Florencio Roselló: “Cuantos más presos tenga un país, una sociedad, más evidencia su fracaso social”

"Cuantos más presos tenga un país, una sociedad, más evidencia su fracaso social"

"El que se les pregunte a los presos sobre la Iglesia, sobre la Jerarquía, sobre las celebraciones, sobre la idea que tienen de la Iglesia, sobre su relación con la Iglesia está resultando interesante y sorprendente. A los presos pocas veces se les pide su opinión por cualquier tema" "Cuando una sociedad no sabe qué hacer con las personas que cometen fallos por distintas causas (droga, enfermedad mental, inmigración…) y la única solución es la prisión, algo estamos haciendo mal" "No preguntamos a nadie por qué está en la cárcel. Nos interesa la persona y todo lo relacionado con ella, familia, situación persona. Vamos un poco contracorriente, porque la sociedad despierta y se interesa por la cárcel ante delitos mediáticos y sorprendentes, y nosotros reaccionamos ante la necesidad de la persona presa, ante sus problemas"

RELIGION DIGITAL (JORDI PACHECO).- Cerca de 60 mil personas de promedio cumplen penas en las cárceles de España, según datos del Ministerio del Interior del año 2020. Conocemos las cifras, pero poco sabemos, en cambio, de los dramas familiares y de las necesidades que se esconden tras el mundo de las prisiones, que son las grandes silenciadas de la sociedad. En ellas realiza su labor de acompañamiento la pastoral penitenciaria a través de una extensa red de capellanes y voluntarios que, en este 2021, llevan también la voz del Sínodo a los presos en un proceso en el que, según el padre Florencio Roselló, la Iglesia debe estar abierta a recibir respuestas, opiniones, comentarios que no tal vez no espera. De hecho, tal como confiesa este mercedario director de Pastoral Penitenciaria, ya han llegado a su departamento algunos trabajos de algunas prisiones que “sorprenden por su crítica, y también por su adhesión a la Iglesia de a pie, la que ellos conocen en prisión”.

¿Cómo es el material que han preparado desde el Departamento de Pastoral Penitenciaria para llevar el sínodo a las prisiones y cómo se pretende hacerlo llegar a los presos?

El material que se ha preparado ha sido adaptado a la realidad de los presos y de las prisiones. Hemos intentado “aterrizar” los contenidos a su realidad concreta, que en muchos casos es de nula participación en la Iglesia cuando estaba en la calle, pero que se ha acercado a la Iglesia en prisión, bien por interés (ropa, dinero, permisos, libertad…), por curiosidad o por vivencia personal, que también la hay. Los presos, como la propia sociedad, aunque no hayan participado de la vida de la Iglesia, también opinan de la Iglesia, y eso a la Pastoral Penitenciaria nos interesa, y por eso hemos adaptado este material a su realidad.

¿Cómo está siendo recibido en los centros? ¿Se ha empezado a poner en práctica? 

Ha habido que explicarles qué es un sínodo, la Sinodalidad, todo. Su experiencia eclesial y de fe es mínima, por eso hay que empezar de cero. Pero el hecho de que se les pregunte qué opinan de tal o cual tema ya es positivo. El que se les pregunte sobre la Iglesia, sobre la Jerarquía, sobre las celebraciones, sobre la idea que tienen de la Iglesia, sobre su relación con la Iglesia está resultando interesante y sorprendente. A los presos pocas veces se les pregunta su opinión por cualquier tema.

El preso tiene dos visiones muy diferentes de la misma Iglesia, por un lado la Iglesia que ellos conocen, la Pastoral Penitenciaria que les lleva ropa, que les pone dinero en peculio, que les acoge en permisos, que les mira a los ojos…pero sobre todo que nos les juzga ni condena, esta es muy positiva; y por otro lado la Iglesia institución, jerarquía, la ven diferente, con poder y prestigio.

Como mercedario, ha dedicado su vida al mundo de las prisiones. ¿Qué le ha aportado esta experiencia al lado de quienes viven entre las cuatro paredes de la cárcel?

Ya antes de ordenarme comencé a trabajar en prisiones, y desde entonces, y son más de treinta años como sacerdote, no he dejado de pisar una cárcel ni de encontrarme a Cristo en el hombre y mujer preso. Mi relación con el preso, con la cárcel configuró mi vocación mercedaria. Hoy soy lo que soy gracias a muchos presos y presas necesitados de misericordia, pero que al final fueron ellos los que, como diría el Papa Francisco, me “misericordiaron”. Muchos sábados y domingos termino la celebración de la misa diciendo, “gracias por permitirme celebrar con vosotros/as”.

El encuentro con ellos me habla de que no soy mejor. Muchos presos tienen un gran corazón. Mucho antes que lo dijese el Papa Francisco, por los años noventa, yo ya decía “qué hubiese sido de mi vida si hubiese estado en su situación”. No soy mejor que ellos. Es injusto, pero quizás Dios me ha tratado mejor que a ellos sin yo merecerlo, y a veces me pregunto por qué.

La prisión es un modo de apartar de la sociedad a muchas personas que no han tenido suerte en sus vidas, que han nacido tal vez en un entorno favorable y han sido empujadas a una vida poco ordenada. Desde la opinión pública y desde la misma justicia, sin embargo, parece como si esto no se tuviera en cuenta, ¿qué opina?

Es triste que la única solución para muchas personas sea la cárcel. Cuantos más presos tenga un país, una sociedad, más evidencia su fracaso social. Cuando una sociedad no sabe qué hacer con las personas que cometen fallos por distintas causas (droga, enfermedad mental, inmigración…) y la única solución es la prisión, algo estamos haciendo mal. Mucho número de presos no significa mayor seguridad en la calle, sino que no sabemos abordar los problemas reales. Pues hay soluciones que no pasan por la prisión. El ingreso en la cárcel lo único que hace es alargar el problema y no solucionarlo. A la salida ese problema sale nuevamente.

Pero también mucha gente se pregunta por la víctima del delito. Es cierto que hasta hace unos años ha sido la gran olvidada del delito y del conflicto. Pero la Iglesia cree en la Justicia Restaurativa. No hay reinserción real sin la víctima. El infractor debe conocer el daño causado y si es posible repararlo. Y la Iglesia ha participado en encuentros restaurativos donde se ha reconciliado con la víctima, y donde ha reparado el daño.

Afirma usted que la Pastoral Penitenciaria tiene la conciencia tranquila porque vive el Evangelio en primera persona, y en primera línea pastoral. En este sentido, ustedes deben de tener razones para sentirse reconfortados.

No me gusta la autocomplacencia, no soy amigo de halagos, es peligroso porque puede llevar a instalarnos y a conformarnos con poco. Mientras haya un hombre o mujer en prisión ni me puedo conformar ni tener la conciencia tranquila. Cuando digo vivimos el Evangelio en primera persona estoy diciendo que cada vez que voy a prisión me encuentro con el mismo Cristo preso, y eso para mí, como cristiano, mercedario y sacerdote, es un privilegio. Pero es cierto que nos sentimos bien, porque ir a prisión es una opción libre, evangélica y vocacional, y eso reconforta.

La Pastoral Penitenciaria no pregunta al preso qué ha hecho ni por qué está en la cárcel. Esto supone ir contracorriente, porque vivimos en una sociedad que juzga constantemente. Para construir un mundo humano y justo, ¿debemos aprender a juzgar menos y perdonar más?

No preguntamos por qué está. Nos interesa la persona y todo lo relacionado con ella, familia, situación personal…Y sí, vamos un poco contracorriente, porque la sociedad despierta y se interesa por la cárcel ante delitos mediáticos y sorprendentes, y nosotros reaccionamos ante la necesidad de la persona presa, ante sus problemas. Vivimos en una sociedad en que cada ciudadano es un juez, y tiene muy clara la sentencia ante delitos de telediario. Una sociedad que busca mayor dureza en las penas y menos oportunidades en la reinserción, aunque luego digamos que las cárceles no reinsertan, ¿una contradicción, no?. ¿Juzgar menos y perdonar más?, contesto con la reflexión del Papa Francisco cuando visita una prisión; se detiene en la puerta antes de entrar y dice “¿Por qué ellos y no yo?”, esta frase resume el ¿quién soy yo para juzgar?

¿Qué pediría a la Iglesia y a la sociedad?

Que humanicemos nuestras opiniones y reflexiones sobre los presos. Detrás de cada caso hay personas, también víctimas, hay familias que necesitan acompañamiento. Pediría a la Iglesia que sea acogedora, que tenga puertas abiertas para que el que sale de prisión, que haga efectiva la misericordia, que no confunda ni mezcle delito con pecado. A la sociedad que crea en la reinserción, que crea en las segundas oportunidades. La reinserción es un derecho constitucional recogido en el artículo 25. Hoy en día se ha democratizado mucho el perfil de los presos. En la actualidad nos encontramos presos de todos los estamentos sociales, por diferentes delitos que antes no entraban en prisión (delitos económicos; violencia de género, delitos de tráfico;…)…un día, este nuevo perfil de preso, puedes ser tú.

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