A clase estando en prisión: más de la mitad de las internas de Alcalá Meco reciben algún tipo de formación

El amplio abanico de estudios y la inserción laboral son, para los docentes, los mejores recursos para la reeducación.

20MINUTOS (MÓNICA TRAGACETE. FOTOGRAFÍA: JORGE PARÍS).- La Comunidad de Madrid tiene seis establecimientos penitenciarios en los que están internadas alrededor 6.600 personas. La mayoría, unas 6.000, son hombres y el resto, mujeres. El grueso de las reclusas se localiza en el Centro Penitenciario Madrid I, situado en Alcalá Meco. Allí conviven unas 420 mujeres, muchas de ellas cumplen una condena judicial, pero también hay un número importante en calidad de preventivas, que quiere decir que el procedimiento judicial que les afecta está en curso.

odas las internas de Alcalá Meco tienen a su disposición el Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) Clara Campoamor que imparte formación muy variada: desde enseñanzas regladas, como Primaria y Secundaria, hasta clases de español para extranjeros, informática, inglés, preparan la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 años…

La oferta es amplísima y es un recurso muy demandado. En Alcalá Meco, unas 240 mujeres, más del 50% de todas las internas, asisten a alguno de los cursos de formación. El año pasado, se matricularon más de 1.300 alumnos en los centros de enseñanza de las cárceles madrileñas, de acuerdo con los datos de la Consejería de Educación.

“Con este servicio se garantiza un derecho humano, un derecho universal, que es el derecho a la educación que tenemos todas las personas, incluidas las personas adultas”, asevera José María García, profesor y director del Clara Campoamor con más de 30 años de trayectoria en la enseñanza para adultos en instituciones penitenciarias. “En las instituciones penitenciarias, que tienen como fin la reeducación y la reinserción social, pues con mayor motivo el que se tenga como prioridad la educación, en todos sus niveles de formación de adultos y en todos sus formatos”, añade García, que ha pasado por numerosos centros por toda la geografía española y ha sido un testigo de excepción de la evolución de la enseñanza en las cárceles.

“Se ha avanzando muchísimo”, detalla el docente, aunque la enseñanza en las cárceles tiene aún una serie de particularidades. Por ejemplo, como no se puede acceder a internet desde el interior no se pueden utilizar pizarras digitales en clases. Pero las alumnas tienen hoy la posibilidad de llevarse a sus celdas periódicos y revistas, algo que hace unos años no se permitía. Ahora también se realizan excursiones desde el centro penitenciario, se colabora con otros centros de adultos… hay más posibilidades que décadas atrás.

El año pasado, la pandemia obligó a un retroceso de varias décadas en la formación. Los diez profesores que dan clase en Alcalá Meco no podían acceder a los módulos y, de algún modo, se volvió a la enseñanza por correspondencia. “Durante el último confinamiento, pudieron ir y venir alrededor de 1.500 sobres con ejercicios en blanco y para corregir”, explica José María García. La situación sanitaria alteró la forma de trabajar habitual, pero no se descuidó el trato con las alumnas. “Les enviábamos notas de aliento manuscritas en los ejercicios”, confiesa el profesor, una forma de que las estudiantes no se desanimaran y siguieran con sus estudios.

Porque formarse durante el cumplimiento de sus condenas representa uno de los pilares de una reinserción exitosa en la sociedad. El otro es el empleo. “Yo lo que les suelo decir es que tienen que plantearse su estancia en prisión como un paréntesis en el que pueden pensar en ellas y para ellas”, apunta el director del CEPA Clara Campoamor.

Transformar el esfuerzo en un título

José María García explica que las internas, si completan con éxito sus estudios, pueden llegar a conseguir el graduado escolar o el título de ESO. Las alumnas que cursan enseñanzas asimiladas a la Primaria y la Secundaria son muy numerosas, como lo son las clases de español para extranjeros porque la población reclusa inmigrante es elevada. En Alcalá Meco ahora mismo puede haber personas de 30 nacionalidades.

No es extraño a las aulas lleguen mujeres que llevan años viviendo en España pero que apenas hablan y entienden el castellano. También es numeroso el número de mujeres que abandonaron la escuela muy temprano para dedicarse a las labores del hogar, a cuidados de hijos y padres o a trabajar y apenas tienen un nivel de neolectora. Poco habituales en el universo penitenciario femenino son las matrículas para estudiar Bachillerato o una carrera universitaria a través de la Uned, pero también se dan.

Las estudiantes del Clara Campoamor están “comprometidas” con su formación y aprovechar la oportunidad que se les brinda, insiste José María García. “Les llama mucho la atención estar estudiando contenidos que cuando hablan con sus hijos o sus nietos, pues pueden estar viendo lo mismo en Primaria y en Secundaria. Esto es una fuente de motivación”, agrega. Si no acaban sus estudios durante su estancia en prisión tienen la posibilidad de trasladar el expediente a un centro del exterior.

Durante sus más de tres décadas como profesor, José María García afirma que no ha sufrido incidentes o problemas reseñables, aunque reconoce que ha conocido algún caso de otros compañeros o en otros centros penitenciarios. En todo caso, apunta, los considera “anecdóticos” teniendo en cuenta que como docentes tienen con sus alumnas “miles de interacciones” al cabo del curso.

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