Encarnan una paradoja, pierden la libertad, pero ganan voz. Algunos la usan para cambiar su rumbo, otros la explotan para entretener, provocar o lucrarse
ABC: ALEXIA COLUMBA JEREZ FOTOGRAFÍA: PIXABAY
Por insólito que parezca, las cárceles se están convirtiendo en estudios de grabación, sets de cocina, gimnasios improvisados y hasta centros de negocios digitales. En los rincones menos pensados del sistema penitenciario —desde una celda en Buenos Aires hasta un penal británico o una prisión federal de EE.UU.— ha emergido una figura inesperada: el ‘influencer’ carcelario. Privados de su libertad, pero no de conexión ni creatividad, muchos reclusos han encontrado en las redes sociales un escenario donde construir fama, compartir contenido motivacional e incluso generar ingresos.
¿Quién vigila a estos nuevos protagonistas digitales? No en vano, Gustavo Fondevila, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor del libro ‘Prisons and Crime in Latin America’, explicaba a ABC que «Hay un estado paralelo dentro de las prisiones» y este es uno de sus mundos. A la pregunta de por qué estos presos con su contenido carcelario tienen tanto éxito, Fondevila responde: «Porque son salvajemente auténticos».
Pero la autenticidad no siempre llega sola. Ese mismo entorno digital sirve, en algunos casos, como cobertura para actividades delictivas. Fondevila señala: «Puedes entrar en YouTube y hay videos donde dos o tres tipos, por ejemplo en México, le van a cobrar su renta a una persona que tiene que generarles ingresos. Lo torturan, lo queman o lo golpean y le dicen: tienes que hacer llamadas de extorsión porque tiene que ser rentable». Según el investigador, «no es casualidad que, entre las 12 y 14 millones de llamadas extorsivas al año que se hacen en este país, el 90% salgan de las cárceles».
De este modo, se configura un auténtico mercado paralelo a un sistema penitenciario, que muchas veces no puede ni garantizar lo básico. No era mera exageración cuando Fondevila afirmaba que algunas cárceles pueden funcionar como «auténticos microestados con más poder que el propio Gobierno de un país».
En tiempos donde la atención es una moneda valiosa, los ‘influencers’ carcelarios encarnan una paradoja: pierden la libertad, pero ganan voz. Algunos la usan para reformarse y advertir a otros; otros, para entretener, provocar o lucrarse.
Como escribió ‘The New York Times’, estos videos «logran algo silenciosamente perturbador: convierten la prisión en un lugar donde podrías imaginarte, o imaginar a alguien a quien quieres, teniendo la mala suerte de terminar allí». Entre la fascinación y el rechazo, la vida tras las rejas hoy también se mide en ‘likes’. Los ‘influencers’ carcelarios son un síntoma de una sociedad donde la visibilidad digital se convierte en poder, incluso tras las rejas. Pueden ser agentes de cambio o de distorsión.
Fama desde el encierro
En TikTok, YouTube e Instagram proliferan videos de presos que documentan su día a día, enseñan a cocinar con lo disponible en prisión, hacen bromas virales o reflexionan sobre su pasado delictivo. Desde recetas con ramen hasta consejos de supervivencia en el pabellón, el contenido combina autenticidad, entretenimiento y hasta cursos improvisados sobre vocabulario carcelario.
En la provincia de Buenos Aires, los presos utilizan móviles de contrabando para transmitir en vivo desde sus celdas. A pesar de las restricciones impuestas por el gobierno nacional y el anuncio del vocero presidencial Manuel Adorni —quien advirtió que «los delincuentes detenidos no podrán ser beneficiarios de planes sociales»— la actividad digital continúa. «Graban, editan y suben videos que generan revuelo social, desde simples rutinas diarias hasta provocadoras transmisiones en vivo», informó A24.
El fenómeno no es nuevo. En Estados Unidos, podemos encontrar que esta actividad se produce dentro y fuera de las prisiones. El exconvicto Joe Guerrero fundó ‘After Prison Show’, canal que llegó a superar el millón de suscriptores. Según contó a ‘The Washington Post’, sus videos generan «un ingreso de seis cifras» gracias a monetización y patrocinios. «Hasta ahora, mi vida había sido un fracaso constante. Me dije que si esta vez iba a fracasar o triunfar, quería mostrarle a la gente cómo es», declaró Guerrero.
