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«Existe una relación muy directa entre reinserción y seguridad»

22 de mayo de 2016

En la dirección de la prisión de Periro de Aguiar implantó programas pioneros de reinserción. Aboga por trabajar para cambiar las cosas

LA VOZ DE GALICIA – (MAITE RODRÍGUEZ, OURENSE).- Firme defensor de la función pública, desempeñada con profesionalidad y competitividad, Manuel Arias (Pieles, Oseira (Cea), 1958), ejerce desde el año 2008 como secretario general de la Subdelegación del Gobierno en Ourense. Anteriormente fue director de la prisión provincial de Pereiro de Aguiar, donde bajo su dirección se implantaron innovadores programas de reinserción que permitieron la reincorporación a la sociedad a cientos de presos que pudieron abandonar el delito. Entonces y ahora, aunque desde un trabajo más burocrático, sigue su filosofía de intentar mejorar todo lo que se pueda desde su puesto de trabajo. En 1992, cuando asumió la dirección del centro penitenciario, impulsó una transformación incluso arquitectónica del recinto, sin rejas y con fuentes y jardines, algo que no existía en ninguna prisión. El resultado, mejor comportamiento de los internos.

-El cambio laboral de director del centro penitenciario a la secretaría de la subdelegación ¿fue importante en su trayectoria?

-El cambio no fue buscado, fue una coincidencia. En aquel momento valoré que llevaba muchos años en la prisión. Cambié a una actividad muy diferente aunque también con mucha responsabilidad, pero a eso ya estaba acostumbrado. En prisión siempre estuve súper contento porque éramos una gran plantilla de profesionales que nos conocíamos muy bien y trabajábamos en los mismos objetivos. En esos años hicimos historia en la vida penitenciaria, aunque con toda la humildad. Fuimos pioneros en muchos programas de tratamiento pero los hacíamos porque eran necesarios. En aquel momento, había una necesidad acuciante de programas de drogas y los teníamos, desde los más básicos como el intercambio de jeringuillas para evitar enfermedades. Fue el primero en España hecho por los propios funcionarios.

-¿Fue creado específicamente en la prisión de Pereiro de Aguiar?

-Fue una apuesta muy valiente, porque significaba reconocer implícitamente que en la prisión entraba droga. Asumíamos que la primera obligación de la administración era garantizar la vida y la salud de los internos, por encima del resto de cuestiones coyunturales o de seguridad. Tuvimos que tragarnos la hipocresía. Con el apoyo de los servicios médicos y los funcionarios, el éxito fue rotundo. En dos o tres años se logró que desapareciera esa vía clandestina de consumo tan peligrosa para su vida. Y eso me dejó muy satisfecho: el ver que salvas vidas, pues todos conocíamos gente que enfermó y murió. Luego se extendió a todas las prisiones de Galicia. Otro programa, que nos costó sangre, sudor y lágrimas, fue el de comunidad terapéutica con Proyecto Hombre, que continúa. Es un programa de alta exigencia, pero era importante porque en la prisión se pueden lograr muchos objetivos de transformación de la persona, pero el problema es cuando sale el preso; si no tiene apoyo en el exterior, aunque vaya bien encaminado se viene todo abajo. Ese programa trabaja todos los aspectos de la persona, el esfuerzo, la honestidad y dura dos años en prisión y otro más en el exterior, con el acompañamiento fuera de Proyecto Hombre. El resultado fue espectacular para cientos y cientos de presos, incluso para gente que tenía 40 o 50 delitos y hoy están trabajando insertados en la sociedad sin ningún problema. Existe una relación muy directa entre reinserción y seguridad. El 95% de la gente que está en prisión son pobres. No es por justificar la delincuencia pero hay situaciones en los que a muchos pocas alternativas les quedaban en la vida.

-¿También estaban en Pereiro otro tipo de presos, por terrorismo como el de ETA?

-De ETA, el GRAPO, narcotraficantes... son perfiles distintos. Los programas se les ofrecían a quienes lo necesitaban, pero de estos eran pocos. Teníamos planes para agresores sexuales, violencia de género o terapias con animales. Hicimos mucho hincapié en la actividad educativa. Hicimos un colegio y fuimos los primeros con educación mixta.

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