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La vida adentro, mediación penitenciaria

7 de agosto de 2016

DIARIO JORNADA.COM (DANIELA PATRICIA ALMIRÓN, ABOGADA-MEDIADORA, ARGENTINA).- Se cierra una puerta, sí, como en las películas. Y tiene que abrirse otra, así es. Con el ruido que se escucha en las películas también. La que más les guste, “Milagros Inesperados” con Tom Hanks, “Sueños de libertad” con Tim Robbins y Morgan Freeman, o “El hombre de Alcatraz” con Burt Lancaster, cuestión generacional mediante.

Entre una puerta y otra estamos los cuatro mediadores, frente a tres fotografías. Una muestra una cala en blanco y negro en primerísimo plano y con un pistilo sobresaliente. La siguiente, una camisa calzada en un cuerpo y donde ha de estar el nudo de la corbata, acomodada la caja de un reloj de pulsera, y su correspondiente malla, también en blanco y negro. Por último, en colores, un colchón de corchos sobre el que descansan unos racimos de uvas morados y una jarra de terracota con vino. Barcelona estética, te halles donde te halles. ¿Y por qué tanto detalle?, porque imaginen el tiempo que estuvimos ahí, hasta que abrieron las puertas y todos circulamos cada cual a donde iba. A un lado, y a otro, empleados del Centro Penitenciario de “Quatre Camins”, al que habíamos llegado hacía tres horas, y ya íbamos de salida. La jornada había comenzado a las 8.30 cuando Aidá me pidió que lo esperara en la parada Vallcarca, en la salida del Parque Güel. Y me encontré rodeada de turistas que iban hacía el parque, bajo un sol abrasador.

En mi fundamentalismo de mediación, desde que conocí que se realizaba esta práctica de mediación, ansiaba poder tener esta experiencia.

Los responsables de que sucediera fueron mis compañeros mediadores de esa jornada, Carol, Marta y Aidá, de la Fundación Gentis, y la propia Institución que autorizó mi ingreso y estadía en esa jornada.

Estaba previsto junto con Yolanda, la Educadora de la Institución, una hora destinada a formación de un grupo de internos anotados al efecto.

Eran once internos, que fueron haciendo un ejercicio de presentación, atravesado por risas y complicidades de conocerse. También de legitimación, ya que fueron reconociendo aspectos positivos de cada uno. Luego se trabajó un ejercicio sobre el conflicto. Con todo respeto a nuestra querida Escuela de Negociación de Harvard, con Fisher y los siguientes, los internos alumnos dieron una verdadera clase de Teoría del Conflicto. Para quedarse de una pieza con sus reflexiones. La cárcel cuenta con un equipo de fútbol, por tanto había futboleros allí, y por supuesto fui pasible de uno que otro chiste en relación a la Copa América.

Luego estaba previsto un Encuentro de Mediación individual, con un interno.

Los mediadores intervienen en aquellos casos provistos por la institución, en cuanto a las situaciones que se han presentado durante la semana, y que implican una falta al Régimen Disciplinario, constituyen situaciones válidas de abordarse en mediación, en la medida que las partes intervinientes lo acepten.

No obstante también pueden intervenir a pedido de un interno de manera espontánea.

Ese día compartí la co-mediación con Marta, con quien nos habíamos conocido hacía un par de horas. ¿Cómo puede congeniarse tan bien? ¿Cómo se puede comediar tan ensambladamente si apenas nos conocíamos? Llámele empatía, profesionalismo, calidad personal. Todo eso en Marta seguro. Estábamos en la escuela, donde se destinan aulas a efectos de los encuentros de mediación. Y vino quien aquí llamaré Tito. Alto, altísimo, de piel negra brillante senegalesa. Con una sonrisa pintada y gorra de los Yankees.

Ese hombrón de modos educados y corteses, estuvo conforme en que yo participara del encuentro. Nos contaba lo que había sucedido con otro interno, lo que sentía, y lo que quería, y lo bien que le hacía conversar con nosotras.

Al salir del Centro y recuperar mi teléfono que había quedado guardado en el locker, le pedimos a un empleado que entraba al Centro que nos tomase una fotografía, frente al nombre del Centro Penitenciario. Nos miró desconcertado. ¿Desde cuándo es interesante tomarse una fotografía en el frente de Quatre Camins?!! Desde que, como mediadora, cumplí un sueño, en esto de explorar los infinitos espacios de la mediación, y se cumplió, para poder contarlo y reproducirlo.

Este proyecto en particular, para llegar al reconocimiento institucional con el que hoy cuenta, ha debido transitar su propio camino.

Directivos y demás integrantes del Centro reconocen a los mediadores y su trabajo, aunque queda mucho por hacer. Lo importante es que, paso a paso, fue creciendo y legitimándose con todos los actores de ese espacio.

La vida intramuros amerita trabajar en la colaboración de la gestión de los conflictos entre los internos. El efecto no sólo es entre ellos y en esa comunidad, sino que trascenderá con la familia y allegados que los visiten y al cumplir sus condenas y salir.

Si la comunidad afuera necesita aprender a gestionar sus conflictos de manera pacífica y ordenada, cómo no en el adentro. No es inaudito ni exagerado, en mi parecer; es justo, humano y multiplicador.

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