuevo sistema de inhibición de drones, una tecnología de defensa aérea (C-UAS) diseñada para neutralizar vehículos aéreos no tripulados y que no están autorizados. Su objetivo principal es evitar el contrabando de drogas, pero también de teléfonos móviles o armas. El actual director del Centro Penitenciario de Albolote, Miguel Ángel de la Cruz Márquez, admite que la droga allí dentro existe, al igual que ocurre en el resto de la sociedad, pero que es escasa.

El sonido del dron, el temblor al volar, es lo que permite alcanzarlo. El inhibidor se encarga de rastrearlo a través de los sensores de radiofrecuencia y cámaras térmicas para identificarlo a kilómetros de distancia. Bloquean las señales de control y el posicionamiento GPS que el piloto utiliza para dirigir el aparato. «Esperamos que la inclusión de esta nueva tecnología dé muy buenos resultados», declara el director de la prisión.

Se trata de una medida preventiva que busca frenar esta fórmula de introducir droga. Un control que deben tener por la propia seguridad de los reclusos y los funcionarios. De la Cruz asegura que en el último año han registrado alrededor de cuatro casos. Este sistema que utilizan desde el exterior pra burlar el aislamiento de los presos es costoso porque implica tener un dron o alquilarlo y la cantidad de sustancia que se puede transportar con esta fórmula no es muy elevada, por el peso que implicaría para el dispositivo.

«En algunos casos, el dron también deja la mercancía en un punto concreto del patio para que el interno la recoja», detalla. Ciudades como Alhaurín de la Torre o Barcelona cuentan ya con este dispositivo con el único objetivo de servir de escudo a las propias prisiones.

La mayoría de los intentos para meter droga en la cárcel se producen directamente a través de los propios reclusos. Las radiografías para detectar la presencia de sustancias en cavidades íntimas o el estómago; la unidad canina compuesta por dos perros y los controles de los funcionarios son otros de los mecanismos con los que tratan de evitar que la droga llegue a la cárcel.

La introducen tanto los internos a su vuelta de permiso como sus familiares durante los vis a vis –encuentros íntimos– o en los paquetes que les envían. Recientemente, los trabajadores encontraron tres bolsas de dos centímetros en la bragueta de unos pantalones que les intentaban hacer llegar. Esta parte de los vaqueros tiene la costura más gruesa, lo que hace que la mercancía sea más difícil de percibir al tacto.

En cartas

«La droga se intercepta con frecuencia, podemos decir que casi todos los días», admite Miguel Ángel de la Cruz. Para evitar las cartas con fentanilo o ketamina, tras detectar algunos casos esta primavera, las abren en presencia de los reclusos…………………..

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