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INSTITUCIONES PENITENCIARIAS

El CIS de El Puche cobra vida con los primeros internos de tercer grado

5 de octubre de 2019

Ahora mismo son 14 pero el lunes ya serán 18 los presos que cumplan su pena en este espacio. El edificio acoge de forma paralela la gestión de medidas alternativas como cursos, trabajos en beneficio de la comunidad, etc.

DIARIO DE ALMERIA (M.M.).- Aunque se ha hecho de rogar, el Centro de Inserción Social (CIS) ‘Manuel Pérez Ortega’ se encuentra ya en funcionamiento. Todavía sin la plantilla prevista, aunque los trámites ya están en marcha para que esté completa lo antes posible, 14 internos a los que les ha sido concedido el tercer grado ya hacen uso de estas instalaciones. Y el lunes serán 18, porque según explicó este viernes durante una visita al CIS el director del centro penitenciario El Acebuche, Miguel Ángel de la Cruz, la junta de tratamiento deriva a entre cuatro y cinco reclusos a la semana desde el pasado once de septiembre, en una fase progresiva de adaptación al nuevo sistema.

Es cierto que el propio subdelegado del Gobierno, Manuel de la Fuente, celebraba el pasado 24 de septiembre la apertura del CIS, recociendo, eso sí que no se ha abierto “en las condiciones que nos hubiera gustado a todos”. “Conocen la actual situación política y que tenemos unos Presupuestos prorrogados, pero les ratifico la voluntad de este Gobierno de ir atendiendo todas las demandas que se han ido quedando aparcadas en los últimos años”, subrayó entonces De la Fuente.

En estas dependencias se custodia los medicamentos de los internos, se les da una atención sanitaria básica y se llevan a cabo controles de orina semanalesEn estas dependencias se custodia los medicamentos de los internos, se les da una atención sanitaria básica y se llevan a cabo controles de orina semanales

Con todo, los funcionarios destinados a este centro dan lo mejor de sí mismos. Aquí hay internos que pasan todos los días de la semana pero pueden salir sábados y domingos. Otros, ya sea por trabajo y estudios, salen todos los días y vuelven a dormir, siempre y cuando lo haya acordado así la junta de tratamiento. Por ejemplo, uno de los internos sale a diario para asistir a clase en un instituto cercano en el barrio de Los Molinos. También deben pasar por el CIS aquellos con medidas telemáticas, la celebre “pulsera”, a los que se hace un seguimiento quincenal. Estos últimos suponen unas 40 personas.

Las instalaciones, que llevan el nombre de un funcionario de Instituciones Penitenciarias, asesinado por ETA el 28 de junio de 1991 en el Centro Penitenciario Sevilla I, en la explosión de un paquete bomba que mató a otras tres personas, cuenta con una superficie de más de 4.000 metros cuadrados, repartidos en planta baja y dos plantas, con un centenar de habitaciones, dos de ellas para personas con movilidad reducida. El resto son dobles, lo que supone una capacidad para 198 personas.

Sala de Juntas del CIS, en la que el director de El Acebuche, Miguel Ángel de la Cruz (segundo por la derecha) mantiene un encuentro con parte de la plantilla.Sala de Juntas del CIS, en la que el director de El Acebuche, Miguel Ángel de la Cruz (segundo por la derecha) mantiene un encuentro con parte de la plantilla.

Tiene además zona de estancia con comedor, economato, zona asistencial con despacho médico, sala de curas, etc., zona ocupacional con biblioteca y un taller productivo para que los internos e internas puedan estudiar o aprender un oficio en la última etapa de la reinserción.

El CIS, construido por la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios y de la Seguridad del Estado (SIEPSE) con criterios de sostenibilidad y seguridad, alberga además un Servicio de Gestión de Penas y Medidas Alternativas, para aquellos condenados a Trabajos en Beneficio de la Comunidad (TBC) o a someterse a programas de tratamiento a fin de evitar la entrada en prisión.

Con un funcionamiento independiente del CIS en sí, hasta el punto de que se accede al mismo por otro punto ubicado en un lateral, el Servicio de Gestión de Penas y Medidas Alternativas realiza itinerarios personales para cada condenado, buscando el lugar adecuado para que trabajen en cumplimiento de su pena o con cursos vinculados a su delitos. Así, por ejemplo, aquellos condenados por delitos contra la seguridad vial, participan un par de días a la semana en estas acciones formativas que no suelen prolongarse demasiado en el tiempo. Más complejo, exigente y prolongado es el caso de aquellos penados por crímenes relacionados a la violencia de género.

Así mismo, se cuenta con funcionarios que verifican que la persona en cuestión se encuentra dónde debe de estar, con visitas sorpresa a sus centros de trabajo.

Ahora mismo las instalaciones parecen grandes en proporción a la población a la que acogen en este momento, pero están adaptadas a un futuro que se antoja inminente. Basta con ver el comedor, con 72 asientos dispuestos; o la lavandería y su maquinaria industrial; o el gimnasio;las salas de talleres y las aulas... Todo está pensado a lo grande. Lo único que no se hará en el CIS son los productos alimenticios, que serán trasladados en perfectas condiciones sanitarias desde El Acebuche. Todo lo demás queda en manos de los internos, que como en la prisión, serán tan responsables como si estuviesen en la calle.

El CIS cuenta también con su pequeño apartado médico que coordina los tratamientos, hace asistencias básicas y además realiza cada lunes un análisis de orina -en realidad se hace como tal en el Hospital Torrecárdenas- para comprobar que ninguno de los que allí residen ha tomado alguna sustancia estupefaciente.

Como al director Miguel Ángel de la Cruz le gusta decir de El Acebuche, es una pequeña ciudad en miniatura en la que los internos tienen los mismos derechos y posibilidades que el resto de ciudadanos. Precisamente, los CIStienen como meta facilitar la inserción social y familiar de los internos, contrarrestando los efectos nocivos del internamiento y favoreciendo los vínculos sociales. Por ello, aparecen como un modelo de establecimiento para régimen abierto determinado en cada caso por los tribunales de Justicia.

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