El suicidio en las cárceles: la tragedia silenciosa

Salud y privación de libertad

Familias, expertos en salud mental y asociaciones claman por la transparencia y la revisión de protocolos. “No hay motivos para vivir para la gente que está privada de libertad”, denuncia el entorno familiar.

EL PERIÓDICO (Marc Darriba). FOTOGRAFÍA: . El suicidio en les prisiones catalanas es una problemática tan preocupante como invisibilizada. El pasado 19 de septiembre, otro preso murió por suicidio en el centro penitenciario de Lledoners, elevando a diez las muertes por suicidio de este año. A medida que estas muertes se acumulan, las familias afectadas, los expertos en salud mental y las asociaciones claman por una revisión profunda de los protocolos penitenciarios y una mayor transparencia por parte de las instituciones.

Una crisis creciente e invisibilizada

En 2022 se registraron catorce suicidios en las cárceles catalanas, una tasa que supera la media europea, con 14,3 casos por cada 10 mil internos, según el informe SPACE I 2022 del Consejo de Europa. En 2023, la cifra disminuyó a seis, pero en 2024 vuelve a aumentar. A pesar de esta realidad, la respuesta institucional a menudo es lenta e insuficiente, según las entidades de familiares.

Las familias, como denuncia Gracia Amo, presidenta de la asociación Familias de Presxs en Cataluña, viven «un calvario de incertidumbre y dolor». Cuando pierden a un ser querido en prisión, a menudo ni siquiera reciben la información por parte de las autoridades penitenciarias, sino a través de otros internos o familiares de estos. Este hermetismo institucional, según su denuncia, no solo intensifica el dolor, sino que incurre en el incumplimiento de protocolos. El protocolo de Minnesota establece que la autopsia de una persona que ha muerto en un centro penitenciario debe hacerse con un forense enviado por la familia de la persona fallecida, pero Amo explica que “en la muerte de mi hijo me avisaron cuando su cuerpo ya estaba en la ciudad de la justicia y la autopsia ya estaba hecha sin que yo autorizara nada”. Todo esto crea una barrera entre las familias y la verdad. “Siempre piensas que, si hubiera estado contigo, podrías haber hecho algo”, lamenta Amo, quien denuncia la falta de información y la ausencia de apoyo emocional por parte de las instituciones.

Factores de riesgo: un entorno adverso

Las prisiones catalanas, que albergan a unas 8.500 personas, son espacios de alto riesgo en lo que respecta a la salud mental. El estudio La salud mental en el sistema penitenciario catalán, publicado por Justícia i Pau en 2022, establece que un 64% de los internos padecen problemas de salud mental, más del doble que la población general. Estas cifras reflejan un sistema que, en lugar de proporcionar apoyo y asistencia a las personas más vulnerables, las expone a condiciones que pueden empeorar su estado. “La soledad es tremenda y el aislamiento no ayuda”, explica Charo Díez, presidenta de  AFATRAC (Asociación de Familias de Afectados por Trastornos de Conducta). En las prisiones, la falta de apoyo psicológico y la escasez de personal formado para tratar problemas mentales agravan la situación, según denuncia Díez

Motivos para vivir

¿Y a quién acudir en situaciones así? Díez explica que la rotación frecuente de los responsables políticos y la precariedad de los recursos destinados a la salud mental en las prisiones dejan poco espacio para la rehabilitación o la reinserción. Los internos a menudo viven bajo estricta vigilancia e incluso en aislamiento, dentro de los Departamentos Especiales de Régimen Cerrado (DERT), un entorno que no promueve la recuperación. “No hay motivos para vivir para la gente que está privada de libertad”, añade Amo, quien denuncia que la prisión “no está diseñada para acoger el amor y la ayuda”. Esta realidad se refleja en la falta de iniciativas que fomenten el bienestar emocional de los presos, como la falta de abrazos o expresiones de afecto que muchos no han sentido en años. “Es necesario que las cárceles abran las puertas, pero no para que los presos salgan, sino para que entre el amor”, dice Amo, ya que, según Díez, “parece que el objetivo del sistema penitenciario actual sea apartar de la sociedad a personas que pueden ser peligrosas, pero sin saber por qué lo son y sin ninguna intención de que dejen de serlo”.

Escepticismo ante los «planes de choque»

En respuesta a la crisis, la Generalitat se ha comprometido a revisar los protocolos de prevención del suicidio en las próximas dos semanas, prometiendo un plan de choque que haga énfasis en la prevención. Los objetivos incluyen mejorar la conectividad de la información entre los profesionales de salud y los funcionarios de las prisiones, así como un seguimiento cuidadoso de los internos con riesgo. Sin embargo, tanto las asociaciones como los expertos se muestran escépticos ante esta promesa.

La realidad no se corresponde con lo que se escribe en el papel”, afirma Díez, quien critica que las políticas se toman en momentos de crisis sin una planificación a largo plazo. Su preocupación se centra en la falta de participación de todos los actores implicados, incluidos los presos, en la elaboración de políticas preventivas. AFATRAC, como otras entidades, considera que la falta de recursos, la formación insuficiente del personal y las condiciones precarias dentro de las unidades de hospitalización o UHPP hacen que sea imposible realizar un seguimiento adecuado de los internos con problemas de salud mental y aplicar medidas de prevención real.

Una muerte solitaria y evitable

Los suicidios en las prisiones tienen un impacto emocional devastador no solo para los internos, sino también para sus familias y el personal penitenciario. La mayoría de las muertes podrían evitarse si hubiera un apoyo emocional y psicológico adecuado. Mariona Montserrat, una periodista que realizó su trabajo de fin de grado creando un video para prevenir el suicidio en las prisiones, destaca la importancia de crear espacios donde los internos puedan expresar sus emociones y encontrar apoyo. Su video, exhibido en el centro penitenciario Quatre Camins, incluye testimonios de internos y personas supervivientes de suicidio, y ya se utiliza como herramienta preventiva.

El suicidio en las prisiones es una tragedia silenciosa, según claman las familias de los fallecidos. El sistema penitenciario se enfrenta al reto de responder a una situación que muchos describen como crítica. Las familias, las entidades y los expertos resumen su exigencia en una cuestión básica: que los internos no se encuentren abandonados emocionalmente, atrapados en una soledad que, advierten las asociaciones, llega a ser mortal.

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