María Jesús Irigoyen: “Los presos sufren más la pandemia y aún no pueden abrazar a sus familiares”

ENTREVISTA - CHARLA DE VERANO

A la cabeza de un voluntariado de 40 personas, explica cómo es el día a día en la cárcel y cómo la covid aún incrementa la soledad de los presos, al no tener ‘vis a vis’ y estar aislados al regresar del exterior. Sobre las actividades que impulsan y los prejuicios habla también en estas líneas

DIARIO DE NAVARRA (SONSOLES ECHAVARREN. FOTOGRAFIA: J.A.GOÑI).-La mujer, con un crucifijo al cuello, que sonríe en la foto de arriba, impartía catequesis y acudía a grupos de adultos en su parroquia. Pero un día, el catequista de uno de sus hijos le habló del voluntariado en la cárcel y sintió un ‘click’ en su interior. “Yo nunca había hecho ningún voluntariado y solo me dedicaba a mi formación espiritual. Pero me di cuenta de que tenía que hacer cosas por los demás”. Corría 2013, María Jesús Irigoyen Esteban sumaba 54 años, hacía poco que se había quedado viuda y sus tres hijos ya eran mayores. Así que se apuntó al voluntariado pastoral de la cárcel de Pamplona, que califica como “una auténtica droga”. “Engancha totalmente, estoy metida de lleno y, como siempre ocurre, recibo más de lo que doy”. Ahora, prejubilada de la Administración foral, donde ha sido funcionaria toda su vida como diplomada en Empresariales, aún está más involucrada con esta labor, desde que en 2018 ocupó el cargo de directora delegada. “Entrar a la cárcel me ha cambiado la forma de mirar a la gente. Ya no juzgo a nadie. Ni a los presos ni a los de fuera. Y trato de ponerme en su piel. ¿Cómo habría sido yo si hubiera vivido sus circunstancias?” Con esta premisa, encabeza a unos cuarenta voluntarios (“más mujeres que hombres, como suele ocurrir”, de entre 25 y 80 años) y cuatro capellanes (tres sacerdotes y un diácono permanente). Todos organizan actividades dentro de la cárcel para los cerca de 300 reclusos (275 hombres y 25 mujeres): iniciativas de carácter pastoral (catequesis y lectura de Biblia, talleres de oración, eucaristía…) y de tipo sociocultural (la revista ‘Galería’, un club de lectura, coro…) La pandemia, lamenta, ha paralizado “muchísimo” las actividades en la cárcel. Y desde hace año y medio, añade, el control para evitar los contagios es férreo. Todos los presos (excepto cuatro que no quisieron), recuerda, ya están vacunados (con el suero de la farmacéutica Jansen, de una dosis).

¿Cómo es la vida en la cárcel desde que se declaró la pandemia de covid en marzo de 2020?

Como en la sociedad, ha supuesto un antes y un después. Pero en la cárcel, aún más. Los internos no pueden abrazar a su familia, porque se suspendieron los ‘vises’ en marzo del año pasado y aún no se han recuperado (se refiere a los ‘vis a vis’, encuentro del preso con la familia en una estancia durante un tiempo determinado). Desde entonces, solo pueden ver a sus familiares y amigos a través de los cristales del locutorio. ¿Y tú sabes lo duro que es no poder tocar ni abrazar a tu pareja, a tus hijos, a tus padres…? Aunque, claro, estas medidas tan estrictas y tan duras tienen una doble cara: no ha habido ningún contagiado dentro de la cárcel. Los permisos de tercer grado, con los que los presos salían durante el día y regresaban a dormir a prisión, se recuperaron pero se han vuelto a suspender, por el aumento del número de contagios.

¿Y los familiares no podrían hacerse una PCR o una prueba de antígenos para entrar? ¿O los presos que salen para volver?

No se contempla esa posibilidad ni se autoriza. Y es muy duro, porque hay hijos pequeños de por medio. Así que, en este momento, nos hemos dado más cuenta que antes de que hay otras líneas dónde incidir y que podemos ayudar en el voluntariado de otra forma. No solo entrando a la cárcel (actualmente se permite la presencia de dos voluntarias a la vez)…

¿A qué se refiere?

Por ejemplo, acompañamos a la familias fuera, les damos cariño… También, a los presos extranjeros o de fuera de Pamplona, que no tienen aquí arraigo ni nadie que les visite, les vamos a ver al locutorio como si fuéramos sus familiares o amigos. Y así, al menos, tienen visitas y pueden hablar. A los que no tienen ropa, les donamos. En fin, se pueden hacer muchas cosas. Pero el acompañamiento es lo principal. Porque, ¡hay tanta soledad en la cárcel!

El voluntariado es pastoral y depende del Arzobispado pero, ¿pueden participar presos de todas las creencias?

¡Claro! La Iglesia no pide carné de identidad ni afiliación. Pueden venir personas católicas, ateas, evangelistas, musulmanas… Los talleres que hacemos, para nosotros, son una forma de acercarles el amor de Dios pero cada uno lo puede interpretar como quiera. Antes de la pandemia, también entraba un pastor evangelista, de Vida Nueva, para sus celebraciones y un tener un rato de oración. Pero ahora ya no le dejan. Los musulmanes lamentan que les resulta difícil practicar su fe. Porque, así como los católicos podemos rezar en cualquier momento, ellos, no. Tienen unos horarios. Y si van a sus ‘chabolos’ (como se conocen popularmente las celdas) a rezar, les sancionan porque dicen que va contra el normal funcionamiento de la cárcel. En la mesa penitenciaria de Navarra, que se constituyó hace unos meses, estamos tratando este tema porque para ellos es muy importante. El imán no puede entrar. No sé por qué razón…

Para los católicos, será reconfortante poder practicar su fe…

¡Sí! Y también ha habido auténticas conversiones de gente que se ha bautizado o hecho la Primera Comunión en la cárcel. Algunos no entienden que vayamos a verlos por nada. Pero ya lo dice el Evangelio: “Estuve en la cárcel y viniste a verme” (San Mateo, 25). Nosotros no les vamos a juzgar ni a preguntar cuál fue su delito. Si ellos quieren, nos lo contarán y se desahogarán. Salvo casos muy mediáticos, cuando entramos, no sabemos por que están en la cárcel. Los vemos y tratamos como a personas. Por eso, los católicos, los ateos, los musulmanes… ¡Todos nos tienen en mucha estima!

DROGAS Y SALUD MENTAL

Aunque entre los presos hay de todo, ¿predomina algún perfil?

Los hombres están divididos en dos módulos: preventivos (a la espera de juicio) y penados (con sentencia y condena). Este último es el más triste porque hay menos esperanza y muchos de los presos ahí tienen problemas mentales tremendos por el consumo de drogas. Muchos tienen depresión, ansiedad… Pero están muy medicados. Les dan pastillas para que permanezcan calmados. La pregunta es: ¿Estas personas deberían estar ahí? Probablemente, no, y un hospital psiquiátrico sería más adecuado para ellos. Aunque hay gente que ha entrado por un delito concreto, algunos de este grupo están acostumbrados a vivir en cárceles. No se reinsertan y al salir, vuelven a cometer delitos. La sociedad no apuesta por la reinserción. Solo prima la seguridad.

¿Y usted qué opina?

Yo misma, antes de ser voluntaria en la cárcel, pensaba: ‘El que está aquí es porque ha hecho algo y lo tiene que pagar’. Pero ahora, como les conozco, veo que cualquiera podríamos estar en la cárcel. Está bien que se les ofrezcan clases y que puedan hacer una carrera por al UNED. ¿Pero cuántos se benefician de eso, si hay muchos analfabetos? Además, para hacer los exámenes de la UNED tienen que viajar a Vitoria en un traslado general (las llamadas ‘cundas’) y permanecer allí una semana. Así que, el que está en tercer grado y tiene un trabajo lo pierde. Eso era antes de la pandemia. Ahora les dejan examinarse en Pamplona pero tememos que, cuando salgamos de esta situación, otra vez tendrán que viajar allí.

El 1 de agosto, entraron en vigor las transferencias de salud de la cárcel al Gobierno de Navarra, ya que antes dependían del Estado. ¿Qué opina de este cambio? ¿Será positivo?

Creo que sí. Ahora han pasado a depender del centro de salud de Buztintxuri, aunque la atención

sigue siendo dentro de la cárcel con el personal destinado (dos médicos y dos enfermeras). Pero si tienen que ir al especialista (oculista, ginecólogo…) salen fuera, como hasta ahora. Lo más positivo es que ya van a tener médico de guardia, como el resto de la población. Porque hasta ahora no lo han tenido. Han permanecido meses sin médico (porque los dos estaban de baja y no se sustituían) y solo con las enfermeras.

Pero si uno se pone grave, ¿qué pasa? ¿Irá una ambulancia, no?

Depende. Si es de día, es más fácil ir al hospital. ¿Pero si es de noche? Muy mal tienes que estar para atreverte a tocar el timbre del ‘chabolo’ (las celdas se cierran a las 22 horas y no se abren hasta la mañana siguiente). Yo pocas veces he visto la ambulancia en la cárcel… Los que necesitan ir al especialista, según el funcionario que les toque, van esposados o no. El otro día me contaba una chica que tuvo que ir al ginecólogo y que, como estaba esposada, la enfermera tuvo que ayudarla a desvestirse y subirse a la camilla.

Con la política de acercamiento de los presos, además de los comunes, también habrá miembros de ETA. ¿Cuál es su situación en la cárcel?

Ellos están más acostumbrados a protestar y a exigir sus derechos, porque en realidad son derechos lo que piden. También tienen un refuerzo exterior que lucha por ellos. Y sus peticiones están beneficiando también al resto de presos.

Hay pocas mujeres en la cárcel y viven una doble prisión”

Mujeres condenadas por robar o ‘trapichear’ con droga a pequeña escala. Españolas, extranjeras, con o sin hijos, que viven en Pamplona o en otras ciudades. Es el perfil de las 25 mujeres, un número que se mantiene más o menos estable, que actualmente están presas en la cárcel de Pamplona. Y que, según coinciden los voluntarios, sufren una doble prisión, por estar en la cárcel y, a menudo, alejadas de sus familias.

En todas las cárceles hay muchas menos mujeres que hombres (25 frente a 275, en Pamplona). ¿Por qué, en líneas generales, las féminas cometemos menos delitos que los varones?

Pues no lo sé… Puede deberse a que muchos de los condenados son hombres que han cometido delitos de violencia de género (y aquí apenas hay mujeres). Otro porcentaje importante de varones está preso por delitos al volante (conducir sin puntos, alcoholemia…) Las mujeres no suelen cometer este tipo de infracciones. Quitando algún asesinato, la mayoría están presas por el ‘menudeo’ del tráfico de droga o por robar. A veces, incluso, se pueden llegar a justificar estos delitos porque pertenecen a una clase social muy baja y necesitan el dinero… Son pocas las mujeres que cumplen condenas largas. En el tráfico de drogas, los ‘capos’ son ellos.

¿Pueden estar con sus hijos?

En algunas cárceles, sí; pero, en la de Pamplona, no. Por eso, para ellas es muy duro estar separadas de los niños. Desde que comenzó la pandemia no los han podido ni abrazar. Solo los ven, como el resto de presos a su familia y amigos, a través del cristal del locutorio. Por eso, decimos que viven una doble prisión.

¿Tienen contacto con los hombres presos?

No se comunican para nada. Y todas las actividades las hacen separados, en módulos independientes. Está el módulo de mujeres y dentro de los hombres, el de penados (que ya tienen sentencia y condena) y el de preventivos (que están a la espera de juicio). También hay otro módulo en la enfermería, en el que permanecen los enfermos y los mayores; y el último, de ingresos, que es de tránsito. Allí están quienes vienen a Pamplona a un juicio o los que deben hacer cuarentena, después de haber salido al dentista o al juzgado. Allí permanecen cinco días (antes, quince) y supone una cárcel dentro de otra. El otro día me contaba una chica que había ido salido al médico y a a firmar al juzgado, que había encadenado varios aislamientos.

¿Las mujeres hacen actividades diferentes a las de los hombres?

Nosotros ofrecemos las mismas: las de pastoral (catequesis, lectura de Biblia…) y las socioculturales (revista, club de lectura…) Pero, además, el Ayuntamiento de Pamplona imparte un taller de costura para mujeres y otro de manualidades para hombres. Todos, féminas y varones, pueden asistir a clases, para sacar la Primaria o la ESO (hay profesores cuyo destino es la cárcel, y que dependen del centro de educación de adultos José María Iribarren) o también pueden presentarse a exámenes de la UNED. Ahora, en verano, todos los presos pueden también ir a la piscina en diferentes turnos.

La famosa piscina. ¿Por qué cree que ha generado tanta polémica y críticas en la sociedad?

Porque la gente cree que los presos tienen que estar en la cárcel y, además, machacados. Lo mismo ocurre con la televisión. Hay quien se queja de que, en el hospital, hay que pagar para ver la tele y que aquí la tienen gratis. ¡Y eso no es verdad! Quien quiere una tele se la compra en el economato de Instituciones Penitenciarias, que es una especie de ultramarinos donde pueden encontrar alimentos y otros enseres. Respecto de la piscina, como hacen turnos, a cada uno le toca a una hora. Y una chica me decía el otro día que ella debía ir a las 9.45 de la mañana pero que le daba igual (se ríe). Me contaba que tenía sensación de estar en la calle, en libertad… Y que bajar las escalerillas de la piscina, como cualquier persona, y extender la toalla para tomar el sol le hacían sentirse muy bien.

LA VISIÓN DEL SOCORRISTA

Hace dos años, el socorrista de la piscina contaba en un artículo de la revista de la cárcel, ‘Galería’, cómo había cambiado su visión de los presos. ¿A los voluntarios también les ocurre?

El socorrista escribía que, cuando les dijo a su familia y amigos que iba a venir a la cárcel, todos se alarmaron y él también tenía sus prejuicios. Pero, con el tiempo, se ha dado cuenta de que los presos son personas normales. Es exactamente lo mismo que nos ocurre a los voluntarios: nos sorprendemos de que los presos son gente tan normal como nosotros. Porque, ¡qué fina es la línea que nos separa! Y, ¡qué fácil es entrar en la cárcel! Es lo que tenemos que hacer ver a la gente.

¿Y cómo lo consiguen?

Ofrecemos conferencias en parroquias y en colegios. Hablamos nosotros o llevamos a presos de tercer grado para dar testimonio. ¡Y a la gente le llama la atención que sean tan normales!

A pesar de todo, la reinserción es una asignatura pendiente. ¿Quién contrata a un expresidiario?

Es cierto y la gente les sigue viendo mal. Pero, ¿qué ocurre? Que muchos salen igual que entraron. Por eso, insistimos en que, además de las clases, se les enseñen oficios (fontanería, carpintería…) para que puedan trabajar al salir. Porque si a uno le han condenado por trapichear y sale a la calle. ¿Qué va a hacer? ¡Pues volver a trapichear! ¡Porque de algo tiene que comer! Hemos visto casos de personas que iban a visitar a sus familiares mientras estaban presos pero que, al cumplir la condena, les han hecho el vacío y se avergüenzan de ellos. Además, como dices, ¿quién contrata a un expresidiario? ¿Cómo justificas en tu currículum una laguna de dos años? Es cierto que metieron la pata y han cumplido condena. Pero, ¿hasta cuándo? ¡No tienen que seguir cumpliéndola toda la vida al salir!

Quizá sea por desconocimiento o por tener una visión tergiversada. ¿Usted cree que las películas y las novelas sobre cárceles, como ‘Cadena perpetua’, ‘La milla verde’ o ‘Celda 211’ ayudan?

¡Qué va! Desayudan totalmente. Estamos convencidos de que todos los presos llevan uniforme naranja y de que son agresivos. ¡Y no es así! Van con su ropa. Lo mismo que los funcionarios. En las series, como ‘vis a vis’ a parecen carceleras muy duras y eso no es lo que yo me encuentro. Hay funcionarias la mar de amables, con las que hablo y me río mucho.

O sea, que usted no lee ni ve novelas o películas de cárceles…

No, no. Me gusta la novela negra pero no estas. También me encanta el ganchillo y me gustaría enseñar a las presas pero no nos dejan meter las agujas porque dicen que pueden ser peligrosas. En cambio, en el economato venden latas de atún y maquinillas de afeitar, que pueden ser muy peligrosas. ¡Yo no lo entiendo!

DNI

​​Funcionaria y catequista María Jesús Irigoyen Esteban (Aoiz, 1959) es diplomada en Empresariales. Funcionaria del Gobierno foral (Hacienda y Turismo) hasta que se jubiló en 2019. Viuda, tiene tres hijos varones (Alex, Javier y Miguel, de 31, 30 y 22 años). Durante años fue catequista en su parroquia (Corazón de Jesús en Pamplona) y asistía a grupos de adultos. “Todo lo que hacía era para mi formación espiritual. Pero vi que tenía que hacer cosas para los demás”. Y en 2013 entró al voluntariado de la cárcel.

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