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De la cárcel a encontrar un empleo: el circuito de reinserción en Catalunya

9 de mayo de 2018

El 74,7% de la población activa de la prisión de Lleida trabaja con el Centre d’Iniciatives per a la Reinserció (CIRE)

La Vanguardia (ROSA MATAS).-  “La cárcel de Lleida te da la oportunidad de trabajar en la cocina, en labores de costura o en talleres; así puedes aprender un oficio y trabajar luego para una empresa de fuera”. Así cuenta su experiencia Pere –nombre ficticio para mantenerse en el anonimato– desde el Centre Penitenciari de Ponent. Tiene el tercer grado, está a punto de acabar su condena de nueve meses por conducir sin puntos y la semana pasada consiguió un empleo en una empresa. De hecho, tenía dos ofertas: una para trabajar tres meses y otra para nueve. Se decidió por la que le permitirá trabajar más tiempo.

“En la prisión te pagan si tienes trabajo o lo que llamamos un destino, como limpiar los patios, los lavabos o las galerías. En el módulo mi destino era limpiar el patio de vasos de café, de latas, de bolsas, de colillas...”, explica. “Hay gente que tira cosas adrede, presos que llevan muchos años: a veces rompen un folio en tres mil cachitos y te lo tiran para que lo barras”, relata este interno, que también lavó platos en la cocina. Cuenta que obtiene un destino todo aquel el preso que desea trabajar, aunque muchos no quieren. Por limpiar los patios a él le pagaban 120 euros al mes.

Pere también es uno de los presos que ha trabajado en Raimat, a través de los talleres del Centre d’Iniciatives per a la Reinserció (CIRE), la empresa pública de reinserción de los presos que ofrece formación a los internos y talleres productivos a empresas colaboradoras. Por ejemplo, los presos fabrican mobiliario para el Departament de Justicia, carros de fruta o hacen trabajos de revestimientos interiores de fibra de vidrio para vagones de trenes de alta velocidad.

“Hice estos cursos del programa Reincorpora de la Caixa y me he sacado tres diplomas: el de manipulador de alimentos, el de riesgos laborales y el de carretillero para llevar máquinas, excavadoras o toros”, cuenta. “Al final vinieron empresarios a ver cómo trabajábamos y me hicieron dos ofertas: ahora ya trabajo en un pueblo cerca de Lleida con una carretilla”, explica.

Con 762 personas reclusas en Lleida y una media de población activa de 590 personas, la población ocupada llega a 441. Esta cifra significa que un 74,7% de la población activa de la penitenciaria de Ponent trabaja con el CIRE. Pere es uno de estos casos.

Catalunya ha registrado una disminución importante de reclusos a lo largo de la última década. Actualmente hay 8.400 personas reclusas y 6.300 de ellas son población activa. En 2017 la empresa pública gestionó 4.280 ocupados en toda Catalunya. También ofreció formación a 2.325 personas, casi un 40% de los reclusos catalanes. Según los datos de Justicia, la facturación del CIRE alcanzó los 50,2 millones de euros.

Formación práctica y certificados de capacitación

Paola Sancho, directora de Formació i Inserció, asegura que el CIRE trabaja con el modelo FOI (formación, ocupación e inserción) y es referencia en Europa. Argumenta que es un modelo de éxito porque los internos tienen una formación certificada como la que recibirían en la calle. “Reciben una acreditación oficial reconocida tanto por el tejido empresarial catalán como por el sistema educativo; el tejido productivo es quien define claramente las competencias que se necesitan para un puesto de trabajo y estas se les imparten”, explica.

En este sentido insiste que a nivel académico, si un preso hace una formación certificada cuando sale de la cárcel puede convalidar alguna de las asignaturas si quisiera hacer una formación dentro del sistema educativo público. La directora destaca que en todos los centros penitenciarios y educativos de Justicia Juvenil del sistema penitenciario de Catalunya hay talleres productivos en los que empresas privadas y públicas contratan parte de su producción.

Para Paola Sancho el trabajo en las cocinas, las lavanderías, los officesu otros servicios es una herramienta que permite al interno consolidar hábitos profesionales, laborales y personales –como puntualidad, trabajo en equipo, prevención de accidentes...– para incorporarse al mercado de trabajo real. Además el CIRE tiene una bolsa de trabajo, que según Sancho es la única en toda España que se dedica a personas bajo una medida judicial y que está articulada específicamente como puente entre el mundo penitenciario y el laboral.

“Trabajamos en un modelo de intervención por competencias haciendo un diagnóstico de la ocupabilidad de la persona para ver sus puntos fuertes y débiles y trabajar aquellas competencias que le sean necesarias para el desarrollo de un puesto de trabajo”, sintetiza. Este análisis se materializa en un plan de trabajo individualizado para cada interno atendido, que “hace que la persona se sienta acompañada y trabaje todo lo importante para después poderse incorporar con éxito a un puesto de trabajo”.

Reticencias de la empresas

La directora reconoce que algunas empresas tienen reticencias al empezar a trabajar con personas que están bajo medidas judiciales pero ve una correlación directa entre las posibilidades de contratación y el grado de conocimiento de las actividades del CIRE. En 2006 cuando comenzó a implantarse la bolsa de trabajo las empresas privadas suponían un 20% de las ofertas y hoy llegan al 70%.

Los oficios más demandados son mozo de almacén y todos los relacionados con la restauración y con la hostelería como camarera de pisos, auxiliar de cocina o pinche. Poco a poco llegan ofertas para puestos de una cierta responsabilidad: “Tenemos encargados de cocina en algunos hoteles y restaurantes de prestigio”, apunta la directora.

l centro tiene convenio con la Escuela de Hostelería de Barcelona y con el Centro de Estudios Turísticos: “Intentamos firmar acuerdos de colaboración con todas aquellas entidades que nos permitan un puente muy claro dentro del sector empresarial”, agrega.

El polígono de Raimat, en revisión

El CIRE inició hace unos meses una revisión del modelo productivo del polígono de Raimat, donde los internos ya no fabricarán más palets y cajas para la campaña de la fruta. La de 2017 fue la última. En cambio, la actividad metalúrgica continúa. “A veces uno tiene que parar y ver si debe reinventarse: con la disminución de la población penitenciaria nos resultaba más complicado llevar a cabo una campaña de tanta envergadura como la fabricación de palets y cajas para empresas vinícolas”, señala la directora.

Ahora el CIRE pretende reforzar el taller de Raimat y convertirlo en un modelo de trabajo penitenciario que pueda acoger no sólo a personas en régimen ordinario, sino también a personas en régimen abierto y en libertad condicional.

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