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La civilización era eso: de la cadena perpetua a la prisión perpetua

13 de junio de 2016

Un repaso histórico a la aplicación de la cadena perpetua en España deja como conclusión que la 'prisión permanente revisable' que trajo la última reforma del Código Penal supone la privación de libertad más larga impuesta a un preso

DIAGONALPERIODICO.NET – (PEDRO OLIVER OLMO).- La cadena perpetua nació legalmente en España con los inicios del Estado liberal y ya no sería abolida hasta la reforma penal de la Dictadura de Primo de Rivera. Los dos grandes hitos de la codificación penal del siglo XIX –1848 y 1870– obligaban a los condenados a cadena perpetua a llevar una cadena de hierro en el pie colgada desde la cintura o atada al pie de otro reo. De ahí le viene el nombre a la famosa pena.

Si no contamos con los precedentes de las penas a trabajos forzados que fijaron los liberales del Trienio en el Código de 1822, fueron ocho las décadas de completa vigencia de la máxima pena privativa de libertad: de 1848 a 1928. Con todo, lo más relevante para un lector del siglo XXI quizás sea su posteridad fáctica, el hecho de que después de desaparecer formalmente, la cadena perpetua tuviera una inquietante manera informal de perdurar, ocultada, innombrada, con la creación en la práctica de penas largas y muy largas.

Si vamos más allá de los códigos y sus reformas, las que la Historia del derecho archivó en su acervo documental, y más allá del gesto de Victoria Kent en 1931 cuando ordenó fundir todas las cadenas que habían aherrojado a los presos, nos interesa saber qué ha quedado en nuestra historia de aquella larga experiencia punitiva. A pesar de que sigue siendo más llamativo acudir a la historia para destacar la violencia de los crímenes y desordenes que podían ser sancionados con cadena perpetua (parricidios, asesinatos alevosos, insurgencias contra el Estado, atentados terroristas, etcétera), no nos conviene obviar los efectos humanos que provoca una violencia institucional tan extrema, o mejor dicho, la amenaza de un castigo tan inasumible por la naturaleza humana: encerrar a un ser humano de por vida.

No es un ejercicio insubstancial de “buenismo”. ¿Por qué practicar la compasión hacia un pasado que ya pasó, del que no queda memoria viva? Porque quien no logre empatizar con sus antepasados penados tampoco querrá ver las consecuencias dañosas de la penalidad del presente. Porque, para ser más precisos con este tema, hoy no existe la cadena perpetua pero existe “la prisión perpetua”. (...)

TEXTO COMPLETO DEL ARTÍCULO EN ESTE ENLACE: www.diagonalperiodico.net/libertades/30663-la-civilizacion-era-eso-la-cadena-perpetua-la-prision-perpetua.html

Pedro Oliver Olmo es profesor de Hª Contemporánea en la UCLM. Ha coordinado el libro “La cadena perpetua en España: fuentes para la investigación“ (junio de 2016, acceso libre en Internet).

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