6.000 funcionarias de prisiones, la minoría carcelaria que vigila a 55.000 internos

Las mujeres apenas representan el 30% del total de funcionarios de los centros penitenciarios en España. Pese a que su presencia ha mejorado desde 2007 sólo en la prisión de mujeres de Ávila son mayoría.

EL INDEPENDIENTE.MIKEL SEGOVIA. FOTOGRAFÍA: ARCHIVO, EL INDEPENIENTE. No es un trabajo sencillo. Requiere algo más que formación. Convivir a diario con aquellos a los que la Justicia ha condenado por delitos en muchos casos horribles, obliga a saber gestionar emociones. En muchos casos la tradición familiar, las condiciones laborales o la búsqueda de estabilidad son la razón que se esconde detrás de la carrera por ocupar un empleo asó. La vocación innata por ejercerlo es difícil de encontrar. En nuestro país cada día algo más de 20.000 hombres y mujeres entran a un centro penitenciario para vigilar, ayudar y convivir con los algo más de 55.000 presos y presas que cumplen condena. El 92% de los internos son hombres.

Es una obviedad afirmar que las prisiones son duras, mucho. Evidentemente, lo son en primer lugar para quienes ven su horizonte próximo, y quizá también el más lejano, privados de libertad. En nuestro país existen 81 centros penitenciarios. En ellos trabaja de media un funcionario de prisiones por cada dos presos, unos y otros mayoritariamente hombres. Pero sólo es una media. La realidad es muy distinta.

Unas plantillas que desde el sector insisten que son insuficientes para la carga de trabajo que conlleva una tarea de este tipo. La plantilla de funcionarios de prisiones debe distribuirse por turnos de trabajo -mañana, tarde y noche- y también por las distintas áreas. De esta forma, en las responsabilidades con contacto directo con los internos el número de funcionarios a cargo de los presos se reduce de modo muy importante.

Hasta no hace muchos años, la presencia de las mujeres entre las plantillas de trabajadores penitenciarios era casi anecdótica. Las cárceles españolas estaban, y aún hoy lo están, copadas por internos varones y por funcionarios de prisiones hombres que los vigilaban y asistían. Esa fotografía comenzó a cambiar hace quince años pero lo hace muy poco a poco y está lejos de mostrar una igualdad.

De los algo cerca de 20.000 funcionarios de prisiones que existen en España, las mujeres apenas representan un 30% del total, casi 6.000. En muchas prisiones ese porcentaje es aún menor. Aún hoy una gran parte de estas trabajadoras está destinada a labores administrativas, de oficina, en los distintos centros carcelarios. Es el único espacio de los complejos penitenciarios donde las plantillas compuestas por mujeres pueden llegar a ser mayoría.

 

Las prisiones de Valencia, con 304 funcionarias (por 520 hombres), la de Madrid VII (Estremera) con 196, la de Castellón con 190 o la cárcel Puerto II de Santa María (Cádiz) con 179 trabajadoras son las que más mujeres tienen en sus plantillas. Pese a ello, ni siquiera en estas cárceles el porcentaje de mujeres logra igualar al de hombres. El porcentaje más elevado se alcanza en Estremera, con un 43% de funcionarias.

Equiparación progresiva desde 2007

La equiparación de plantillas va en aumento de año en año. Todo comenzó a cambiar en 2007 con la aplicación de la Ley de Igualdad y que puso fin a las convocatorias de plazas para hombres y para mujeres. Hasta entonces, los procesos de selección se llevaban a cabo por separado, con una mayor oferta de puestos, muy superior, para los hombres frente a los reservados a mujeres. Incluso en la asignación de los perfiles de plazas se clasificaban en función del género.

María ha visto cómo el número de compañeras va en aumento, a pesar de hacerlo poco a poco. Lleva 14 años como funcionaria de prisiones. Ha pasado por distintos centros; Morón, Sevilla, Puerto I y ahora en Puerto III. En el Puerto de Santa María ser funcionaria de prisiones no extraña, ni siquiera si se es mujer, no en vano en este municipio existen tres centros penitenciarios, con lo que ello implica en términos de empleo.

Ella no quiere oficinas sino contacto con los internos. Asegura que su trabajo le gusta y que el respeto que le profesen o no los internos no dependerá de ser hombre o mujer, “eso se lo gana uno”. Su anterior empleo no tenía nada que ver las celdas y los barrotes, “yo me dedicaba en la empresa privada al tema de ordenadores”, asegura.

Afirma que su trabajo, pese a no ser algo vocacional, lo realiza con agrado. “Somos una función esencial, aunque no estemos muy reconocidos ni social ni institucionalmente”, lamenta. Ahora está destinada en un módulo mixto, el de Enfermería. Antes lo hizo en módulos de hombres y afirma que no tuvo ningún problema: “A mi no me resulta difícil trabajar en un entorno de hombres. No le veo mayor complejidad y creo que por parte de los internos tampoco. El respeto se lo gana cada persona, independientemente de que sea hombre o mujer. No diría que los internos me traten de modo distinto a lo que lo hacen con un compañero hombre”.

Ávila, la excepción

Apenas en una veintena de las prisiones españolas el número de funcionarias supera el centenar. Tan sólo en la prisión para mujeres de Ávila las funcionarias son mayoría, el 51% de sus 140 trabajadores. En las tareas que tienen asignados los funcionarios de las cárceles existen pocas limitaciones relacionadas con el género de los trabajadores. Los cacheos son una de ellas. Los cacheos por palpación o cacheos integrales deben llevarlos a cabo funcionarios del mismo género que el interno. También existen determinadas limitaciones en los llamados módulos residenciales, donde debe haber al menos un funcionario del mismo género que de los internos que se encuentran en el módulo.

María asegura que las plantillas de las prisiones se equipararan en pocos años. Ya en la oposición de 2020 entre los aprobados el 55% eran mujeres: “Antiguamente había una escala masculina y otra femenina y la diferencia de plazas era muy grande, 500 para los hombres por quizá 100 para mujeres», señala: “Ahora es una escala única y todos podemos acceder a las mismas plazas”.

Muestra de la mayor demanda de las mujeres por formar parte de este ámbito laboral es lo sucedido en el proceso de refuerzo de personal llevado a cabo recientemente en las tres prisiones vascas, cuya gestión asumió el Ejecutivo de Urkullu en octubre de 2021. Pese a ser uno de los lugares donde la amenaza terrorista más impactó en en forma de ausencia de candidatos para ocupar estos puestos –gran parte de la plantilla de funcionarios procede de otras Comunidades Autónomas-, en la última convocatoria de la bolsa de trabajo las mujeres han sido mayoría, 36 de las 51. Desde esta semana, tras un breve periodo de formación, han comenzado a trabajar en las cárceles de Basauri, Zaballa y Martutene.

«Este trabajo me gusta»

Con la mayor presencia de mujeres en la vida diaria de los centros, también las resistencias que históricamente han existido para destinar a mujeres a determinadas funciones se han ido relajando: “Las circunstancias han cambiado mucho. Antes las direcciones de los centros penitenciarios solían ser reticentes a ponerte a realizar determinadas tareas, pero eso se ha ido normalizando con el tiempo”.  Hoy son muchas las mujeres que están al frente de una prisión en nuestro país. La cárcel de Logroño es la última que ha incorporado a una mujer como directora, Laura Peña, nombrada este pasado viernes. También las cárceles de Sevilla, Burgos, Tenerife, Basauri, Martutene o Villena, entre otras, están dirigidas por mujeres.

“Yo estoy en este trabajo porque quiero. Hay días buenos y otros no tanto, pero quería unas condiciones de trabajo y prefiero estas que estar en un instituto dando clases. Me gusta”, afirma María. Lamenta que la de funcionario de prisiones no sea una profesión que se valore suficientemente ni social ni institucionalmente, “deberíamos estar más reconocidos”: Con los policías, la Guardia Civil, por ejemplo, existe ese reconocimiento, pero yo no veo a ningún niño chico que diga que de mayor quiere ser funcionario de prisiones”.

El progresivo envejecimiento del personal penitenciario facilitará esa equiparación. Actualmente la edad media de los funcionarios supera los 52 años. En muchas prisiones los trabajadores con más de 60 años empiezan a ser numerosos: Topas (152), Asturias (116), Valencia (100), Leon (93) o Albolote (75) son los más llamativos.

La necesidad de cubrir las plazas que las jubilaciones dejen vacantes podría convertirse en el camino hacia una equiparación completa entre hombres y mujeres en las plantillas de las cárceles españolas.

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