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SON Y ESTÁN

«Nuestra sociedad se equivoca queriendo evitar la delincuencia solo con más prisión»

3 de noviembre de 2019

Amparo Morillo Arjona. Psicóloga de la Asociación Zaqueo para la Reinserción Social. Desde hace 12 años se afana, a pesar de la escasez de medios, en lograr una meta que debería ser prioridad política y de la opinión pública: que el mayor número posible de personas que pasan por las cárceles de Sevilla dejen de ser delincuentes y enderecen su vida de modo positivo, por su propio bien y por el de la sociedad.

ELCORREOWEB.ES (JUAN LUIS PAVÓN).- Estupenda la paella que uno de los cuatro residentes de la Casa Abierta estaba preparando en el patio mientras otro de ellos me enseñaba habitaciones, aseos, despensas... En el salón se conversaba, y la televisión no estaba encendida. “Pasamos tantas horas viendo la tele en la cárcel que cuando estamos aquí de permiso lo que más deseamos es hablar con otras personas”. Testimonio a bote pronto en la sede de la Asociación Zaqueo para la Reinserción Social, entidad fundada en 1996 por la monja adoratriz Carmen Sánchez, al ver la mayor dificultad que padecían los hombres respecto a las mujeres para rehacer sus vidas tras cumplir sus condenas por mantener menos vínculos familiares. Zaqueo es ahora presidida por la procuradora Inmaculada Ruiz Lasida y tiene su principal base en la difícil labor que realiza, con reclusos en régimen penitenciario de segundo y tercer grado, la psicóloga sevillana Amparo Morillo, de 40 años, que reside en Sevilla Este con su pareja y tienen un hijo de año y medio de edad. Porque en la sociedad española actual se escucha muy poco la máxima de la escritora y pionera del feminismo Concepción Arenal: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

¿Cuáles son sus raíces personales?

Mis padres están jubilados los dos. Han sido arquitectos. Me crié en el barrio de Santa Clara, estudié en el Colegio Santo Ángel de la Guarda. En mi adolescencia me planteaba dedicarme al arte. Me gustaban mucho la pintura, las manualidades. Pero me enfoqué hacia la carrera de Psicología y la labor social porque con 17 años empecé a colaborar en Cáritas como voluntaria. Empecé con un taller infantil para niños del Polígono San Pablo. Y después viví una gran experiencia viajando a Ecuador para estar allí tres meses trabajando con niños de la calle.

¿Sus primeros trabajos en Sevilla?

En programas de alfabetización en el Polígono Sur, con mujeres del barrio que no sabían ni leer ni escribir. En escuelas de verano en ese barrio y en Los Pajaritos. En centros educativos de Mairena del Aljarafe impartí formación sobre educación sexual, prevención de drogodependencia, prevención de trastornos de conducta alimentaria,...

¿Cuándo se vinculó a la Asociación Zaqueo?

En 2007, desde la Universidad Olavide me seleccionaron para hacer prácticas remuneradas en esta asociación, que entonces tenía su sede en Santa Clara, mi barrio, donde yo no residía ya. Y he seguido trabajando de modo permanente, nos trasladamos a Sevilla Este y después a Valdezorras, en una casa cedida por Cáritas, donde estamos muy a gusto. La integración con el vecindario es magnífica, muchos vecinos colaboran, incluso nos regalan alimentos, enseres...

¿Cuál es su principal cometido?

El pilar básico de la asociación es desarrollar el programa Casa Abierta, esta es una casa de acogida para los internos. El Código Penal establece que, para la reinserción social, tienen que ir saliendo de una forma gradual para readaptarse a la sociedad. Disfrutan de una serie de permisos y, después, podrían pasar a un tercer grado e, incluso, a una libertad condicional. Con una condición fundamental: que haya una tutela familiar. Si no tienen red social de apoyo, entramos nosotros en acción para hacernos cargo de esa acogida, y, en coordinación con la institución penitenciaria, que disfruten de los permisos en nuestra casa de acogida.

¿Cómo reforzó su formación para este reto?

Me han supervisado muy buenos profesores del máster en terapia familiar y de sistemas que se imparte desde el Hospital Macarena, y en el que ahora también soy docente. Lo que más me impactaba, al principio, era tratar a gente de mi edad. Quieras o no, te identificas más, y veía la vida tan dura que han tenido... Jóvenes con problemas de drogadicción cuyas familias han tirado la toalla en una convivencia insostenible. Otros que han vivido casi siempre o en reformatorios o en prisiones. Yo tenía el recuerdo de haber conocido, en mi etapa juvenil, y en campamentos de verano, a niños amparados por el antiguo centro Talita Kum, y descubrir que eran mucho más víctimas que verdugos. Mientras los jóvenes como yo disfrutamos con una vida familiar que nos aporta tantas alegrías y oportunidades, ellos carecían de esos apoyos, de esos apegos. Es injusto que su origen, que no depende de ellos, les condicione con tanta dureza.

¿Cuántas personas trabajan en Zaqueo?

Dos personas contratadas: Guillermina, la monitora, que reside en esta casa, y yo. Contamos con la colaboración de doce voluntarios. Cuando yo comencé éramos cinco trabajadores. Con la crisis, disminuyeron mucho las ayudas públicas, pero hemos conseguido que siga viva. Nuestro presupuesto anual es ahora de solo 60.000 euros. Tenemos algunos socios benefactores. Y cada mes de marzo se organiza una gala benéfica en el restaurante La Raza. El presidente del Grupo La Raza, Pedro Sánchez Cuerda, está en la junta directiva de Zaqueo y también la presidió, es sobrino de la fundadora.

Texto completo en PDF adjunto.

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