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«No se puede ir a prisión por 480 euros, por eso pagué la multa de Cristina»

5 de junio de 2016

SUR – (JUAN CANO).-«¿Es él?», preguntaba Cristina Cerezo a su abogado, nerviosa como una colegiala, al verlo asomar la cabeza. Al otro lado del pasillo, en la puerta de su despacho, la esperaba el empresario malagueño que la había librado de la cárcel, su «ángel de la guarda» particular que, pese a su gesto, quiere permanecer en el anonimato; lo llamaremos –es nombre ficticio– Jesús. «¡Gracias!», repite ella una y otra vez tras el encuentro, en el que se fundieron en un largo abrazo. «No tengo palabras para agradecérselo –insiste–; y no se preocupe, que voy a devolvérselo poco a poco.

Desde que su abogado le dijo que «alguien» había pagado los 480 euros que la justicia le reclamaba, y por los que podía acabar en prisión, Cristina tuvo el empeño de hablar con él, darle las gracias y ponerle rostro. SUR asistió al encuentro, que tuvo lugar en el despacho del empresario y duró aproximadamente una hora. «Lo había imaginado de otra manera. No sé, algo mayor, más gordito, con barba... Menos sofisticado», bromea ella.

Sólo unas horas después de que la historia de Cristina llegara a los quioscos y apareciera publicada en la edición digital de SUR, Jesús se topó con la noticia. El titular era: «Ordenan a una madre en paro de Benalmádena que ingrese en la cárcel por no pagar 480 euros de multa». Cristina está separada y tiene dos hijos de 6 y 16 años a los que saca adelante con grandes esfuerzos. El juzgado le había dado 10 días de plazo para ingresar voluntariamente en la cárcel. «Llegué a Málaga después de un viaje largo, abrí el iPad y me encontré con el artículo», cuenta Jesús. Lo primero que le llamó la atención fue la foto, en la que aparecía Cristina junto a Guillermo Jiménez, que además de abogado es amigo del empresario malagueño, y se animó a leerlo. En el texto, la mujer relataba no sólo su problema judicial, sino también los avatares de su vida. Las estrecheces económicas que le habían llevado a pedir el pago a plazos de una multa de 720 euros, y que tampoco pudo cumplir porque no llegaba a fin de mes después de pagar todos los gastos del hogar y de sus hijos. «En diciembre ingresé los 120, pero en enero di algo menos porque no me llegaba. En febrero, como tampoco pude reunir los 120 euros, llamé al juzgado para comunicarles que iba a dar algo menos, pero que pensaba pagar hasta el último euro. La persona que me cogió el teléfono me dio las gracias y me dijo que no todo el mundo tenía el detalle de avisar», cuenta ella.

A las 11.46 horas del domingo pasado, el día que SUR publicó el artículo, el empresario envió un correo al abogado de Cristina, a la que había asistido por el turno de oficio cuando, el pasado verano, la Policía Local de Benalmádena la interceptó con el ciclomotor en el que iba al trabajo y la denunció por circular sin licencia. «Tenía una antigua que ya no servía. Fue un error mío, pero por desconocimiento», matiza ella. Jesús, al leer sus palabras en la página impresa, escribió en el email: «Dame el mandamiento de pago de la multa de esta señora. Se la va a abonar la cooperativa. Y también que te dé un currículum. Has sido muy valiente sacando esto a la luz, Guillermo, esto es lo que se debe hacer». Ahora, mientras Cristina lo mira agradecida, añade: «Aunque sea algo totalmente legal, su caso lo percibes como una injusticia social y había que reaccionar. No se puede ir a la cárcel por 480 euros, por eso pagué la multa. Además, ella encarna la lucha de los padres separados, las familias monoparentales, que lo tienen mucho más difícil para salir adelante».

A la hora que se envió el mail, Cristina andaba desbordada de llamadas y de mensajes de apoyo. «Mi padre me dijo que podía darme 150 euros, mi madre 100 (su familia apenas tiene recursos). También me llamaron las madres del cole y amigos de Barcelona –de donde es oriunda– a los que hace años que no veo y que querían hacer una colecta», cuenta Cristina, todavía noqueada ante la posibilidad de tener que ir a prisión durante 80 días por el impago de parte de la multa.

Ella no lo sabía, pero sus compañeras en el último de los trabajos temporales que ha tenido ya habían creado un grupo de WhatsApp –bajo el nombre ‘Ayudar a Cris’– para canalizar las aportaciones. «En realidad, todos podemos hacer mucho más de lo que hacemos», interviene el empresario. «Si das algo a la sociedad, ésta te lo devuelve con creces».

Cuando leyó el correo, Guillermo llamó inmediatamente a Cristina para decirle que una persona se había ofrecido para pagar su multa. «Me quedé alucinada. Me puse a llorar como una magdalena. Le pedí que me diera el número de teléfono de ese señor para agradecérselo. Todavía hay personas buenas que hacen cosas por los demás», añade ahora, mirándolo a la cara. «He tenido suerte después de todo. Hay gente que está mucho peor que yo y no le ocurre algo así».

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