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Antonio, un testimonio de una cadena perpetua de hecho: "No tiene sentido que siga en la cárcel"

18 de junio de 2016

"Antonio representa el mayor fracaso del Estado en política social. No se consiguió evitar que cometiera robos y, tras cumplir una condena, no se le supo integrar socialmente", señala su abogado "Llevo 32 años en la cárcel. No soy un asesino ni un violador. No puedo más. Sólo soy un ladrón", argumenta el interno, al que le restan doce años y medio en el centro penitenciario de Córdoba, donde recibe a eldiario.esandalucia Los jueces le deniegan los permisos de salida por su "profesionalidad delictiva" y la "lejanía de las fechas de cumplimiento"

EL DIARIO.ES – (JAVIER RAMAJO, CÓRDOBA).- Acaba de cumplir 52 años, tiene seis hijos y diez nietos. El tiempo de cumplimiento de condena que pase sobre él es de 58 años y 247 días. Aún le restan doce años y medio. Desde hace ocho meses, comparte celda con su hijo de 23 años, al que también le unen sus tres iniciales. Antonio C.V. puso su primer pie en prisión en 1979, tras robar un coche junto a un amigo. "No tiene sentido que tengan tanto tiempo en la cárcel a una persona como yo", insiste pese a poder caer en la clemencia a la que se agarran tantos presos. Pero esta versión moderna de “En el nombre del padre” tiene unas características particulares que abren el debate, con la prisión permanente revisable a punto de cumplir un año en España, a lo que se denomina desde el punto de vista penitenciario como una cadena perpetua de hecho.

Recién estrenado junio, el calor es bastante sofocante ya en la prisión de Alcolea. Difícil imaginar las temperaturas en pleno verano. En el control de accesos, el acento cordobés resuena en cada conversación. Muchas familias se saludan, es de suponer que de visitas anteriores. ¿Cuáles serán sus historias? La espera se alarga, casi una hora. Una puerta se cierra a la espalda antes de que se abra la siguiente mientras el nutrido grupo de padres, hermanos, amigos, espera el momento entre bromas. Llama la atención el alto número de menores, incluso algún bebé, que protagoniza la comunicación. Antonio espera en su cabina, la que corresponde a su módulo.

"Esto es desproporcionado. Llevo 32 años en la cárcel. No soy un asesino ni un violador. No puedo más". Superadas las tres cuartas partes de la condena, que cumple el 31 de diciembre del 2028, su abogado ha interpuesto un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional tras denegársele el último permiso de salida. "La desesperación del interno es tal que había dejado de intentar permisos durante un largo tiempo", consta en un recurso previo. El pasado 3 de diciembre la Junta de Tratamiento de la Prisión de Córdoba le denegó nuevamente un permiso. El Juzgado de Vigilancia, primero, y la Audiencia, después, con el apoyo del fiscal, desestimaron su recurso en febrero y marzo.

"Condenado como si fuera un asesino"

"Sólo soy un ladrón. ¿Conmigo quieren una condena ejemplarizante? Yo no soy nadie. Tuve una evolución positiva en prisión, lo demostré. Jamás he herido a nadie con un arma y estoy condenado como si fuera un asesino. Por dios, acaba de salir Urrusolo Sistiaga de la cárcel a los 19 años después de participar en nueve asesinatos y dos secuestros. Yo ya he pagado por lo mío. Llevo seis años y medio sin ver la calle", explica el interno en su cabina.

¿Qué dicen los jueces? "Somos conscientes de la necesidad de que una persona con ese horizonte penitenciario debe albergar alguna perspectiva de futuro que le evite caer en la desesperación, pero frente a ello también comprendemos, y esa es la labor de los técnicos que lo tienen bajo su supervisión y que evalúan el riesgo de reincidencia o quebrantamiento, que si en una nueva salida volviese a delinquir o no volviese al centro, todo lo que se hubiese avanzado hasta ahora se perdería", argumenta la Audiencia, que también dice entender las "suspicacias" de la Junta de Tratamiento al respecto del permiso.

Esas "suspicacias" aluden a permisos disfrutados entre 2003 y 2005, a un tercer grado concedido en 2005, a una libertad condicional de 2006, revocada en enero de 2010. ¿Qué pasó entonces? A.C.V. parece derrumbarse un poco, por primera y única vez en los cuarenta minutos de encuentro. A la muerte de su esposa en 2009 se agarra tanto el interno para tratar de justificar la comisión de nuevos delitos, como los distintos tribunales para negarle un ápice de libertad. "He cometido muchos errores, pero eso pasó hace siete años". Su recurso incide en que la recaída en las drogas y todos los nuevos hechos delictivos se realizaron entre noviembre de 2009 y enero de 2010. "Mi padre murió también aquel año. Yo no estaba bien. A nadie le ha hecho tanto daño como a mí todo eso. Llevo toda la vida en la cárcel. No tengo nada". "Dada una oportunidad, la misma se aprovechó exitosamente durante seis años", recuerda su recurso, que reflexiona así sobre su hipotética reincorporación a la sociedad:

Antonio ve denegados sus permisos de salida porque "el riesgo actual de reincidencia es elevado" dada su "dilatada e intensa trayectoria delictiva". El fiscal recoge en su informe de febrero que el interno ha cometido durante su vida numerosos robos con violencia, con tenencia ilícita de armas, lesiones, amenazas, que requieren "un mayor período efectivo". "Se considera necesario mayor avance en su programa individualizado de tratamiento para que el permiso pueda tener incidencia positiva y no ser un mero beneficio penitenciario", argumenta el fiscal, que añade la "profesionalidad delictiva y lejanía de las fechas de cumplimiento".

Según relata su abogado a este periódico, "Antonio representa el mayor fracaso del Estado en política social. No se consiguió evitar que cometiera robos tras cumplir una condena; no se le supo integrar socialmente y en la actualidad lleva ocho años sin que ningún profesional se le acerque (educador, trabajador o psicólogo). ¿Cómo se puede esperar un cambio en una persona sin poner recursos y en este ambiente tan hóstil? Antonio incumplió normas pero tantas como el Estado lo está haciendo con él, incumpliendo el mandato constitucional de reinserción". Según expone Valentín Aguilar, "una medicina que no tiene éxito en general -la reincidencia tras pasar por prisión es del 48% en hombres- es eliminada. Y en cualquier caso, si a un paciente le sienta mal, es modificada. Esto es lo que le ocurre a Antonio".

Su caso lo llevan desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)...

 

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