La sanidad penitenciaria debe alcanzar el nivel de la sanidad de la ciudadanía. En este momento no lo está pero se va avanzando en tratamientos y prevención.
Es uno de los ejemplos expuestos por Europa en su nueva guía de recomendaciones
20REDACCIÓN MÉDICA. FOTOGRAFÍA: PIXABAY. El uso compartido de jeringuillas y otros factores de riesgo, como la realización inadecuada de tatuajes o piercing, el uso compartido de cuchillas de afeitar y las relaciones sexuales sin protección, hacen que las prisiones sean un entorno prioritario para las intervenciones específicas de prevención y tratamiento viral de la hepatitis. España sería uno de los modelos asistenciales a seguir, en este sentido, tal y como refleja la nueva guía online europea destinada a erradicar este tipo de infecciones en el entorno penitenciario.
De hecho, la Agencia Europea de Medicamentos (EUDA) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) han elaborado conjuntamente un nuevo kit de recursos en línea de cara a a apoyar los esfuerzos locales para eliminar la hepatitis viral, en línea con el Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas sobre buena salud y bienestar.
Además de incluir orientaciones en materia de salud pública y herramientas prácticas para comprender el contexto, definir y aplicar una estrategia de eliminación, dicha guía proporciona algunos ejemplos de éxito en el manejo de estos escenarios virales, entre los que figuraría el esquema de atención español. Como modelos a seguir también se encuentran Alemania, Francia, Italia y Luxemburgo.
Acceso equitativo a recursos sanitarios
En concreto, el plan de eliminación europeo se estructura en cuatro pasos que llevarían a los distintos estados miembro a conocer los antecedentes de los reclusos antes de pasar al desarrollo de la estrategia y su posterior aplicación y evaluación.
Este nuevo conjunto de herramientas estaría diseñado para apoyar la implementación y la ampliación de las intervenciones contra la hepatitis B y C en las prisiones de toda Europa, así como para reforzar el acceso equitativo y garantizar que las personas que cumplen condena reciban una atención sanitaria similar a la del resto de pacientes del sistema de salud. Y es que, el ámbito penitenciario a menudo se relaciona con un mayor nivel de incidencia de hepatitis entre sus ocupantes, convertidos en «un grupo clave para la prevención y el tratamiento específicos». Además, en Europa, las personas que ingresan en prisión también son más propensas a tener antecedentes de consumo de drogas inyectables, «un factor de riesgo importante para la transmisión del virus de la hepatitis B y C», tal y como advierten desde el ECDC………
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