El infierno de los 16 castellanos y leoneses presos en el extranjero

Cumplimiento de penas en el extranjero.

Las personas cumplen condena en cárceles de Perú, Marruecos o Colombia por delitos de tráfico de drogas, hurto o estafa «Una mujer está a punto de dar a luz y le hemos comprado una cuna», asegura la Fundación +34

DIARIO DE CASTILLA Y LEÓN.(ANDREA VILLARES) FOTOGRAFÍA: PIXABAY. En cárceles de Perú, Marruecos, Colombia, Francia o Bélgica dieciséis castellanos y leoneses viven una realidad tan invisible como brutal: sobreviven entre barrotes extranjeros, acusados de delitos de narcotráfico, mientras esperan —algunos sin juicio, otros ya condenados— una oportunidad para volver a casa. Lejos de su tierra, sin visitas y con condiciones que van desde la dureza extrema hasta el surrealismo burocrático, dependen de la labor silenciosa pero vital de la Fundación +34, que pelea caso a caso por su retorno a España. Son historias distintas con un denominador común: el precio de cruzar una línea peligrosa en el lugar equivocado.

Javier Casado Martín, director de la Fundación +34 y natural de Valladolid, conoce a fondo cada expediente. En una conversación con este periódico, traza un mapa preciso de cinco personas de Valladolid que se encuentran en prisiones en el extranjero: «Si no me equivoco, están en Lyon, París, Bruselas, Lima y Tánger. Todos por tráfico de drogas. Mulas, básicamente». Estos cinco vecinos forman parte de los aproximadamente 1.300 españoles encarcelados en el extranjero. «De Castilla y León hay ahora mismo dieciséis. Algunos por estafa o hurto, pero estos cinco, todos por drogas», precisa.

Estos dieciséis ciudadanos se encuentran principalmente en prisiones de América: en la cárcel de Devoto (Argentina), hay una persona. Otra se encuentra en la cárcel de Palmasola (Bolivia). En Brasil, un castellano y leonés cumple condena en la prisión de Itaí, mientras que en Colombia, dos personas se encuentran en los centros penitenciarios de Modelo y de La Picota. Asimismo, en Ecuador, una persona cumple condena en la cárcel de Guayas Hombres, mientras que en Perú, tres personas cumplen penas de prisión en los centros de Sarita Colonia y Ancón II. Por otra parte, en Europa, tres personas, de Valladolid, se encuentran en los centros de Lyon, Paris y Bruselas. En África, las prisiones de Tetuán, Tánger y Asilah albergan a cuatro castellanos y leoneses.

La situación más crítica es la del joven preso en Lima, recluido en el penal de Sarita Colonia, en el Callao. Fue detenido con más de diez kilos de cocaína y está en prisión preventiva desde hace más de dos años, acusado de formar parte de una organización criminal. «Está en la peor situación posible: no sabe ni de qué se le acusa exactamente. Y eso en Perú puede durar hasta tres años. En España serían dos, pero allí… tres años sin saber nada te vuelven loco», afirma Casado. Según explica, una condena por tráfico con esa cantidad ronda los seis años y ocho meses. Pero el proceso para ser trasladado es largo y burocrático. «Tiene que pedirlo el preso, tiene que querer Perú, tiene que querer España y luego hay que ir a por él», resume.

El segundo caso más delicado es el del preso en Tánger, Marruecos (Prisión local de Tánger 2), acusado de intentar adquirir hachís para revenderlo en España. Fue detenido a finales del año pasado y, según Casado, aún no tiene condena firme, ya que el sistema marroquí contempla siempre dos juicios, incluso aunque el reo no recurra. «En Marruecos, si no puedes pagar la multa económica añadida, se amplía la condena. Cada país tiene sus reglas, y ahí está la complicación», explica. Aunque ya se celebró el primer juicio y se prevén seis años de pena, hasta que no se dicte sentencia firme no se pueden iniciar los trámites para su traslado.

Los otros tres vallisoletanos se encuentran repartidos por Lyon (Prisión de Lyon-Corbas), París (Centro Penitenciario de Fresnes) y Bruselas (Prisión de Saint Gilles). Casado los identifica como casos tipo de «lanzaderas»: transportistas que trasladan hachís desde el sur de España hacia el resto de Europa. «Son coches particulares cargados con material que recogen en el Campo de Gibraltar. A veces ni saben a dónde van hasta que se lo dicen por teléfono. Alemania, Italia, Francia…», describe. A diferencia de los presos en Latinoamérica o África, los trámites con la Unión Europea son mucho más fluidos gracias al acuerdo marco de 2008 para el reconocimiento mutuo de sentencias. «Cuando hay condena firme, ya no hace falta que el Estado lo tramite, se puede hacer directamente desde el juzgado penal de Valladolid», apunta.

Sin embargo, eso no siempre significa que el traslado sea lo más beneficioso para el preso. «En Francia, si eres extranjero y te condenan a menos de cuatro años, puedes salir a la mitad de la condena y te expulsan del país. Eso a veces es mejor que esperar a que te trasladen y pedir el tercer grado aquí», explica Casado. Un ejemplo curioso: «Un español preso en Finlandia me llamó. Tenía celda individual, wifi, portátil y cobraba 700 euros al mes trabajando. Le dije que cumpliera allí. Al salir, le pagaban el vuelo y se llevaba 25.000 euros ahorrados. No todo es tan blanco o negro».

La Fundación +34 actúa en tres frentes: atención directa a los reclusos (alimentos, medicinas, ropa), asesoría jurídica para facilitar los traslados, y apoyo psicológico y logístico a las familias. «Nosotros hacemos el trabajo sucio: entrar en las cárceles, ver cómo están, atenderles si están enfermos, y hablar con las familias, que a menudo están en estado de shock», dice. Para Casado, el objetivo no es librarles del castigo, sino garantizar que la condena no se convierta en una pena de muerte: «Han cometido un delito y tienen que pagar por ello, pero no queremos que lo paguen con la vida».

La Fundación nació tras la detención de un amigo en Australia en 2011. Desde entonces, el trabajo de Casado ha crecido en alcance e impacto. «Empezamos ayudando a amigos, luego se unieron instituciones. La Junta de Castilla y León fue la primera en apoyarnos. A día de hoy, somos los únicos que estamos dentro de las cárceles», destaca. Además, la fundación impulsó el programa televisivo Encarcelados, que mostró a millones de espectadores la realidad de las prisiones en Latinoamérica….

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