“Los presos de Ezkaba se vieron abocados a escapar de unas condiciones insufribles”

Fermín Ezkieta Yaben Autor de ‘Los fugados del Fuerte de Ezkaba’

Su libro sobre el “infame” penal del monte Ezkaba llega a su sexta edición con nuevos contenidos que documentan ocho intentos de fuga

DIARIO DE NOTICIAS DE NAVARRA (Jesús Barcos). FOTOGRAFÍA: IA.- Fermín Ezkieta (Pamplona, 1956) aborda la sexta edición renovada y ampliada sobre los fugados de Ezkaba, un libro de Pamiela, de una historia silenciada durante mucho tiempo que a él le atrapó con una primera edición en 2013 y que ha enriquecido con su labor investigadora.

Según las estadísticas que ha podido compilar, fueron ocho intentos de fuga con 248 muertos, otros 191 fusilados o con desaparición forzada y 308 fallecidos por enfermedad. En la fuga principal hubo 795 fugados documentados.

PREGUNTA: Sexta edición de su libro. ¿Que le cautivó de la historia del penal?

RESPUESTA: —Muchas veces me han preguntado si yo tenía familiares presos. No los tuve.

P: ¿Entonces?

R: —Mi interés proviene de ser senderista y preguntarme si esta gente hubiese tenido un par de mugalaris esperándoles cuáles hubieran sido sus rutas hacia la frontera. Y fui hablando pueblo a pueblo, en cada localidad había testimonios para contar.

P: ¿Y después, qué hizo?

R:—Pasé a los archivos, sobre todo militares, muy repartidos. En Londres, en Francia, en Ferrol, en Barcelona, Ávila o Segovia.

P: La fuga más importante, la del 22 de mayo del 38, tuvo eco internacional.

R: —Al fin y al cabo fue la mayor fuga carcelaria de la historia de Europa, y tuvo repercusión. Hubo tres reseñas en The New York Times en ese mes. Pero también en The Guardian, The Times, en periódicos franceses…

P: ¿Y respecto a las otras intentonas?

R: —Ya en 1936 hubo dos intentos, a finales de julio y en octubre, con la muerte de 28 presos.

P: ¿Qué recuerda de sus primeros paseos por el Fuerte?

R: —Partía de la ignorancia de la existencia de un penal en esa fortaleza.

P: Como tanta gente.

R: —La veías como una instalación militar, pero ajeno a la realidad que hemos ido conociendo, la de un penal muy duro donde en total estuvieron 8.000 presos entre el año 34 y el 45 que cerró, y donde mataron entre enfermedades, sacas y fusilamientos a 750.

P: ¿Cuál fue el número máximo de presos?

R: —De 2.600 en los meses previos a la evasión del 38, un elemento el del hacinamiento que coadyuva a explicar la fuga.

P: ¿En qué condiciones?

R: —La mayoría de esos presos estaban hacinados en galerías en origen dedicadas a guardar alimentos, pero no tenían ni conducciones de agua, ni de saneamiento ni tan siquiera cristales en las ventanas, una situación insufrible, abocados a escapar de la muerte en el penal. No fueron intentonas temerarias o descabelladas, como se ha escrito, sino que escapaban de esas condiciones extremas.

P: Una situación insoportable.

R: —Hasta el día de la gran evasión de mayo habían muerto más presos de los que mueren en la fuga. Estaban muy hacinados, porque en el periodo anterior al golpe militar del 36 en las Cortes se presentó este tema y se dijo que tener a 700 presos ahí era una barbaridad.

P: Y la iglesia bendiciendo el golpe.

R: —Dedico un nuevo apartado a Marcelino Olaechea a ese respecto y al capellán y a diferentes párrocos.

P: Cuéntenos un ejemplo.

R: —El del párroco de Azagra, Santos Beguiristain, que luego crearía el Misterio de Obanos y empezaría las marchas nacionalcatólicas a Javier.

P: ¿Qué pasó?

R: —Este hombre hizo un informe sobre el médico de su pueblo (Francisco Cuesta) y escribió: “El sentir unánime le hace responsable de la gran catástrofe social del pueblo. Si realmente él inyectó el veneno, cien muertes sería pena leve”.

P: Madre mía.

R: —Eso lo escribió el 2 de noviembre de 1936, y el 11 sacaron al médico de la Prisión Provincial donde estaba detenido y fue fusilado. Es decir, hubo una causa efecto directa. Ese informe fue una sentencia de muerte.

P: Situémonos 4 años antes, en 1934.

R: —El fuerte de Ezkaba se había convertido en una penitenciaría tras la insurrección de octubre del 34. A finales de los años veinte había sido una penitenciaría militar, con un centenar de militares presos en esos años.

P: ¿Y tras octubre del 34?

R: —El ministro de Justicia, Rafael Aizpún, habilitó espacios como el Fuerte para meter a los miles de presos que tenían por ahí.

P: ¿Cuántos presos llegaron?

R: —Se habló de que la intención del ministerio eran 1.500, pero no superaron los 700 porque hubo una respuesta social importante.

P: ¿De dónde procedían?

R: —Vinieron 190 asturianos, pero también gente de todos los sitios, lo que muestra la extensión de ese movimiento insurreccional de octubre y noviembre del 34.

P: ¿Qué pasó año y pico después?

R: —En las elecciones de febrero del 36 el Frente Popular prometió que si ganaba liberaría a los miles de presos encerrados desde entonces.

P: Y ganaron.

R: —Y el fuerte se cerró, pero el ministro Portela Valladares, del gobierno saliente, destinó a los presos que llamó ‘incorregibles’ al fuerte; presos comunes, pero muchos de ellos también cenetistas condenados por asalto a bancos, tenencia ilícita de armas… Trajeron a 208 entre junio y el 13 de julio de 1936.

P: A los que les pilló el golpe dentro.

R: —Desde que entraron, con la experiencia que tenían, prepararon fugas. El primer intento fue a finales de julio, y el segundo a finales de octubre.

P: ¿Qué hicieron los militares?

R: —Escarmiento. Este día de difuntos se cumple el 90 aniversario del fusilamiento de 21 de estos presos en Berriozar, exhumados hace un par de años por la Sociedad Aranzadi.

P: Usted es abogado de formación.

R: —Y la historia me apasiona. Para esta edición he visto más de 3.000 expedientes penitenciarios que están ahora en el Archivo General de Navarra, enviados hace año y medio desde Instituciones Penitenciarias.

P: Se fue también a Ferrol.

R: —Al Archivo Militar, que tiene 200 cajas del Gobierno Militar de Navarra de esos años, un tesoro de conocimiento.

P: Aquella espiral aún duele.

R: —Suelo hacer muchos acompañamientos con institutos. La cuestión es que las nuevas generaciones tengan conocimiento de esto, lo que a nosotros nos fue negado. De eso se trataría a la hora de explicar la historia del fuerte, la de los Caídos, las fugas…

P: Llegará un momento que esto será pasado remoto.

R: —La vida en ese penal no es agua pasada, de hace 90 años, sino un recordatorio de actualidad acerca de cómo se trataba a los adversarios políticos.

P: Cuestión clave.

R: —La pregunta más importante sobre este penal es por qué estaba, sobre todo en el 36, cuando se vieron abocados a escapar.

P: ¿Qué se encontraron en los pueblos?

R: —El alma humana. Algunos con riesgo propio favorecieron a los escapados que se encontraron por razones humanitarias. Otros, sin embargo, aleccionados por los cuartelillos y los púlpitos salieron a por los fugados. Alguno incluso levantando las escopetas.

P: ¿Qué queda pendiente para la memoria del fuerte?

R: —No puedo entender la dilación para habilitar una partida presupuestaria y organizar actividades. Nadie se plantea una rehabilitación faraónica de semejante espacio, pero sí habilitar unos recorridos organizados por el Instituto Navarro de Memoria para institutos o grupos sociales interesados.

P: ¿Qué posición tiene sobre el futuro del monumento a los Caídos?

R:—No derramaría una lágrima si se demoliese, pero me decanto por redefinir ese espacio. Berlín ofrece buenos ejemplos para ello.

P: ¿Con qué reto?

R: —Mostrar a las nuevas generaciones que esos viriles guerreros envueltos en cruces y banderas en las pinturas de la cúpula de Los Caídos, fueron unos criminales que mataron en Navarra a miles de civiles desarmados. Me dan confianza quienes informaron sobre este proyecto, su compromiso con la memoria de las víctimas.

 

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