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La cárcel, ¿condena de por vida?

18 de noviembre de 2017

Hay que luchar para lograr un cambio de actitud social hacia quienes han estado en prisión

EL PERIÓDICO.COM – (SONIA FUENTES).- En su conocido libro El panóptico, Jeremy Bentham propone un sistema que permite reconocer a las personas reclusas en caso de fuga. El mecanismo es muy sencillo: se trata de que estas personas lleven ropa asimétrica, de forma que su bronceado, fruto de sus trabajos al aire libre, las delate. Por tanto, lo que nos propone es imprimir una marca en el cuerpo, vinculándolo así a la idea griega del estigma. La marca.

En los años 60 del siglo XX, Goffmann reintroduce el término añadiendo la dimensión subjetiva y situando los procesos de estigmatización como fenómenos culturales inherentes a las comunidades, que generan sus propias «normas de identidad». La asunción de esa identidad asignada por el grupo y la consiguiente pérdida de confianza en las posibilidades de cambio serían efectos derivados.

Trascender la responsabilidad individual

La importancia de abordar este tema en el ámbito de la acción social es incuestionable. En los últimos años, varias iniciativas han planteado objetivos que, más allá de la sensibilización y de la generación de opinión pública favorable, apuntan a un cambio en las percepciones grupales mediante la denuncia, el activismo y la propuesta de herramientas que permitan un acercamiento normalizador, no estigmatizante. Un ejemplo es Obertament, alianza de lucha contra el estigma y la discriminación que sufren las personas debido a un diagnóstico de salud mental. Esta lucha pasa por otorgar a esas personas un rol protagonista en la consecución del cambio de actitudes y creencias necesario para abrir paso a una nueva mirada. En esta línea se sitúa también la estrategia BCN Antirumores, integrada en el Plan BCN Interculturalidad, o Hatento, observatorio de delitos de odio y violencia que pueden sufrir las personas sin hogar.

Todas estas iniciativas comparten un sustrato común: trascienden la responsabilidad individual y abordan procesos de generación de identidad o de inclusión de personas que conviven con una realidad diferente. Desde esa mirada, las posibilidades de inclusión y de promoción social guardan relación con el contexto. Si nos encontramos ante una comunidad cerrada, con una fuerte presencia de estereotipos, será muy difícil que la persona haga otra cosa que aquello que se espera de ella. Por el contrario, si la comunidad transmite de forma clara un mensaje favorecedor del cambio y ofrece espacios para su acompañamiento, más allá de la acción profesional, la reinserción será más factible.

Sin frivolizar ni minimizar lo ocurrido

En el ámbito de la ejecución penal, este ha sido un tema poco trabajado hasta ahora. El activismo social en primera persona o la narración de historias de éxito son caminos a desarrollar, con las dificultades que puedan comportar. Es evidente que se trata de un recorrido en el que la humanización de las circunstancias y las emociones vividas pueden ayudar a un acercamiento más empático y menos estigmatitzante. Pero por otra parte, el proceso debe hacerse también sin frivolizar ni minimizar los hechos ocurridos, desde el respeto y la sensibilidad que la temática requiere. Todo un reto.

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