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España repatría a presos en cárceles peruanas: "Lo primero que he hecho ha sido besar el suelo"

15 de junio de 2018

EL MUNDO (EUROPA PRESS).- “Lo primero que he hecho ha sido besar el suelo", dice en el aeropuerto de Madrid-Barajas Alejandro Almón, de 47 años y, según cuenta, 87 kilos más delgado que hace siete años, cuando entró a cumplir condena en una cárcel peruana.

"Vivíamos con ratas y teníamos que pagar por vivir en la cárcel, por comer, si no pagas, no hay hospital, te puedes estar muriendo que si no hay dinero no te atienden, la atención al extranjero es nula", cuenta este español, que asegura que en siete años ha visto morir a 19 españoles en la cárcel por falta de atención.

Alejandro es uno de los 67 españoles que los ministerios del Interior y Exteriores han repatriado este viernes desde Perú. Un total de 31 son reclusos que han sido trasladados directamente desde el avión a cárceles españolas para cumplir sus condenas, otros 31 han sido repatriados por motivos humanitarios -muchos de ellos estuvieron presos y han cumplido su condena- y cinco más estaban en prisión pero han visto conmutada su pena.

Ese es el caso de Alejandro, que iba a ser trasladado como preso pero en el último momento lo ha sido como hombre libre. Por eso, su madre, de 82 años, no sabe que su próximo plan es ir a Vigo a reunirse con ella. "Ir a ver a mi madre, que es lo que más añoro, y tomarme una cerveza", se ríe.

Al aeropuerto se han trasladado efectivos de Cruz Roja y Samur Social para ayudar a quienes necesiten trasladarse a otros lugares de España o no tengan familia ni medios de subsistencia. Apenas media docena salen acompañados de familiares.

A Víctor Manuel Díaz, de 42 años, le han ido a buscar sus dos hermanos y ahora quiere "rehacer su vida" trabajando, como antes, en la construcción. Este madrileño cumplió íntegramente una condena de seis años y 10 meses y desde marzo ha estado con otros ex reclusos en la casa de acogida de la "hermana Merche", una seglar de la Congregación del Obispado de Callao con la que se siente agradecido.

Casi todas las historias se parecen. Todos los presos cumplen condena por tráfico de drogas, algunos dicen que los engañaron y otros que cometieron "un error", pero ahora están contentos, incluso -dice Alejandro- los que van a la cárcel.

Perú llegó a ser el país con más presos españoles en el exterior, con más de 300 a principios en 2016, pero ahora quedan 77, según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, principalmente gracias a los tres vuelos de repatriación organizados por el Gobierno desde principios de 2017 (con un total de 93 reclusos).

"Es una tremenda alegría para ellos y para sus familias, y también para el Ministerio, es un éxito", asegura la directora general de Españoles en el Exterior y de Asuntos Consulares y Migratorios, María Victoria González-Bueno.

Un total de 1.033 españoles cumplen condena en cárceles extranjeras. El Gobierno está obligado a darles asistencia -y una pequeña ayuda económica si no tienen medios y las cárceles son peores que en España-, a través de los consulados y, en los países que tienen firmado convenio con España, a tramitar su traslado.

No obstante, son raras las repatriaciones masivas. Generalmente los condenados viajan a España de forma individual, pero el de Perú, dice González-Bueno, "se aplica de manera especialmente flexible, porque el acuerdo lo permite".

A ello se suma la buena relación entre los dos países, el interés de ambos en que se produzcan los traslados y el hecho de que haya muchos españoles cumpliendo condena allí. Los 67 españoles han viajado en trayecto de vuelta de un avión en el que, el jueves, fueron repatriados 68 colombianos y cinco peruanos en situación irregular.

La situación de los presos en el extranjero también es objeto de especial seguimiento por parte del Defensor del Pueblo. Su titular en funciones, Francisco Fernández Marugán, también ha acudido a recibirlos: "Costó mucho trabajo convencer a las autoridades peruanas pero lo hemos logrado, quedan algunos y lo volveremos a intentar en los próximos meses".

Entre los repatriados por motivos humanitarios no todos son presos. En el vuelo viajan tres niños, una de ellas Gabriela, de cinco meses, que ha sido el "pasaje" a España de su madre. "Sabrina, 36 años, española", dice riéndose y aún "en shock" después de 10 años en Perú.

El Ministerio de Exteriores tramita cada año repatriaciones de españoles en situación de especial vulnerabilidad -un total de 43 personas fueron trasladadas en 2017-.

Sabrina es uno de ellos. Llegó a Perú hace 10 años desde Barcelona, "cansada de España y de trabajar en la noche", se enamoró, tuvo un hijo, se quedó y, cuando quiso volver, se encontró que por estar en situación irregular debía pagar una multa que no podía afrontar y que necesitaba la autorización del padre de su hijo, que es peruano.

Paradójicamente, padre e hijo están ahora en Málaga. "Yo ahora de España no me muevo", asegura.

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