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Estructura social de Villahierro

15 de septiembre de 2016

DIARIO DE LEÓN – (CARLOS ANTÓN ROGER FUNCIONARIO DE PRISIONES).- Quisiera dejar claro antes de nada, que este artículo es enteramente personal. El tiempo, la experiencia y el estudio me han encaminado hacia unas conclusiones que quiero presentar buscando un punto de vista justo, lógico y desapasionado.

El Sistema Penitenciario en este país ha cambiado tanto (al margen de las exiguas reformas) que su mismo lastre nos ha conducido y nos canaliza a los dedicados a él profesionalmente —en el sentido trabajo-aptitud, actitud-capacidad—, a la transmisión de la demanda social en toda su evolución.

Ahora bien, esa evolución mencionada nos está indicando el estar acorde con la propia sociedad que, a fin de cuentas, es la que marca el avance o retroceso de lo externo o interno, (leamos cárceles, queda claro). Profundizando algo más en todo el contexto, advierto a lo largo del tiempo, pasado y presente, el título del artículo, que no es otro, que un régimen político común; comunismo (adecuado al régimen de vida interior), pero, ojo, tal y como se plantea en el exterior; sociedad interna como estructura social, poseyendo todos los fundamentos y manifiestos del sistema apuntado.

Intentaré explicarme: Si la economía capitalista está basada fundamentalmente en el principio de libertad; comprar, vender, obrar, etc… sin restricciones políticas ni morales, el anhelo de ser uno mismo, no debe ser jamás un medio para los fines de otro y es por ello mismo, que la libertad «real» del individuo ha disminuido, no ha cambiado el hecho, sino la forma de dependencia, y trasladada a las cárceles, la vemos, la ven, como ese «miedo» (no olvidemos que el hombre más peligroso, es el que tiene miedo), impuesto al individuo y considerado por él, como autoritario; disciplina y miedo consciente como deseo de libertad, de libertad decisoria; o sea, el deseo sobredicho, pero alterado. La Libertad es y será siempre una ilusión necesaria y peligrosa, pero no cabe duda que es lo más seguro que tenemos.

Por espacio de años y años, Villahierro (objeto de este artículo, aunque todas las demás incluidas), dicta cuando acostarse, comer, levantarse, comunicarse, limpiar, etc... Como se advierte, una disciplina diametralmente opuesta al mundo capitalista externo y sin existencia en el interior, ese interior «aburrido» y justificado por lo dicho; justificable por los propios internos en el trabajo y la ocupación en actos o actividades en la mayoría de los casos. Es el «Lobo» al que se agarran tratando de encajar en la práctica interna, con más o menos indiferencia, buscándose su propia cura, pero ya se han amoldado a la cremallera interna sin fin, cumplir con su condena en la mayoría de los casos, y en otros más variados ¡adiós a la esperanza! y con la misma, ¡adiós al miedo! y la estructura social citada, se transforma en represión, pues así lo dictan los armazones estamentales, contribuyendo con ello a perpetuar la posición de subordinación de las clases dominadas.

Las cárceles en España, a diferencia de las nuevas tecnologías, las encuestas de opinión, la sociología electoral, el corporativismo, no parecen despertar un gran interés entre sociólogos y en gran parte debido a las clases dominantes, en manos, como todos vemos, de la mesocracia pura y dura, interesada en que el sistema comunista interno, viva y trascienda en ellas, pero sin traspasar sus muros.

La propia cárcel sirve y ha servido siempre, para mantener en la sociedad, la idea de venganza obligatoria, erigida en virtud, pero este sistema judicial actual y equivocado, falla con los opulentos y acaudalados, exentos o no adecuados al sistema explicado de comunismo intrínseco, en su opción interior. La prisión, las prisiones, lejos de asegurar la igualdad entre todos los que las comportan ante la ley, contribuyen a la división de la sociedad, favoreciendo la ficción de que las leyes coinciden con la justicia y su función actual, no eminentemente social, sino económica.

Un día de sopetón, el sistema que ha marcado al interno, al convicto en cuanto a vida y tutela, le planta en la calle (el sistema carcelario se desmorona) su condena ha finalizado, ¿una jornada mágica para él? ha llegado... años encerrado y se convertirá en capitalista; ¡compóntelas como puedas! 

Búscate ocupación, aprende a despertarte por tus medios, llega puntual a tu trabajo, adminístrate el dinero que puedas ganar, en definitiva, hacer todo aquello que tu reclusión te había prohibido, impuesto o tal vez limitado. en un porcentaje alto, el fracaso casi está asegurado, muchos reinciden; no existen otras alternativas.

Analizando el mercado laboral, el sistema eminentemente socio-laboral de las cárceles, adolece de unas carencias evidentes, condena social y retribución de vida y presos, funcionarios, psicólogos, médicos, enfermeros, educadores, asistentes sociales, ... enganchados al sistema político, adeptos, por tiempo y sin tiempo, para atajar el despropósito marcado sin fin. No es posible cambiar el conjunto, sino la forma de vivir en lo interno, lo externo lo dejamos al margen. Es la propia sociedad la que marca esa unión y para más abundamiento, dicta las pautas a seguir, en connivencia con la clase política, que siempre ordena.

Weber exponía, que la característica del mundo moderno, es el resultado de una evolución psicológica del orden general, y yo colijo que abarca a todos los estamentos, yo y mucha más gente. Cientos, miles de externos, que en realidad son internos. ¡Cada cual que se mire dentro de sí!, dogmático a ciencia cierta, comunismo interno y capitalismo externo, estructura del propio título, pena de nuestro país. ¿Quién puede parar esta maquinaria? La estructura carcelaria globalmente no cambiará jamás, es imposible: Por imperativo legal.

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