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Cárceles gallegas, entre la falta de funcionarios y la sobreocupación

7 de mayo de 2017

Los datos aportados por los sindicatos señalan un déficit de 160 funcionarios entre todos los penales de la Comunidad La masificación se extiende, aunque en menor nivel, a los módulos de primer grado, con los reclusos más peligrosos

ABC.ES – (PATRICIA ABET, SANTIAGO).- En la prisión pontevedresa de A Lama conviven a diario 1.300 reclusos, pese a que las instalaciones de este penal tipo solo están preparadas para acoger a un millar de presos. De su seguridad se ocupa un plantel de funcionarios que en los últimos años ha ido mermando hasta llegar a un extremo que quienes conocen los entresijos del trabajo entre rejas consideran «límite». El problema, explican fuentes del sindicato Acaip a ABC, es que las plantillas en Galicia son muy veteranas y llevan cinco años sin cubrirse las bajas, las jubilaciones o los traslados. En el caso concreto de A Lama, el cuerpo de funcionarios está en estos momentos formado por 460 personas cuando — indican— en realidad debería haber cerca de 500. «Y aquí no hay sustituciones como en el Sergas», lamentan. De todos los efectivos, además, solo se dedican a la vigilancia directa de los presos unas 240 personas, porque el resto se reparten en otros departamentos como el sanitario o el de administración. «Por eso, si alguien se pone enfermo un día, ya le está generando un problema al compañero. Además, te expones a que te llamen durante una libranza o en vacaciones argumentando problemas de personal», afirman desde Acaip.

La fotografía de la realidad de A Lama se repite en todos los penales gallegos, donde la carencia de funcionarios de prisiones es palpable. Los sindicatos hablan de un déficit en el conjunto de la Comunidad que roza los 160 puestos y las consecuencias se empiezan a vivir, como indican desde Acaip, en algunas prisiones como la de Pereiro de Aguiar, donde han tenido que cerrar dos módulos debido a la falta de personal para su vigilancia. En Teixeiro, de iguales dimensiones que A Lama, faltan al menos 50 personas, en Monterroso unas 20 y en el caso de Bonxe otras tantas. Y la previsión no apunta a que las plazas puedan cubrirse, pese a que Galicia es uno de los destinos más solicitados del territorio nacional y hay muchos funcionarios sumando puntos en prisiones del sur para poder pedir el traslado a la Comunidad.

A la falta de efectivos que velen por la seguridad de los penales se suma otra circunstancia, la de la sobreocupación reclusa, que ha llevado a los funcionarios a remitir un comunicado al Ministerio del Interior anunciando un calendario inminente de movilizaciones. Los sindicatos aseguran que es una lacra común a todas las prisiones españolas, de la que Galicia tampoco se libra. Desde Comisiones Obreras afirman que las cárceles españolas «son incapaces de absorber los 4.000 nuevos internos que hay cada año» y, en el caso concreto de la Comunidad gallega, la masificación se convirtió hace tiempo en un fenómeno transversal. «Es cierto que no estamos tan mal como en los años 2009 ó 2010, cuando en A Lama llegamos a tener 1.900 reclusos, pero sigue habiendo sobreocupación», aseguran fuentes sindicales. La consecuencia directa de este hacinamiento es que las celdas deben duplicarse para acoger a más reos de los permitidos.

Población reclusa: 3.500

La población reclusa en Galicia excedía a finales del año 2015 los 3.500 internos. Para atenderlos se habilitaron celdas complementarias en casi todos los centros, pero aún así los datos no cuadran. Prueba de ello es que en Teixeiro hay unos 1.100 calabozos y cerca de 1.300 presos. La diferencia puede no parecer demasiado exagerada, pero los funcionarios advierten: «Tener 20 internos de más en un módulo es brutal a efectos de vigilancia y de tranquilidad. Pasas de tener un módulo más o menos coherente a enfrentarte a uno apelotonado». El principal peligro, evidencian, es que a más gente, más riesgo de conflictos. «Las peleas y las rivalidades forman parte del día a día de la cárcel y todos pasamos por situaciones de riesgo. A veces te toca enfrentarte a reyertas en las que piensas a ver qué va a pasar cuando me meta ahí...», resumen quienes viven la realidad carcelaria desde dentro para recordar que la seguridad también tiene un coste.

Los más peligrosos: tres funcionarios para un solo preso

En la mayoría de prisiones tipo existen los conocidos como módulos de primer grado. Aquellos en los que se interna a los presos más conflictivos y en los que las medidas de seguridad son férreas e insalvables. Un ejemplo son las salidas al patio, limitadas a dos horas al día y siempre en compañía de tres funcionarios. Estos presos no pueden compartir celda, pero los problemas de saturación también se dan. «La masificación en estos casos es menor, aunque alguna hay», señalan desde Acaip para explicar que a estos módulos solo van a parar los condenados por delitos de sangre muy graves o quienes han tenido una evolución muy negativa entre rejas. Muchos de ellos, además, padecen problemas psiquiátricos que los convierten en impredecibles y exigen un nivel de seguridad límite.

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