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Enjaulados en cuerpo y alma

24 de abril de 2016

Más de una treintena de murcianos aguardan, tras las rejas de una prisión extranjera, su regreso a España. Asociaciones e instituciones alertan de que el colectivo crece, espoleado por la crisis económica, y que esta empuja a muchos ciudadanos a enrolarse como 'mulas' en busca de dinero fácil. «Las colas del paro se han convertido en verdaderos caladeros para las bandas». La masificación y las malas condiciones sanitarias de algunos presidios convierte la estancia de estos internos en un calvario. «Hicimos lo imposible por sacar a un grupo de la cárcel de Tetuán, pero uno de ellos murió allí», recuerda el letrado Manuel Maza

LA VERDAD – (ALICIA NEGRE, MURCIA).- Una muerte en vida. Así define el murciano Carlos Mira-Gil los cerca de 12 años que lleva encerrado en una cárcel de Florida. La justicia estadounidense condenó a cadena perpetua a este vecino de la pedanía murciana de El Palmar, de 41 años, por el asesinato de un amigo. Un crimen del que, sostiene, es inocente y que lo convierte en uno de los 36 murcianos que, actualmente, se encuentran presos en cárceles extranjeras, según datos de la Fundación +34 -las cifras no son oficiales, ya que el Ministerio no proporciona desde hace años información sobre el origen de los reos-. Una lista casi desconocida y posiblemente incompleta que recoge los nombres de más de 1.500 españoles que consumen sus esperanzas en una cárcel lejos de casa.

El caso de Mira-Gil es una excepción ya que la mayoría de los murcianos presos en el extranjero no afrontan condenas por delitos de sangre. Es la cocaína y el hachís lo que les lleva a ese encierro. Alrededor del 90% de ellos caen en las manos del narcotráfico dejándose tentar por la oferta de un dinero fácil. Se prestan a un peligroso juego con su libertad en prenda y pierden. La mayoría no reside en el país donde comete el delito y desconoce la legislación y las penas que se imponen. Esa ignorancia puede ser muy peligrosa en algunos destinos, como Colombia, donde las penas por tráfico de drogas pueden alcanzar los 20 años.

Un continuo aumento

La crisis económica no ha hecho sino acrecentar el número de murcianos que se enfrentan a esa situación. Si en 2008 eran 28 los reos murcianos en cárceles de otros países, la cifra creció en 2012 hasta la treintena y ya alcanza los 36 internos. Un fenómeno que parece guardar una estrecha relación con la crisis económica y las estrecheces que atraviesan las familias. El presidente de la Fundación +34, Javier Casado, advierte de que en España «las colas del paro se han convertido en verdaderos caladeros donde las organizaciones encuentran 'mulas', gente dispuesta a traer droga a cambio de un dinero». Las órdenes de embargo, la ayuda del desempleo que se acaba... han empujado a algunas personas a liarse la manta a la cabeza y jugarse la libertad con traslados de drogas. «Hay casos verdaderamente dramáticos», precisa el dirigente de la fundación. «Madres solteras que se prestan a hacer de 'mulas'».

Esta fundación trabaja, entre otras materias, ofreciendo ayuda humanitaria (visitas, asistencia médica, alimentos...) a los españoles que afrontan una situación de encierro en el exterior. La realidad de muchos de ellos, sostiene Casado, es penosa. «Hay países que ya viven en sus calles la miseria», razona. «Imagínate sus cárceles, comiendo chinches». En los últimos años se han registrado decenas de muertes en este colectivo, según sostiene el dirigente de la fundación, que trata de recabar la ayuda de las comunidades autónomas -entre ellas Murcia- para paliar el calvario de estos españoles.

En la Región también se han dado ya muchos casos de transportistas o marineros que acceden a llenar sus bodegas de fardos a cambio de parné. Es el caso de tres jóvenes cartageneros, entre ellos los hermanos J.A.H.S. y M.H.S., que fueron encarcelados en Túnez tras ser sorprendidos con 5.000 kilos de hachís ocultos en un yate. El 'Nomad' había zarpado del puerto de Saint Tropez en la Navidad de 2014 y, al parecer, fue cargado de droga en un punto indeterminado del Mar de Alborán. Sus tres tripulantes fueron apresados en el puerto tunecino de Hammamet, donde echaron el ancla para refugiarse de un temporal, y ya llevan allí más de dos años.

Un cúmulo de dificultades

La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, plasmó hace unos meses en un informe su preocupación por «el incremento en el número de españoles que cumplen condenas fuera de España y que, en un muy alto porcentaje, es debido a delitos relacionados con el tráfico de drogas». El entonces presidente del Consejo General de la Abogacía Española, Carlos Carnicer, también ahondó hace unos meses en este fenómeno e hizo, además, un llamamiento «a los españoles que piensan que pueden solucionar sus problemas -graves, sin duda- a la desesperada, recurriendo a la comisión de un delito que, lejos de arreglarles la vida, se la va a complicar de manera dramática, tanto a ellos como a sus familiares y personas cercanas».

Ambos pusieron sobre la mesa, además, el cúmulo de dificultades a las que se enfrentan estos presos. «La circunstancia de alejamiento de estos españoles», subrayó Becerril, se suma a otras muchas trabas, como «las legislaciones diferentes, las dificultades para comunicarse con sus familias o las situaciones personales penosas por enfermedad o carencia de medios para hacer menos duras las condiciones de vida cotidianas».

No en vano, las quejas recibidas por la Defensora del Pueblo han aumentado notablemente en los últimos años y están motivadas, sobre todo, por la demora de los expedientes de traslado, los problemas con las condiciones de algunas prisiones o las supuestas irregularidades procesales en algunos procedimientos. Carnicer sostuvo que «más grave que las dificultades legales o administrativas son, quizás, las dificultades políticas, causadas por la pasividad de las administraciones».

(...)

TEXTO COMPLETO EN FICHERO ADJUNTO.

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