Dos médicos para 400 presos, la realidad de la asistencia sanitaria en las cárceles canarias

La sobrecarga de trabajo del personal sanitario de los centros penitenciarios canarios se agrava con las jubilaciones y los procesos selectivos no cubren el 90% de las plazas

ATLÁNTICOHOY.COM (IRENE CARTAYA) FOTOGRAFÍA (GOOGLE MAPS).- Las cinco enfermeras que trabajan diariamente en el Centro Penitenciario Las Palmas I (conocido como cárcel del Salto del Negro) tienen que cuidar la salud de las más de 700 personas que allí están recluidas. Según la normativa, los centros penitenciarios tienen que tener un mínimo de 10 facultativos que cumplan con las labores sanitarias del lugar. “En Las Palmas I y II hay tres, uno de ellos está de baja y, además, se jubila a finales de este año. En Tenerife hay cinco, pero tres son interinos, uno de ellos sin MIR y dos de ellos se jubilan también”, explica Laura Rodríguez, coordinadora sectorial de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de Comisiones Obreras Canarias (FSC-CCOO). 

La guinda del pastel se la lleva Lanzarote. “Solamente hay dos en activo y ni siquiera tienen subdirector médico” para tratar a una media de 400 personas durante 24 horas los 365 días del año. La sobrecarga de trabajo de los sanitarios en los centros penitenciarios de Canarias es algo que la FSC-CCOO lleva denunciando desde hace tiempo. “Esta situación se agrava con las jubilaciones y con el hecho de que en los procesos selectivos no se cubren el 90% de las plazas porque nadie quiere trabajar en prisiones: están mal remunerados y tienen peores condiciones que en la sanidad pública”, se queja Rodríguez.

Ser enfermera en una prisión

Ana acaba de cumplir los 50 y lleva casi diez años trabajando en el Salto del Negro. Su día a día es como el de una enfermera de atención primaria, pero los pacientes que atienden “son personas que tienen limitada su libertad”. Por ello, diariamente preparan las medicación que deben tomar aquellos que tienen enfermedades crónicas, hipertensión o VIH. “Como si fuéramos una farmacia; se la preparamos individualmente a cada uno y se la entregamos”, explica. 

“En las prisiones hay una gran población de personas que tienen adicciones así que también preparamos y suministramos la metadona a los internos que la necesitan”. A esto se le añaden aquellos reclusos que necesitan “un control más minucioso donde no solo es entregarle el tratamiento sino esperar a que se lo tome delante durante la mañana, la tarde y la noche”.

Ahora, además, se acercan una época difícil para el personal sanitario de los centros penitenciarios. “El mes de diciembre en las prisiones es muy peligroso porque es cuando más intentos de suicidio hay, sobre todo en los días más especiales”, asegura Ana.

No hay médicos

Cuando la población reclusa se pone enferma, y si en ese momento no hay un médico que pueda atenderlo, toca poner en marcha “la famosa teleasistencia”. “Un facultativo le va diciendo al personal de enfermería por videollamada qué es lo que tiene que hacer”, declara Laura. Al final, y en el día a día, es el sanitario que se encuentra allí quien decide si enviarlo a un hospital porque es algo grave o una dolencia que no puede ser tratada en el centro. Ana explica que en una de sus guardias uno de los presos se autolesionó y se necesitaba la presencia de un médico para poder tratarlo. “En muchas ocasiones no contamos con esa figura y tenemos que llamar por teléfono porque no podemos actuar sin recibir una orden médica”.

Muchas veces tienen que realizar ellos mismos los electros, enviar la foto a un médico desde su móvil particular y, tras la orden de este, llamar a la ambulancia. “En los centros penitenciarios estamos encerrados y para que salga un interno de prisión hay que pasar muchos trámites que tienen que ser autorizados por un médico y por el jefe de servicio”, cuenta la enfermera. El siguiente paso es llamar a la policía para custodiarlo “y esos minutos pueden ser cruciales para salvar una vida. Estamos obligando a los internos a sufrir una segunda condena”. 

Las guardias

En el Sistema Nacional de Salud llega una edad en la que ya no se realizan guardias. “Sin embargo, el personal penitenciario las realiza hasta la jubilación y son obligatorias”, comenta Laura. El precio de la guardia está por debajo de la hora ordinaria de trabajo: la presencial se paga a 7,27 euros la hora cuando es una guardia localizada y a 15,99 cuando es presencial. “Con el número de facultativos que hay no se pueden hacer guardias presenciales porque no hay posibilidad material así que, para incentivar las guardias telemáticas, las pagan como si fueran de presencia física pero el facultativo no está allí, sino en Madrid”. 

Ana declara que tampoco hay sustituciones para cubrir las bajas o las vacaciones del personal sanitario de los centros penitenciarios. “La administración tarda entre cuatro y cinco meses para tramitar un contrato de sustitución”. “Esto va a acabar reventando cuando alguien muera y las enfermeras tengamos que ir a juicio por no poder hacer nada. Estamos atadas de manos”, concluye la enfermera. 

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