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UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA HIPÓLITO PRADAS

“Cuando sales de la cárcel no sabes hacer otra cosa que aquella por lo que entraste”

26 de mayo de 2019

Hipólito Pradas relata las dificultades que tienen para integrarse de nuevo en la sociedad los presos. Y habla de ello con conocimiento de causa. En su caso, colabora para que otros exreclusos se reenganchen a la vida.

EL HERALDO (CAMINO IVARS).- Hace unas semanas, un recluso que ingresó en la cárcel en 1985 y que había vivido prácticamente entre rejas desde entonces, intentaba quitarse la vida en la cárcel de Huelva ante la negativa de poder volver a la cárcel. Tan solo 15 días antes, otro reo del mismo lugar intentaba, sin suerte, hacer lo mismo. Fuentes del sindicato de prisiones Acaip aseguraban que, en ambos casos, los reclusos se veían incapaces de vivir de forma autónoma fuera del centro penitenciario.

Pero, ¿cuál es la realidad en Aragón? ¿Qué ocurre cuando un preso, tras vivir una larga estancia entre rejas, vuelve a pisar la calle? En opinión de Hipólito Pradas, quien ha pasado la mayor parte de su vida en distintas prisiones, absolutamente nada. Nacido en Almuradiel, Ciudad Real, hace 57 años, llegó a Zaragoza cuando “todavía era un chaval” junto a su familia, sus padres y ocho hermanos. Tras haber pasado más de dos décadas en diferentes prisiones, hoy dedica su vida a ayudar a otros compañeros sin recursos para que puedan defenderse ante las injusticias que, asegura, también sufren ellos.

“Desde que era muy joven, con menos de 15 años, el grupo de amigos que nos juntábamos en el barrio –La Almozara- comenzamos a robar”, reconoce. Hoy, a muchos de sus compañeros de entonces se los ha llevado la droga o el VIH. En 1984 pisó la prisión por primera vez. Tenía 23 años. “Ahí la droga ya nos arrastraba por completo, estábamos enganchados a la heroína, y todo giraba en torno a ella”, afirma. Un año después fue condenado a 12 años y medio por atracar varios bancos. Tras cumplir condena, Pradas volvió a prisión en varias ocasiones por distintos delitos, hasta salir definitivamente en 2017.

Ante la pregunta de por qué no cambió de vida en otro momento, la respuesta es contundente: “¿Cómo iba a hacer planes de futuro en un lugar en el que no hay con qué soñar? En la cárcel vives al día y cuando sales no sabes hacer otra cosa que aquella por lo que entraste”, asevera. Recuerda especialmente el último día que abandonó la cárcel de Zuera como uno de los más duros de su vida. “Cuando vuelves a la calle saben perfectamente que no tienes nada. Te meten en un taxi hasta la estación de autobuses, y de allí te pagan un billete de autobús hasta Delicias. Y, una vez allí… nada”, rememora el expresidiario.

“¿Cómo iba a hacer planes de futuro en un lugar en el que no hay con qué soñar?"

En sus palabras, es ahí donde empiezan los verdaderos problemas. “Es extraño. Se supone que tú ya has pagado por lo que has hecho, pero al volver a la calle te sientes completamente solo, aunque estés rodeado de gente no hay nadie, nadie quiere tener cerca un expresidiario”, admite. Por eso, asegura que la reinserción debería de comenzar desde dentro de prisión. “Necesitamos respuestas educativas integrales para rehabilitar a los internos, no puede ni debe aislarse a los presos de la sociedad porque la misión de la cárcel debería de ser educadora”, continúa.

 

(DOCUMENTO COMPLETO EN PDF ADJUNTO)

 

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