Gemma Ubasart: «Las cárceles son y han sido siempre sitios de reclusión de la pobreza»

Cárceles hechas por pobres para pobres

El aumento de los discursos securitarios, el sistema penal como vía para cubrir el deterioro del Estado del bienestar o la posibilidad de construir nuevas formas de justicia más comunitarias son algunos de los temas que aborda Ubasart en Contra el Castigo

PÚBLICO. (SEI MOLINA BLANES) FOTOGRAFÍA: IA.-¿Puede el castigo resolver conflictos de origen social? ¿Es la cárcel una institución que reduce y previene el daño? Estas son algunas de las preguntas que nos plantea Gemma Ubasart en su ensayo Contra el Castigo, publicado por Bellaterra Edicions. En un momento de expansión neoliberal y desmantelamiento de los derechos que sostienen el Estado del bienestar, los discursos sobre seguridad, control y castigo renuevan su fuerza.

​Además, si miramos cuáles son los principales delitos que han llevado a la cárcel a la población penitenciaria, vemos que solo una pequeña parte cumple pena por delitos graves. Las personas encarceladas por homicidios y tentativas, violaciones y robos con fuerza no llegan a un 20% de los penados. La mayor parte están en prisión por delitos contra la propiedad o contra la salud pública. Y, en este sentido, yo creo que es una evidencia que las cárceles son y han sido siempre sitios de reclusión de la pobreza, la exclusión y la enfermedad mental.

Esa dimensión social que debe acompañar a la deflación punitiva me ha recordado al título de uno de los capítulos de su libro: «Más Estado social y menos Estado penal».

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