Letras contra la soledad de las mujeres presas en la cárcel de Pamplona

El alumnado de 2º de Integración Social de euskera de la Escuela de Educadoras y Educadores impulsó por el 8-M una colecta de libros con dedicatoria para las internas en el centro penitenciario de la capital navarra y, con los más de 500 ejemplares donados, proponen una biblioteca para ellas en prisión.

DIARIO DE NOTICIAS DE NAVARRA (E. NAVARRO. IBAN AGUINAGA).- “Cuando estaba cayendo, recordé que mis alas podían volar”, dedicó Goiatz Karrikaburu al donar un libro de autoayuda destinado a las mujeres presas en la cárcel de Pamplona. Esta joven de 19 años, natural de Arraioz, es una de las 24 estudiantes de 2º de Grado Superior de Integración Social de euskera de la Escuela de Educadoras y Educadores que impulsaron con motivo del 8-M una recogida de libros con dedicatoria para las internas en el centro penitenciario de la capital navarra.

El éxito de la iniciativa, con más de 500 ejemplares donados, ha hecho que propongan crear una biblioteca exclusiva para ellas en la prisión. Un espacio propio con cientos de historias que les ayuden a aliviar su soledad y evadirse de una realidad tan dura como es la privación de libertad. Aunque en la cárcel cuentan con una sala de biblioteca propia, donde recogen los libros para leerlos en sus celdas, la idea es nutrirla con las donaciones recibidas.

El objetivo primigenio del proyecto escolar era visibilizarlas y recordarlas por el Día de la Mujer, pero además buscaba “mostrarles que no están solas” a través no solo de los libros, sino también con las palabras de ánimo, consuelo y cariño en forma de dedicatoria al inicio de estos.

Sonia Iturain, profesora de esta clase de Integración Social, lo define como un ejercicio de empatía: “Hace que nos pongamos en su lugar y reflexionemos sobre su situación para decidir qué podemos escribirles si pensamos en qué nos gustaría leer a nosotras en esas circunstancias”.

LAS MUJERES PRESAS

El perfil

Doblemente castigadas

En la actualidad, hay unas 19 mujeres internas en la cárcel de Pamplona. Según explican desde Salhaketa, asociación que aboga por los derechos de las personas presas, las mujeres reclusas suelen tener una situación socioeconómica desfavorable, niveles de estudios más bajos y trabajos más precarizados.

Muchas han sufrido maltrato y padecen problemas de salud mental y adicciones. Así lo corrobora el doctor Juan Carlos Oria, director del Hospital de Día Zuria (un Centro Público del Servicio Navarro de Salud especializado en el tratamiento de trastornos adictivos) que confirma que este 2021 han atendido a once internas, de una media de edad de unos 34 años, de las que diez, además de adicciones, también padecían trastornos mentales como bipolaridad, estrés postraumático, trastorno de la personalidad o esquizofrenia. Asimismo, dos de ellas habían sufrido violencia de género, otras dos, violencia en el ámbito doméstico y una de ellas, una agresión sexual.

“La cárcel tiene un diseño pensado para los hombres, lo que hace que ellas estén más invisibilizadas y doblemente castigadas -expone la educadora social de Salhaketa María Rodés Laplaza- porque cuando quien comete un delito es mujer y encima madre, la carga moral y el castigo social son todavía mayores”.

Iturain recuerda que lo que más impactó al alumnado fue “cuánto desconocíamos ese mundo y cómo todo el sistema heteropatriarcal que vivimos en la sociedad se marca aún más en el ámbito penitenciario”.

“Te deseo que te des una segunda oportunidad y que la literatura te permita viajar a tu interior”, es una de las centenares de dedicatorias plasmadas en las obras, muchas de las cuales tratan sobre la mujer, el feminismo o la autoayuda, en castellano y en euskera. También hay poesía, cuentos infantiles o best sellers como La Chica del Tren. “Se nos ha ido de las manos”, bromean las alumnas, al calcular entre 500 y 600 libros recopilados en solo tres días de recogida, del 8 al 10 de marzo, en Pamplona (en el zaguán de la Escuela y en el albergue de personas sin hogar), Burlada, Altsasu, Lakuntza, Etxarri, Arraioz, Cirauqui o Estella-Lizarra, donde, por poner un ejemplo, recibieron entre 70 y 90 libros, estima la estudiante Andrea Legaria.

La idea inicial, explica otra de las alumnas, Irati Arribas, “era mandar un libro a cada una de ellas, pero recibimos tantos y en la cárcel de Pamplona son tan pocas, que decidimos lo de la biblioteca y pensamos en ampliar la iniciativa a otras prisiones de Euskal Herria”.

Para lograr una mayor difusión realizaron un emotivo vídeo con testimonios de presas recogidos durante su formación para que circulase por redes sociales, especialmente por WhatsApp, también a través del boca a boca y con carteles repartidos por las localidades. Pidieron permiso en ayuntamientos y bares para contar con puntos de recogida y acudieron a medios de comunicación locales para dar a conocer el proyecto.

“La motivación ha sido absoluta”, recalca Iturain, orgullosa de que la clase se haya volcado, tanto fuera de las horas lectivas, con la difusión de la campaña y la posterior recogida, como en el aprendizaje del sistema penitenciario y la situación de las mujeres: “Han sido capaces de llegar a acuerdos, de tomar decisiones y de afrontar situaciones que debían solucionar. Han hecho un gran trabajo”, constata la profesora con una sonrisa.

EL ORIGEN

‘A las olvidadas’

Cómo reivindicar el 8-M

A las olvidadas es la iniciativa a nivel estatal que promueve la donación de libros con dedicatoria a las mujeres presas que les inspiró para “reivindicar el 8-M“. Además, uno de los alumnos, Xabi Nicuesa (20 años), se encuentra haciendo prácticas en Salhaketa, por lo que Iturain le comentó la idea y, “¿por qué no?”, la propusieron como proyecto escolar.

Nicuesa lleva desde noviembre acudiendo cada miércoles (cuando la situación epidemiológica lo ha permitido) a la cárcel de Pamplona: “Las vivencias que nos cuentan son bastante duras y vimos la necesidad de este proyecto”.

El joven, natural de Estella-Lizarra, reconoce que “de primeras, supe que quería hacer las prácticas en Salhaketa, porque desde pequeño había tenido curiosidad por saber cómo era el mundo de la prisión”. Explica que “desde el principio nos dijeron que iban a ser unas prácticas complicadas con experiencias difíciles. Se nota que necesitan hablar con gente externa a la cárcel para poder evadirse. Tengo suerte de vivir esta experiencia, ir a prisión y hablar con ellas, aporta mucho”.

Las mujeres con las que estuvieron este último miércoles en prisión les transmitieron estar “muy contentas con la iniciativa” y deseando poder recibir los libros con las dedicatorias.

Como bien ilustra la docente Sonia Iturain, “uno de los objetivos de la integración social es construir una sociedad en la que todos quepamos, y que los alumnos no solo aprendan en estos proyectos, sino que también aporten en este cambio social”.

 

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