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La fama de «mulero» y los antecedentes no son indicios para condenar por tráfico de drogas

21 de diciembre de 2016

Un juez absuelve a un interno de Villabona (Asturias), sorprendido con 15 bellotas de hachís y marihuana, porque podía ser para su autoconsumo «en 10 ó 15 días»

LA VOZ DE ASTURIAS.ES – (PILAR CAMPO, OVIEDO).- El recluso Rubén M.B. fue sorprendido por los funcionarios del Centro Penitenciario de Villabona con 15 bellotas de hachís y un envoltorio con marihuana que ocultaba en el interior de su cuerpo y que, según el criterio de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Asturias, escondía con la intención de distribuirlas dentro de la cárcel entre el resto de reclusos. Sin embargo, el titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Oviedo le ha absuelto al considerar que la fama de «mulero» que tenía entre los funcionarios de prisiones, sus antecedentes por tráfico de drogas y el haber sido «pillado in fraganti» con las sustancias estupefacientes no son indicios, ni pruebas de cargo suficientes por sí solas para condenarle, teniendo en cuenta además que el acusado era adicto a las drogas desde más de la mitad de su vida. Era el tercer preso, en apenas seis meses, que se sentaba en el banquillo de los acusados de un tribunal de justicia para responder de su presunta responsabilidad en un delito de tráfico de drogas «intramuros».

El magistrado-juez José María Serrano Alonso, titular del Juzgado de lo Penal número  1 de Oviedo, ha interpretado que la droga intervenida en el cuerpo del acusado, Rubén M.B.,  iba destinada exclusivamente hacia su autoconsumo. Asimismo entiende que, tal y como mantenía el abogado defensor José Manuel Fernández González, el preso tenía intención de consumir la droga incautada durante los diez o quince días posteriores a ser sometido al cacheo.

El acusado, de 30 años, había manifestado, en la vista oral del juicio, que era adicto al cannabis y la cocaína desde que tenía 18 años. El 8 de octubre de 2014, sobre las 20.10 horas, los funcionarios del Centro Penitenciario de Villabona, donde permanecía recluido, le sometieron a un registro. El interno llevaba 15 bellotas de hachís y un envoltorio con marihuana, con un peso total de 146,35 gramos de resina de cannabis y 1,52 gramos de marihuana, con un valor en el mercado negro de 804,925 euros y 146,35 euros, respectivamente. La Fiscalía solicitaba para él la imposición de una pena de cuatro años y seis meses de prisión, así como una multa de 2.853 euros.

En el juicio declararon los funcionarios que le registraron. Sin embargo, el magistrado-juez consideró acreditada la versión del interno de que era adicto a las drogas a través de los informes médicos presentados y al tomar como base varios hechos constatados. Entre otros, que no existía dato alguno que llevase a afirmar que «el propósito era facilitar el consumo por terceras personas», así como que la cantidad incautada no permitía inferir que el destino «fuera el tráfico». De la misma manera, José María Serrano estima que no es indicio para deducir tal propósito «el que sea conocido por los funcionarios de Prisiones como mulero, ya que por sí solo, no es indicio para deducir el propósito de traficar», puesto que la adicción a las drogas está acreditada y la cuantía de la droga incautada no permite excluir el destino de consumo propio «durante 10-15 días».

Rubén M. cuenta con antecedentes penales por tráfico de drogas tras haber sido condenado, en sentencia firme, a una pena de  tres años de prisión, por lo que la Fiscalía interesaba que en el caso de ser condenado se le aplicase la circunstancia agravante de reincidencia; una situación que descarta el magistrado-juez.

Contra esta sentencia cabe interponer recurso de apelación en el plazo de diez días siguientes a su notificación.

 

Tres presos juzgados en seis meses

Rubén M. era el tercer preso que era juzgado en Asturias en apenas seis meses. El pasado mes de junio, otros dos internos fueron acusados, en procesos judiciales independientes, por su presunta responsabilidad en la tenencia de droga para su supuesta venta a otros reclusos, tras intentar eludir la vigilancia de los funcionarios.

Un interno había sido sorprendido, al volver de disfrutar un permiso penitenciario, con 4,63 gramos de resina de cannabis, 3,28 gramos de resina de cannabis y 1,69 gramos de heroína, con una riqueza del 23%, que, según confirmaba la Fiscalía, «iba a distribuir dentro del centro penitenciario». Estas sustancias, ocupadas el 17 de junio de 2015, hubieran alcanzado un valor de 25, 18 y 157 euros, respectivamente. La Fiscalía solicitaba una condena de cuatro años de prisión y multa de 600 euros.

Otra interna portaba, escondidos en el sujetador, 2,02 gramos de resina de cannabis, que le fueron interceptados el 26 de abril de 2014 y que, según la calificación fiscal, «iba a vender dentro de la prisión». La reclusa afrontaba una petición fiscal de tres años de prisión.

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