EL PERIÓDICO.FOTOGRAFÍA: ALBERT BERTRAN. El asesinato de una cocinera en la cárcel de Mas d’Enric por parte de un preso que después se suicidó, generó una oleada de protestas de los funcionarios de prisiones, que bloquearon durante días varias cárceles. Eso ya pasó, pero de las consecuencias para la salud de los internos se ha hablado menos. Familiares y entidades denuncian que este tipo de bloqueos afectan directamente a la salud mental de un colectivo que ya sufre problemas mentales siete veces por encima de la media de la población.
Aidà Almirall, mediador penitenciario en el centro penitenciario de Quatre Camins, no pudo hacer su trabajo durante esos días de bloqueo y piquetes y recibió información del interior sobre cómo estaba afectando a los presos: «Los que podían entrar iban notando una tensión creciente, una situación removida como esta es caldo de cultivo para los internos que ya tienen ganas de conflicto; y yo sufría por los que están en una buena trayectoria y a los que una situación de estas les puede hacer dar un cambio porque piensan ‘qué culpa tengo yo de esto'».
Parar la recuperación
Las entidades sociales emitieron un comunicado reclamando que la protesta de los funcionarios no se hiciera a cuesta de los derechos fundamentales básicos. Núria Iturbe, psicóloga y coordinadora de la comisión de ámbito penitenciario y ejecución penal de ECAS, describe muy claramente qué supone perder capacidad de hacer actividades y salidas, en la cárcel: «Cuando por la covid o por la reciente huelga se paran las rutinas, eliminamos factores de protección y se intensifican los factores estresantes. No es que empeore la salud mental de las personas que la tienen algún trastorno, o provocar que se generen otros, sino que algunas personas que están haciendo un proceso favorable, este se queda parado. No solo causamos problemas nuevos sino que eliminamos factores que permitían una evolución positiva».
El tiempo se mide distinto
¿Qué consecuencias tiene todo ello? Iturbe habla, entre otras cuestiones, de la irritabilidad. «Puede suceder que se tienda al aislamiento, o que tengan más dificultad para gestionar la relación con los demás porque la ansiedad nos hace estar más alerta y más nerviosos.
Y para quien considere que las protestas y el bloqueo duraron pocos días y no hay para tanto, esta psicóloga especializada en cárceles recuerda que «en la cárcel el tiempo se vive de otro modo, la experiencia de la covid fue reveladora. En tu domicilio podías tener ciertas autonomía pese a no poder salir, pero en una cárcel esto no existe. Además existe la incertidumbre de cuanto durará el bloqueo».
Llueve sobre mojado
Hablar de salud mental en las cárceles es hablar de una asignatura pendiente. Que los presos estuvieran sin poder salir o tener actividades no hizo más que llover sobre mojado. Las entidades y los familiares denuncian una insuficiencia crónica. De entrada, porque muchos casos no se diagnostican. Y los que sí se detectan, no se tratan adecuadamente. Existen, según los familiares, visitas de psicólogos… cada seis meses. Y unidades psiquiátricas cerradas. «En octubre se aumentó la plantilla en 119 personas, pero de estos, solo 19 eran psicólogos, para nueve cárceles, cuando en los centros hay centenares de personas», se queja la portavoz de las familias.
Iturbe recuerda a quien crea que los presos no han de ser tratados del mismo modo, que estamos ante unos centros cuya función es la reinserción social, por lo cual los servicios que se ofrecen en las cárceles buscan estos objetivos y evitan el castigo por el castigo. Y que la salud mental es uno de los derechos a atender. «Hay una proporción siete veces superior de casos en relación con la población general, es un dato a tener en cuenta, con lo cual hay una concentración de presos con esta problemática, muchas veces acompañada de consumo de drogas, con lo cual estamos ante una patología dual, y si añadimos que para las personas con problemas de salud mental el aislamiento es un factor estresante, como la separación de la familia, la falta de privacidad y la sensación de alerta constante», describe Iturbe.
Respuesta al «que se jodan»
Sí, familiares y oenegés saben que la percepción social respecto a los presos es algo así como «que se jodan, tienen piscina y todo». Responden con una doble reflexión: primera, que los derechos humanos no son troceables, porque la cárcel es privación de libertad, no privación del resto de derechos. Y segunda, en boca de Gracia Amo: «Encerraros en la cárcel 15 días, veréis como gozaréis de la piscina, el yoga y todo… La cárcel es muy dura, quien habla despectivamente demuestra una falta de sensibilidad muy grande porque en la cárcel existen personas muy hermosas. Mi hijo murió allí, como la cocinera de Mas d’Enric, y todas las vidas valen igual».
