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Arrugas entre rejas

6 de octubre de 2017

España cuenta en la actualidad con unos 2.300 reclusos mayores de sesenta años pero no dispone de ningún centro especializado para atender las necesidades de estos internos

LA VOZ DE GALICIA.ES – (ALEXANDRE CENTENO).- «Estuve una temporada en preventivo. Mezclado con gente de todo tipo: violadores, asesinos... Ahí te encuentras de todo. Conmigo, nunca se metieron, pero es desagradable presenciar peleas. Llegas a vivir escenas incómodas. Es duro. Muy duro». Es el testimonio de J. S. M., un obrero con décadas de andamio a sus espaldas al que la crisis condenó al paro, y algunas alcoholemias al volante lo llevaron a compartir celda con peligrosos delincuentes.

El suyo no es un caso aislado. Aunque existe la creencia de que, llegada una edad, uno puede hacer lo que sea que no va a la cárcel, la realidad tumba el mito. Cada vez es más frecuente ver condenas a mayores de sesenta, setenta e incluso ochenta años. Los números hablan por sí solos. En España, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias tiene registrados cerca de 2.300 reclusos que superan la sexta década de vivencia. Se trata del 3,8 % del total de la población interna, que a 30 de mayo del 2017 ascendía a 59.195. De ellos, unos 350 son mayores de setenta, y medio centenar sobrepasan los ochenta. Sin embargo, en todo el país no existe ni un solo centro especializado para atender las necesidades de estos internos que, en muchos casos, se ven obligados a compartir espacio con delincuentes de elevado grado de peligrosidad.

Nuestro país no es el único con esta carencia. Pocos estados cuentan con centros geriátricos, o módulos específicos, para los mayores que entran en prisión. Sin embargo, son varios los que están tratando de adaptarse al notable aumento de la delincuencia en edades avanzadas, con la creación o adecuación de espacios para esta población reclusa que crece. Suiza, Alemania, Gran Bretaña o Estados Unidos son ejemplos de naciones sensibilizadas. España, en cambio, sigue el camino contrario. Ha pasado de tener un geriátrico penitenciario en la Modelo de Barcelona, dependiente eso sí de la Generalitat de Cataluña, a quedarse sin ningún centro especializado tras el cierre de esta prisión el pasado mes de junio.

 

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