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Interior pone en marcha un plan para rehabilitar yihadistas en las cárceles

11 de noviembre de 2016

Estudia colaborar con imanes moderados para evitar la radicalización de los presos

LA VOZ DE GALICIA.ES – (AGENCIA COLPISA, MADRID).- Instituciones Penitenciarias teme que decenas de presos condenados por yihadismo y de reclusos comunes radicalizados en las cárceles que están cerca de recuperar su libertad, en muchos casos volverán a la calle más integristas que cuando entraron. El Ministerio del Interior considera este problema una cuestión de «defensa social» y ha puesto en marcha por primera vez un plan de choque para rehabilitar a esos presos yihadistas. Un programa que conmina a los responsables de las prisiones a no tirar la toalla en la reeducación por difícil que parezca el reto.

Los otros dos planes antiyihadistas puestos en marcha en el 2014 y el 2015 se había centrado en extremar el control de los internos radicales para evitar que hicieran proselitismo entre otros reclusos o dieran órdenes desde las cárceles. Aquellas acciones han tenido éxito, pero no son suficientes. El mensaje de Yuste es nítido: no basta almacenar en las prisiones a los presos yihadistas o radicalizados y dar por imposible su rehabilitación porque esos internos van a recobrar su libertad y pueden convertirse en una grave amenaza para la seguridad pública. Ya ha ocurrido con una decena de expresos que luego se han reintegrado en células terroristas o que, incluso, las han liderado, como ocurrió en el caso de Alekema Lamari (11M).

«La administración penitenciaria, además de garantizar la retención y custodia, tiene la obligación de propiciar el conjunto de actividades directamente encaminadas a conseguir la reeducación y reinserción. Esta obligación legal no desaparece respecto a internos vinculados a bandas terroristas», apunta Yuste. Y ello, a pesar que Interior admite la «dificultad objetiva para reconducir las convicciones tan intensas que sostienen los planteamientos de los internos radicales islámicos». Es más, Instituciones Penitenciarias asume el error de haber dejado como imposibles esos casos extremos y no haber puesto en marcha antes «programas específicos de tratamiento» para estos «internos radicalizados». «Lo fraguado en el interior de una prisión puede exportarse a otros centros penitenciarios o al exterior, siendo un foco que retroalimenta las actividades criminales», avisa la circular.

El objetivo prioritario del plan es «contrarrestar las actitudes radicales que pudiesen favorecer la germinación de comportamientos potencialmente peligroso que trasciendan la mera estancia en prisión»

Tres grupos

La instrucción, como hacían anteriores directivas internas, distingue entre tres grupos de presos integristas, todos incluidos en el fichero de internos de especial seguimiento. El colectivo A, el de mayor riesgo, está formando por los encarcelados por actividades yihadistas. Son internos con «ideología radicalizada» y con «fuerte arraigo de valores de ideología extremista». En el grupo B están «líderes captadores» dentro de las prisiones que, aunque no fueron encarcelados por yihadismo, hacen «proselitismo» y «captación». El C es el de presos, también comunes, «radicalizados o en proceso de radicalización».

El programa fija para el grupo A una «intervención intensa de carácter individual y con suficiente continuidad temporal». Interior quiere una vigilancia extrema sobre la evolución de estos internos con vistas a «acreditar el rechazo a la violencia» y a la «desvinculación» de la yihad. Instituciones Penitenciarias, no obstante, no se llama a engaño porque dada la dificultad de la reinserción de este colectivo, la inclusión en este plan es «reversible».

A los internos de los otros dos grupos se les va a tratar de manera similar. El plan para estos integristas no tan radicalizados tiene dos instrumentos principales. El primero es la introducción en esos círculos penitenciarios de «internos de apoyo musulmanes» colaboradores de Instituciones Penitenciarias con «elementos de protección» por si son rechazados por los integristas. El segundo es contar con la «ayuda de imanes moderados» que deberá facilitar la Federación Islámica Española para intentar desvincular a los internos de prácticas integristas. La receta de Interior para alejar de la yihad a esos radicales de los grupos B y C es la misma, «promover la interpretación moderada alejada de perspectivas extremistas, evitando, en todo caso, la criminalización de prácticas religiosas perfectamente legítimas.»

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