Miki’, el ‘cocker’ que detectó droga en los genitales de una octogenaria

La mujer intentaba introducir estupefacientes a la cárcel en la que estaba su hijo, pero el animal percibió la cocaína y el hachís que ocultaba

EL PAIS. PATRICIA PEIRÓ. FOTOGRAFÍA: GUARDIA CIVIL. Mº DEL INTERIOR. Los familiares de los presos de la cárcel de Soto del Real (Madrid) estaban esperando este lunes para acceder y ver a sus allegados en el horario establecido. Allí estaba también Miki, un cocker de lustroso pelo marrón al que las apariencias no le engañan, solo se fía de su nariz. Se detuvo en una señora mayor, de 85 años, durante más tiempo de lo habitual, había detectado algo sin lugar a dudas. “¿Lleva usted algo, señora?”, la interrogó el agente de la Guardia Civil. No tardó en confesar que llevaba un pequeño alijo oculto en sus genitales como regalo para su hijo, interno en ese centro penitenciario.

La octogenaria había logrado ocultar dentro de su vagina cuatro gramos de cocaína, 62 gramos de hachís y 11 de lo que se identificó como cocaína rosa, informa el Instituto Armado en un comunicado. Una vez el perro puso su hocico en ella, la señora accedió de forma voluntaria a extraer las sustancias estupefacientes en presencia de una agente, que fue requerida para la operación. No dejó ni que la cachearan, porque sabía que no había escapatoria.

Miki es un perro de siete años especializado en la detección de sustancias estupefacientes, que realiza su trabajo de manera cotidiana en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas, pero ese día, la octogenaria tuvo la mala suerte de que lo habían destinado a Soto del Real. La mujer fue detenida por su presunta implicación en un delito contra la salud pública y pasó a disposición judicial ese mismo día. Su hijo, que cumple condena en la prisión, se quedó sin droga y sin visita.

Aquellos que transportan droga en el interior de su cuerpo son las conocidas como mulas. En esta ocasión la mujer llevaba poca cantidad, pero los hay que pueden llegar a transportar varios kilos en su estómago en vuelos transatlánticos por los que apenas cobran unos miles de euros. Los riesgos de que alguna de estas bolsas de droga se rompan en el interior del cuerpo son letales. Fuentes de la Guardia Civil aseguran que el de la octogenaria no es el tipo de “pases”, como se denomina a introducir estupefacientes en prisión, que suelen ver. También explican que no tienen constancia de que esta señora fuera “una habitual” de este tipo de delitos.

 

 

 

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