La ‘penitencia’ de los corruptos; la justicia restaurativa a la que se acogen Rato y Bárcenas para obtener el perdón

A los reclusos no les sirve para obtener beneficios penitenciarios

Se busca que la víctima encuentre una "compensación moral" a su pena con el arrepentimiento del condenado

NIUS (ISABEL SANZ).- Nombres como el de Rodrigo Rato o el de Luis Bárcenas, y su disponibilidad para “pedir perdón a sus víctimas y a la sociedad”, han convertido en familiar el término “justicia restaurativa”. Pero ellos son sólo dos nombres de un conjunto de programas que poco a poco se van instaurando en las cárceles españolas. “El 99,9% de los reclusos que participan en estos programas son anónimos”, explica Myriam Tapia, coordinadora de la Justicia Restaurativa de Instituciones Penitenciarias.

En una entrevista telefónica con NIUS, Tapía deja claro algo que también se explica siempre a los presos que quieren acogerse a estos programas: “No una vía para conseguir beneficios penitenciarios”. De hecho, ella hace hincapié en que se busca “reparar el daño de la víctima, que también cumple una ‘pena’, no de prisión, pero sí de dolor”. La otra parte, es dar la oportunidad  al responsable del delito de entender el daño que ha hecho y de ayudarlo en su reinserción.

En este momento, hay más de 200 presos participando en este programa. Si tiene éxito, acabará en un encuentro con sus víctimas o con personas afectadas por sus delitos, pero antes hay otros pasos que Tapia explica a NIUS.

¿Cómo es el procedimiento?

El proceso empieza en la cárcel con la selección de los presos que pueden ser adecuados para entrar en el programa. Ellos lo pueden solicitar o la prisión donde se encuentra lo pueden proponer. Myriam Tapia señala que el proceso de selección es delicado y que “no todos los que lo piden lo obtienen”.

Programas previos: la mayoría de ellos, tienen que hacer antes otro taller específico, previo al de justicia restaurativa.

  • PIDECO: para los condenados por delitos económicos, como Luis Bárcenas o Rodrigo Rato. Se tienen que someter a este que busca la concienciación de los autores de esos delitos, pidan perdón, reparen el daño que han causado y no vuelvan a cometer delitos similares.
  • “Diversidad”: para los delitos de odio, en el que los especialistas hacen entender las consecuencias que han tenido sus actos.
  • “Encuentro”: para los condenados por delitos de violencia intrafamiliar (sin incluir la violencia de género), por ejemplo, violencia de hijos hacia sus padres. En esos talleres se les intenta que interioricen conceptos como “respeto” o “empatía” y enseñarles a controlar la ira y los impulsos.
  • PICOVI: para delitos violentos de sangre como homicidios o asesinatos. Se ofrece a internos que ya llevan mucho tiempo en prisión y ya la viven como su día a día, que no buscan justificar sus actos o reducir sus condenas.

Programa de justicia restaurativa, viene después y tiene “dos patas”: la víctima y el condenado.

  • El condenado: si es seleccionado, entra a formar parte de un grupo de terapia en el que los internos, con la ayuda de intermediadores provenientes de asociaciones, ponen en común sus experiencias y sus sentimientos.
    • Tienen que reconocer sus hechos, darse cuenta del error, arrepentirse y estar dispuestos a pedir perdón y reparar el daño.
    • Son diez sesiones de unas tres horas, que se celebran semanalmente.
    • De forma paralela, pueden hacer sesiones individuales si los mediadores lo consideran necesario.
    • Cuando están preparados, puede empezar el contacto con las víctimas, que a veces comienza por una carta.
    • El proceso debería terminar por un encuentro entre víctima y condenado. A veces, adquieren una serie de compromisos privados, como que el responsable haga trabajos comunitarios.
    • La víctima:es buscada desde el programa a través de la Fiscalía y el tribunal que juzgó el caso.
      • Son más las que dicen que no están dispuestas a hablar con el condenado que las que dicen que sí.
      • Si aceptan, también ellas comienzan con un proceso de terapia, hablando con intermediadores
      • Aquí el trabajo es individual.
      • Se trata de ayudarle a afrontar sus sentimientos, a saber qué pasó y por qué ellas fueron víctimas de un delito. 
      • En algunas ocasiones, ha habido víctimas que lo han solicitado por decisión propia.

¿Y qué pasa cuando no hay una víctima directa o no participa?

Si la víctima no está dispuesta a participar, o si no hay una víctima concreta, como en el caso de muchos delitos de corrupción, se buscan alternativas.

  • A veces, cuando la víctima es un colectivo, se celebran reuniones con asociaciones de afectados.
    • Esto ocurre con delitos económicos, de drogas o contra la seguridad vial en los que no ha habido víctimas concretas.
    • Ha habido condenados por delitos de estafa o corrupción que se han reunido con un banco o un ayuntamiento afectados por sus hechos.
  • Además, se celebran “prácticas restaurativas”, que pueden ser acudir a comedores sociales, hacer labores de asistencia social o trabajar para la población de barrios deprimidos, o en centro de drogodependientes, por ejemplo.
    • Conocen una realidad muy alejada para ellos y concienciarse de otras formas de vida.
    • Les hacen concienciarse de las consecuencias que han tenido sus actos, aunque sea de manera indirecta,
    • Reparan el daño causado, al menos en parte.
    • Les ayuda a rehabilitarse para cuando abandonen la prisión.

¿Cuántos se realizan?

El programa es nuevo y se va implantando por comunidades autónomas. En 2020, más de 50 reclusos se integraron en este proyecto, que se tradujo en 15 encuentros. 

El año 2021 se ha afrontado en dos semestres. En el primero, se ha puesto en marcha en Andalucía, Asturias, Cantabria, Castilla La-Mancha, Castilla y Léón, Madrid, Murcia, Comunidad Valenciana, Navarra, Aragón y Extremadura.

En esas regiones ya están participando 211 presos y todavía no están todos, porque son datos del 20 de mayo.

En el segundo semestre, se hará en La Rioja, La Rioja, Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla. A finales de año se habrá implementado en 13 comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas. Sólo Cataluña y País Vasco quedan al margen del programa a nivel nacional, porque tienen transferidas las competencias de prisiones.

No, no conlleva beneficios penitenciarios

Por el simple hecho de haber participado en uno de estos programas, un condenado no obtiene beneficios penitenciarios. Es cierto, que en el auto de libertad condicional de Rodrigo Rato, por ejemplo, se tenía en cuenta, pero igual que se habría tenido en cuenta si hubiera participado en otro programa de reinserción.

Para acceder a la libertad condicional, hay que estar en tercer grado, haber cumplido la mitad de la condena y tener el visto bueno de todas las partes, además de otros requisitos como la buena conducta. En ese sentido, la justicia restaurativa va asociada a la participación del recluso en programas y en su disponibilidad a modificar su conducta, lo cual suele acabar ayudando al visto bueno de la cárcel para acceder a esa libertad condicional si se reúnen el resto de requisitos, pero no, en ningún caso, una vía para dejar antes la cárcel. Myriam Tapia insiste en que eso se deja siempre “meridianamente claro” a todos los reclusos que acceden al programa.

¿Y sólo es para condenados en prisión?

No, el programa, de hecho, comenzó en 2016 con condenados por delitos menores que no están internos en ninguna cárcel.

Afectan principalmente a condenados por delitos contra la salud pública (drogas), contra la seguridad y otros delitos menores.

  • En 2020, se hicieron 103 talleres en los que participaron 725 condenados.
  • En los cinco primeros meses de 2021, ya son 637 participantes en 105 talleres.

 

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