José Antonio Benítez, capellán de prisiones: «Hay centenares de migrantes inocentes en las cárceles canarias»

SOCIEDAD

La mayoría son jóvenes condenados por llevar el timón de una embarcación, un móvil con GPS activado o por distribuir agua o alimentos a sus compañeros de viaje

CADENA SER (Santiago Moreno). FOTOGRAFÍA: IA.- Cientos de presos por pilotar cayucos sin pertenecer a ninguna mafia. Es lo que denuncia José Antonio Benítez, capellán de prisiones, que visita casi a diario a estos migrantes condenados por tráfico de personas. La mayoría están recluidos en la prisión Las Palmas II, en Juan Grande (San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria). En concreto, calcula que son unos 350 de las 2.000 personas recluidas en esa cárcel. Está convencido de casi todos son inocentes y que han acabado entre barrotes. «Estamos hablando de muchísimas personas que están ahora mismo en la cárcel y que posiblemente, en muchos casos, sean pobres pescadores de Senegal que se suben en un cayuco y que, a cambio de viajar gratis, llevan el timón. No tienen nada que ver con la mafia», advierte.

Benítez sostiene que muchos procedimientos se resuelven con reconocimientos poco fiables y asesoramiento jurídico insuficiente. Ser señalado por algún ocupante como patrón de la precaria embarcación basta para ser acusado de un delito de tráfico de personas. En el juicio, las pruebas aportadas son endebles, en su opinión. Usar un móvil con GPS, tocar el timón, repartir comida o agua o achicar agua, puede determinar una sentencia condenatoria de hasta ocho años que suele verse reducida cuando se recomienda por parte de la defensa de oficio llegar a una conformidad de condena sin ofrecer, en muchos caso, la posibilidad de pedir la absolución.

 

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