Skip navigation.

M.I. Colegio de Abogados de PamplonaM.I. Colegio de Abogados de Pamplona
M.I. Ilustre colegio de abogados de pamplona
Derecho penitenciario
Bibliografía Centros penitenciarios Enlaces
La WebPresentaciónNormativaJurisprudenciaOrganismos internacionalesDoctrinaEncuentrosNoticias
Derecho Penitenciario > Noticias

Noticias

Los presos prefieren Internet a los libros: sólo el 3% lee

17 de marzo de 2016

Hay 2.000 reclusos lectores de 58.000. Los centros presentan las mismas carencias desde hace años.

EL ESPAÑOL – (SILVIA LACRUZ LAPEÑA).- “Yo tenía 22 años y apenas conocía las vocales cuando el bibliotecario de la cárcel me inició en la lectura”. Habla Eleuterio Sánchez, El Lute, el reo más famoso del tardofranquismo. Su encierro lo define como “una angustia” de la que siempre intentó escapar. Lo consiguió dos veces. “Simón Sánchez Montero era un preso del Partido Comunista, ayudaba en la biblioteca. Llegó en el momento justo y me cambió la vida.”

Las cárceles de los años 60 no son como las de hoy pero las lecturas de un preso siguen siendo algo secundario. La única evaluación que además de cifras aporta encuestas a los usuarios la hizo el Observatorio de Bibliotecas Penitenciarias en 2011. Informaba de que las instalaciones no estaban en buenas condiciones, de que faltaban salas de lectura, presupuesto para adquirir libros y personal especializado.

En España hay 74 bibliotecas penitencias que se gestionan por acuerdos entre el Ministerio de Interior y el de Cultura. Según el Informe General de Instituciones Penitenciarias, en 2014 se desarrollaron más de mil “actividades y estrategias” para la promoción de la lectura. No dice nada sobre presupuestos o estado de las instalaciones.

Margarita Pérez Pulido, profesora de Biblioteconomía en la Universidad de Extremadura, es autora de una tesis sobre el tema y opina que, a excepción del fomento de la lectura, la situación ha cambiado poco en los últimos años. "La biblioteca es importante porque es el espacio de máxima libertad, el único sin vigilantes”, explica Pérez Pulido. 

UNA POBLACIÓN DE 2.000 LECTORES

Los presos tampoco tienen la lectura entre sus prioridades. Instituciones Penitenciarias asegura que en 2014 hubo 10.897 “usuarios de media mensual” en las bibliotecas carcelarias. No especifican sin son únicos, ni cómo cuentan las visitas. El Observatorio de Bibliotecas es menos optimista: sólo el 3,3% de los presos usa el servicio bibliotecario, porcentaje que sitúa a la población lectora en menos de 2.000 personas de un total de más de 58.000. Pérez cree que la entrada de la televisión en la cárcel hizo caer el interés por las letras. “Estoy segura de que en los centros que permiten conectarse a Internet, el porcentaje es aún más bajo.”

A Eleuterio Sánchez no le sorprende que sean pocos y recuerda los “libros infinitos”, a los que llamaban así porque les faltaban las primeras y las últimas páginas. “No era censura, las arrancaban los compañeros para limpiarse el culo.”

Según el ex presidiario, la falta de interés no se debe sólo a que la mayoría sean analfabetos funcionales o tengan poca formación. Es que la falta de libertad es un shock del que cuesta reponerse: “Sólo cuando te has hartado de llorar y de no dormir tomas conciencia de que lo único que tienes es tiempo. Y no todos saben para aprovecharlo.”

FONDOS DE EGB

Las bibliotecas garantizan los derechos del preso. “Acceder a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad” es uno de ellos, según el artículo 25.2 de la Constitución. Por su parte, la Ley Orgánica General Penitenciaria (LOGP) recoge la obligación de habilitar una biblioteca en cada cárcel. Esta norma también exige que haya “libros adecuados a las necesidades culturales y profesionales de los internos.” 

En cantidad, las cárceles españolas cumplen. Cuentan con 12,1 ejemplares por preso, más de los diez que recomienda la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA, en inglés). El fondo mínimo equivale a los libros de la antigua EGB, pues los libros dependían de las Unidades Docentes y por eso el profesor hacía las veces de bibliotecario.

Pero en el año 1999 cambió la ley y la gestión de los libros se encomienda a un funcionario de prisiones. “Fue una pena porque el cambio supuso que muchas quedaran abandonadas”, opina Pérez Pulido. La Escuela de Estudios Penitenciarios incluye desde hace un tiempo una asignatura de Biblioteconomía pero Pérez y otros expertos insisten en que sean profesionales quienes manejen los fondos. Alegan que incentivan la lectura y se adaptan al usuario, pero sólo Cataluña, que tiene transferida la gestión de las cárceles, cuenta con profesionales en los centros penitenciarios.

AUTOAYUDA, CÓMICS Y NOVELAS

¿Qué necesita un lector preso? “Tener contacto con la realidad y crear un espacio de socialización distinto del patio o del trabajo en la cárcel”, dice Pérez. El primer factor es el que explica que entre los libros favoritos de los reclusos estén los best sellers. “Les conecta con la actualidad y les da la sensación de que están a la última". 

“Una de mis primeras lecturas fue Las gafas del Señor Cagliostro”, explica El Lute. Pérez explica que a muchos presos les atraen las historias de fantasía o de viajes. “De mi trabajo en la cárcel recuerdo que se rifaban las novelas de Vázquez Figueroa y que les encantaba El Conde de Montecristo".

En la lista de los autores más solicitados se cuela un extraño para las listas de ventas: el profesor de Derecho Penal Juliaìn Carlos Riìos Martiìn

En las estanterías carcelarias abundan los libros de autoayuda, religión y novelas. “También los textos legales”, dice Pérez, lo que explica que en la lista de los autores más solicitados se cuele un extraño para las listas de ventas: el profesor de Derecho Penal Juliaìn Carlos Riìos Martiìn.

 

(...)

Texto completo en fichero adjunto.

Más información

© M. I. Colegio de Abogados de Pamplona - Iruñeko Abokatuen Elkargo T. Arg. - Avenida del Ejército, 2 - Planta 10ª, 31002 Pamplona