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La reinserción y los delitos ‘de guante blanco’

25 de mayo de 2016

20 MINUTOS.-  Los peligros sociales no vienen de algunos centenares de culpables que la opinión condena, la ley castiga y la fuerza pública persigue y recluye, no; los peligros vienen de los malvados que no infringen las leyes o saben cómo infringirlas impunemente; de los que al apoderarse de lo ajeno tienen la fuerza pública de su parte en lugar de tenerla enfrente; de los que trafican con las ideas y los principios; de los que compran conciencias después de haber vendido la suya...

Hace 126 años, Concepción Arenal pronunciaba estas palabras en un Congreso penitenciario. En España, como en todos los países, la penalización de los pequeños delitos y el reproche social hacia quienes los cometen son aún muy desproporcionados respecto del reproche a esos otros malvados... Esto tiene muchas razones. Una de ellas es la relevancia que se da al uso de la fuerza en cualquier delito, en particular el robo. Aunque se trate de una cantidad muy pequeña, el uso de la fuerza hace que la pena sea grande. Robos y hurtos son los delitos mayoritarios entre quienes están en prisión. Las prisiones están llenas de personas procedentes de la marginación y la pobreza, en su mayoría condenados por delitos no graves. Hay personas con condenas larguísimas por una suma de pequeños delitos, cometidos en diferentes momentos, que nunca han tenido más de 100 euros en su poder.

El robo solo puede hacerse sin fuerza o intimidación cuando se hace desde el poder. Sus efectos también son traumáticos, aunque no provoquen heridas. Cuando la intimidación se hace utilizando otros instrumentos, los que proporciona una posición de autoridad, de poder, parece todo más limpio y menos peligroso. Si a alguien le roban 200 euros en un tirón, se le fastidiará el mes, además de llevarse un buen susto. Si a esa persona le estafan en la compra de su vivienda o en el banco o arruinando el ayuntamiento o la comunidad en que vive... eso comprometerá su vida o una parte importante de la misma. Pero al que asalta se le tiene mucho miedo, se le quiere ver fuera de las calles.

La orientación reeducadora y reinsertadora de las penas está pensada para la mayoría de los penados. El otro es una persona que saluda educadamente y que nunca rozó a nadie una uña. Por eso –quizá– se les llama delincuentes 'de guante blanco'. Habría que darle una vuelta a la desproporción con que se penaliza una y otra cosa. En las prisiones los de 'guante blanco' son muy pocos y no pasan mucho tiempo allí. Para decidir si se anticipa su salida, si tienen buen pronóstico de reinserción, se valora su capacidad para "integrarse socialmente".

Sabemos qué podemos hacer para reeducar y ayudar a que se integren en la sociedad personas con muchos problemas y carencias (aunque no siempre se dediquen suficientes esfuerzos y recursos a ello): educación, trabajo, terapias, acción social... Pero un asunto pendiente es analizar cómo entendemos la orientación reeducadora y reinsertadora de las penas que define la Constitución para personas sin carencias y convencionalmente socializadas. Y cómo hay que valorar el riesgo futuro de quien ha desviado a su bolsillo o al de su familia o su partido dinero público o de particulares y no lo volverá a hacer porque no volverá a tener ese poder.

La privación de libertad no puede ser solo un castigo. Como tampoco puede ser injusta e inequitativa la norma que se aplica a unos y otros a la hora de valorar su pronóstico de reinserción y la duración efectiva de su condena.

MERCEDES GALLIZO

Ex secretaria general de Instituciones Penitenciarias

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