Hallan ahorcado en El Dueso al confitero de Avilés condenado a 24 años por matar a golpes a su mujer

CANTABRIA

Los funcionarios encontraron ayer muerto en su celda a Julio Pardo Cimiano, que trabajaba de panadero en la prisión cántabra

EL DIARIO MONTAÑÉS (Abel Verano). FOTOGRAFÍA: IA.- Julio Pardo Cimiano, el confitero de La Duquesita de Avilés condenado a 24 años de cárcel por matar a golpes a su esposa con una llave inglesa, amaneció ayer ahorcado en su celda del penal de El Dueso. Cuando los funcionarios de la prisión cántabra realizaron el protocolario recuento de las ocho de la mañana (coincidiendo con el cambio de guardia) hallaron a este recluso en su celda colgado del cuello con un cinturón. Nada pudieron hacer en ese momento por él, puesto que ya no tenía pulso.

Según ha podido saber este periódico, Pardo Cimiano, clasificado como en segundo grado, desempeñaba desde hace tiempo el cargo de panadero en la cárcel, una actividad que conocía bien tras años trabajando en una confitería.

Fuentes del centro penitenciario, que desconocen qué ha podido llevar a este preso a quitarse la vida, señalan que era un recluso bastante «normal», que pasaba «muy desapercibido». Por la mañana, a las 06.45 horas, acudía a su puesto en la panadería y cuando no estaba trabajando casi siempre se encontraba en su celda; «apenas se relacionaba con el resto de reclusos».

Pardo Cimiano fue condenado en marzo de 2018 a 24 años de prisión (pena que ratificó después el TSJ de Asturias) por matar a golpes con una llave inglesa a su esposa, Ascensión Amores Porcel, mientras dormía. La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Oviedo le declaró culpable de asesinato con alevosía y ensañamiento, con agravante de parentesco y desprecio de género, y concluyó que lo que movió a este hombre a poner fin de forma consciente y deliberada a la vida de su esposa fue la posibilidad de que ella decidiese separarse. Además de la pena privativa de libertad la Audiencia le condenó a abonar una indemnización de 420.000 euros a la familia de la víctima (100.000 euros a cada progenitor, 50.000 a dos de sus dos hermanos y 40.000 a los otros tres) a la vez que decretó diez años de libertad vigilada a determinar al menos dos meses antes de la extinción de la pena de prisión.

«La atacó sin mediar palabra, de forma súbita, decidido acabar con su vida y ejerciendo una violencia brutal e indiscriminada con el propósito de matarla», recogió la Sala que, además de realizar una exhaustiva descripción del crimen que en enero de 2016 conmocionó a la sociedad asturiana, narró como en los años anteriores el asesino fue «anulando la capacidad de decisión» de la víctima, de 46 años, hasta el punto de que su vida fue «transformándose paulatinamente, haciéndose más introvertida y menos social».

De hecho, la conclusión a la que llegó la Audiencia es que la víctima «se planteó la posibilidad de separarse. El acusado, temiendo que Ascensión pusiera fin a su matrimonio, no aceptando que ella pudiera tomar esa decisión, decidió acabar con su vida».

 

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