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PRESENTE Y FUTURO DE LA CÁRCEL

Hacia un nuevo modelo de prisión

16 de abril de 2016

La cárcel de Topas (Salamanca) no está masificada por primera vez en mucho tiempo debido a la sustitución de las penas de algunos delincuentes extranjeros por la expulsión del país. La implantación de módulos de respeto y la búsqueda de un cambio en el paradigma de la percepción de la opinión pública sobre las cárceles, del mero castigo al objetivo de reinserción social, persiguen un panorama diferente

SALAMANCA24HORAS.COM - (J. MUÑIZ).- La población reclusa en España creció de forma exponencial hasta el año 2009. “Después de eso, en virtud de una reforma del Código Penal que posibilitaba la sustitución de penas por la expulsión de los extranjeros, la población ha ido bajando un poco”. Son palabras de Julio Rodríguez, profesional penitenciario del centro salmantino de Topas. La capacidad del centro alcanza las 1080 plazas y en la actualidad la ocupación está en torno a los 800 reclusos. Es una anomalía, ya que es común que las cárceles estén en gran medida masificadas. “Ha habido momento históricos en los que hubo hasta 1800 internos en Topas”.

La realidad de la prisión ha hecho que el perfil de la población reclusa haya variado en cierto modo durante los últimos tiempos. Ha descendido el número de integrantes de la comunidad migrante. “Anda en torno a un 25% actualmente”. En cuanto a los delitos cometidos por los internos, predominan aquellos contra la salud pública. “El tráfico de drogas ronda el 30%”. Algo por encima, se sitúan aquellos delitos cometidos contra el patrimonio, es decir, robos, hurtos y apropiación indebida. Muchos de ellos relacionados con la drogodependencia”.

La delincuencia en España no es violenta por norma general. Los datos dicen que los delitos más graves como asesinatos, homicidios o violaciones están en torno a un 10% del total de los cometidos. Por esta razón, Julio Rodríguez, que además es profesor del Área de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la USAL, cree que la políticas penitenciaras deben aminorar su carácter punitivo en virtud de la reinserción de los presos. “Hay una parte muy importante de la doctrina penal, entre la que me incluyo, que consideramos que se debería despenalizar cierto tipo de tráfico. Lo mismo que se hizo en su día con el alcohol. Probablemente, la delincuencia disminuiría y bajaría el coste de la droga. Con un control sanitario de los drogodependientes se conseguiría erradicar la adicción”.

Se trata de una cuestión de política criminal general, que a corto plazo no es factible porque no hay consenso en el Derecho Internacional. “Hay un país como Holanda que tiene despenalizadas ciertas conductas que aquí están tipificadas como delito. Es cuestión de que la comunidad internacional se ponga de acuerdo porque además se acabaría con el narcotráfico y el enriquecimiento ilícito de personajes que se dedican a eso. Pero debe ser a medio-largo plazo, por supuesto”.

Desde hace un siglo la doctrina penal ha sido proclive a que la cárcel sea un lugar de resocialización y no un lugar de castigo. Julio Rodríguez considera que por el momento en la práctica no es así. “El ‘deber ser’ es que se cumpla la pena privativa de libertad con un objetivo de reinserción social, eso además sería una medida de protección para la sociedad porque si se acaba con la reincidencia, se protege a la población”.

La Unidad Terapéutica Educativa

La política penitenciaria de los últimos tiempos ha incluido el modelo de módulos de respeto enfocado a la mediación con los reclusos y como vía del proceso restaurativo y educacional que persigue una adecuada reinserción social de las personas privadas de libertad. En la cárcel de Topas se implantó en el año 2014 una Unidad Terapéutica Educativa en el que el marco de convivencia, el cumplimiento de normas y la vida activa caracterizan el día a día de presos cuyo nexo común es el consumo de tóxicos.

Jesús Galván es educador en el Centro Penitenciario de Topas. “Tranquilo, de aquí se sale”. Recibe a los presos en el día de su ingreso. Sabe que ese día será la referencia mental a la que acudan durante toda su estancia en prisión. Cuenta que trata de inculcarles la necesidad de no desvincularse de los lazos que han dejado fuera. “Es un momento en el que todo tipo de pensamientos pasan por su cabeza, así que no se les deja solos”. De ahí pasan a un módulo de observación, se hace un trabajo de documentación en el que se recogen todos los datos que hay sobre él y a continuación se les plantea mediante una entrevista qué esperan de su estancia en prisión. “¿Qué quieres hacer, estar al sol o trabajar?”

Galván asegura que si el preso decide pasar su estancia “tomando el sol” se le respeta. En ese caso toman comino hacia el ala izquierda de la prisión. En el ala derecha se encuentran los módulos de intervención, entre ellos la Unidad Terapéutica Educativa. “Ingresar ahí se basa en la voluntariedad del recluso. Puedes comprometerte a cumplir las normas y respetar a los demás y puedes no hacer, en ese caso irás al módulo que te corresponda”.

En la UTE es importante la participación de los reclusos. De facto, se evalúa semanalmente. Hay una concepción de pertenencia a un grupo que funciona con una suerte de democracia. “Cada grupo elige su representante, además hay un presidente y un secretario para todos los grupos”. El objetivo es que las condenas se cumplan de la manera más normalizada y activa posible.

Carmen Burón es trabajadora social y trabaja en la UTE de la cárcel de Topas. Cuenta que se implantó en 2014 y que el primer año no fue nada fácil. “Tuvimos una labor socio educativa intensa. Tratamos de transformar un módulo residencial para crear un hábitat que recreara un contexto que pudiera fomentar las relaciones interpersonales”. Para ingresar en la UTE es necesario firmar un contrato en el que los presos, todos relacionados con las drogas, no están consumiendo en ese momento. “Queremos propiciar el desarrollo de unos individuos que deben sumergirse en un proceso de cambio interno para la reinserción”.

Burón reconoce que hay varios tipos de internos que ingresan allí. “Está el que quiere un informe para el tribunal y le han recomendado que entre, el preso institucionalizado que sólo busca beneficios penitenciarios para acelerar su excarcelación pero que sigue con sus valores marginales interiorizados y por último, están los que verdaderamente están concienciados para cambiar”. La UTE tiene diferentes niveles y cada uno tiene marcados sus propios objetivos. Carmen Burón asegura que la continuidad del proyecto es indefinida, aunque reconoce que están sometidos a un desgaste importante por “el inmovilismo tradicionalista de parte del personal, sanitarios y vigilantes”.

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