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ARTÍCULO DE OPINION

La cárcel de Carabanchel, ¿leyenda urbana?

10 de agosto de 2019

VERDAD JUSTICIA REPARACIÓN

DIARIO PÚBLICO (LUIS SUÁREZ, miembro de La Comuna).-  ¿Se puede asegurar fehacientemente que hubo alguna vez una cárcel en Carabanchel? Y, ya puestos ¿hubo alguna vez un centro de detención y tortura en una Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol de Madrid? Quienes padecimos cárcel y torturas en esos lugares, ¿no lo habremos, en realidad, imaginado todo en una especie de pesadilla o sugestión colectiva?

Podría seguir formulando preguntas retóricas, pero creo que su sentido está claro: nada permite hoy adivinar el pasado de aquellos lugares, ningún testimonio o documento oficial transmite in situ su historia durante el pasado siglo. En particular, la pugna en torno a la cárcel de Carabanchel, su demolición y reivindicación, ha devenido en un culebrón jalonado de fracasos que retratan a una sociedad y, sobre todo, a unas instituciones públicas -no sólo locales, sino también en este caso estatales-, que se mueven entre el negacionismo histórico y la cobardía frente al pasado. El último episodio se vivió en el Pleno Municipal de Madrid el pasado 29 de julio.

Enésimo desprecio institucional a la memoria de la cárcel

‘El gobierno municipal no renuncia a la memoria, pero no va a suponer un ejercicio de adoctrinamiento ni un derroche de los recursos públicos’; el memorial ‘solo serviría para dar una visión sesgada de nuestra historia’. Son palabras de Engracia Hidalgo, concejala del PP del ayuntamiento de Madrid, justificando la eliminación de la partida para un ‘memorial’ en los terrenos de la cárcel que había presupuestado el anterior gobierno municipal (Ahora Madrid), según iniciativa en tal sentido presentada por Vox.

El ‘memorial’ en cuestión era, según narran los medios, una ‘instalación informativa’ consistente en un muro que ‘identificase y homenajease al centro penitenciario’. Con independencia de la imprecisión de esta información, el hecho es que la propuesta se movía en el plano simbólico, no se aproximaba ni remotamente al demandado Centro de la Memoria, por una parte, y por otra, no había sido ni consultada ni mucho menos consensuada, que se sepa, con ninguna organización o colectivo de la sociedad civil.

Desde el punto de vista de estos colectivos, la situación producida se resumiría así: 1. A lo largo de la anterior legislatura no se ha avanzado nada en el objetivo del Centro de Memoria Cárcel de Carabanchel; 2. A última hora, el gobierno municipal saliente decide hacer un gesto ‘memorial’ sin encomendarse a nadie, para lo que reserva una partida en el presupuesto de este año; 3. El gobierno entrante de derecha y ultraderecha decide que ni gestos, ni nada, y elimina dicha partida. En definitiva, estamos donde estábamos, pero con una cierta sensación de ninguneo adicional, con una capa añadida de frustración.

Se deduce que la idea de la derecha madrileña en relación a la memoria del franquismo, cuando ni tan siquiera un muro que recuerde la existencia de una cárcel emblemática como la de Carabanchel les resulta soportable, se resume así: que se olviden poco a poco hechos y lugares, que vayan muriendo en el camino los mayores, y que finalmente la respuesta a preguntas como la del título sea: ‘esas no son sino leyendas urbanas, o, como mucho, heriditas que no hay que reabrir’.

De hecho, en ese mismo Pleno, se ha debatido la decisión municipal de paralización de la obra ya iniciada y completada, al parecer, en un 80%, del Memorial del Cementerio del Este (ahora de La Almudena), conmemorando a las casi 3.000 personas fusiladas por la dictadura contra sus tapias entre 1939 y 1944, paralización defendida por la portavoz del PP con el argumento de que ese memorial era ‘sectario e injusto’ y contribuiría a ‘reabrir heridas’.

Vale la pena observar que la derecha en este último caso se ha escudado a su vez en argumentos previos del ya desaparecido Comisionado de la Memoria Histórica, órgano creado por el ayuntamiento presidido por Manuela Carmena, sin consulta alguna con el memorialismo madrileño, y repudiado desde su misma concepción por este debido a su equidistancia -franquistas y antifranquistas-, y por su composición -incluía varios declarados negacionistas.

Una derecha que no reconoce los crímenes del franquismo no es demócrata

Que en materia de Memoria la derecha ‘moderada’ española, pretendidamente demócrata, es una anomalía en el concierto internacional y particularmente europeo, no es sino una perogrullada u obviedad, que, sin embargo, hay que volver a denunciar ante actos que lo corroboran de manera tan palpable como los citados. Sin ánimo ni mucho menos de loar a las derechas liberales europeas, es evidente que, en general, su reconocimiento y abominación de los horrores del nazismo y fascismo, su distanciamiento de las nuevas versiones de estos, su respaldo a la construcción de la memoria democrática y antifascista, ofrecen un contraste chocante con nuestra incivil derecha.

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