El deterioro de la cárcel de A Coruña prosigue mientras se negocia su recuperación

El Ayuntamiento negocia con el Estado fórmulas de pago, usos y su rehabilitación

LA VOZ DE GALICIA (DAVID GARCÍA. FOTOGRAFÍA: CESAR QUIAN).- La antigua prisión provincial volvió a contar con visitantes y actividad el pasado sábado cuando los bomberos tuvieron que acudir a apagar un fuego originado en una de sus estancias, en la que había algunos colchones apilados. La visita fue momentánea y por un motivo poco deseable, pero devolvió a la actualidad un lugar que permanece abandonado y sin visos de recobrar vida a corto plazo debido al avanzado estado de deterioro en el que se encuentra.

Sin actuaciones en el lugar para frenar los daños de la construcción levantada en 1927, la vía administrativa aparece como la mejor aliada para la recuperación de este espacio. El Ayuntamiento tiene bastante avanzadas las negociaciones con la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios y de la Seguridad del Estado (Siepse) para obtener la titularidad de las instalaciones.

Esto pasará en cualquier caso por acometer un pago tal y como se preveía en el convenio establecido en el 2005, ya que las opciones para su devolución gratuita se fueron diluyendo con las sentencias contrarias a los intereses municipales de la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y el Superior de Xustiza de Galicia.

El acuerdo con el ente que depende de los ministerios del Interior y Hacienda va por buen camino y se confía en que no se demore demasiado. La negociación se centra en fórmulas que faciliten el pago de los 1,12 millones de euros necesarios para la recuperación de la antigua prisión, una cantidad que también se busca reducir, para que sean asumibles a nivel municipal.

Las conversaciones con el Siepse se centran en dos aspectos. Uno es el de la recuperación de la cárcel mediante el cumplimiento del convenio, pero el interés desde María Pita pasa por que esta cuestión esté siempre vinculada a la rehabilitación y puesta en valor de estas instalaciones.

Lo primero será definir los usos a los que se destinará el recinto situado en el paseo marítimo, en los alrededores de la torre de Hércules. Para esto se manejan dos opciones, que son convertirlo en un espacio cultural o social, o incluso que responda a ambos. Mientras, lo que parece seguro es que la titularidad se mantendrá completamente pública.

Parador, museo de los faros, centro de interpretación de la Torre, centro de actividades artísticas, museo arqueológico o de la automoción son algunas de las ideas que sobrevolaron la antigua prisión provincial sin que nunca llegasen a pasar de ahí y la cárcel solo se reabrió unos meses en el 2018 a través de Proxecto Cárcere.

Ahora se busca la rehabilitación integral de las instalaciones, una actuación para la que las últimas estimaciones hablaban de 30 millones de euros, una cantidad que podría aumentar debido al abandono continuado que sufre desde hace muchos años.

Una inversión de este calado sería inasumible para las arcas municipales, menos después de la situación económica generada por la pandemia. Por estas razones, el Ayuntamiento trabaja en fórmulas para conseguir financiación desde otras Administraciones, principalmente el Gobierno central, e incluso acudir a alguna convocatoria de ayudas con las que contribuir a la recuperación de este espacio. Además, no se cierra la puerta a establecer contactos con la Xunta para analizar una posible contribución en el proyecto.

Cuatro meses de actividad en medio del abandono y de visitantes inesperados

Después de años de abandono ininterrumpido de la antigua cárcel, en el pasado mandato las instalaciones volvieron a tener actividad temporal durante cuatro meses, aunque no de la misma naturaleza con la que se ideó el recinto.

Proxecto Cárcere gestionó el espacio entre agosto y diciembre del 2018 después de unas obras que adecentaron apenas 100 de los más de 4.000 metros cuadrados de la antigua cárcel. Música, charlas y documentales fueron algunas de las actividades que el colectivo organizó hasta que en marzo del 2019 se despidió tras unos meses en los que su relación con el gobierno de la Marea fue perdiendo afinidad, sobre todo después de que la Fiscalía apreciase indicios de un delito de prevaricación administrativa en la adjudicación al colectivo, cuestión que fue archivada.

El fin del convenio temporal con la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios y de la Seguridad del Estado (Siepse) y su no renovación desde María Pita devolvió a todas las instalaciones a su estado más común: el abandono.

La falta de cuidado y de vigilancia hacen que la antigua cárcel se convierta de manera puntual en lugar de acogida para visitantes inesperados. En el 2017 se detectó que un grupo de jóvenes accedía al recinto para hacer botellón, mientras que después del confinamiento originado por la pandemia hubo quien hizo de la cárcel su lugar de cobijo, con colchón y algún mueble incluido para evitar pasar las noches a la intemperie.

Ahora, el incendio del pasado sábado hace pensar que todavía hay quien la utiliza como resguardo a tenor de los colchones encontrados.

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