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"Las prisiones no deben ser un garaje donde depositar personas"

14 de marzo de 2016

María Acale ha liderado un trabajo de investigación de la Universidad de Cádiz sobre la población reclusa femenina Señala que el tratamiento penitenciario está sexualizado

EL DIARIO DE CÁDIZ – (MARIBEL GUTIÉRREZ).- A lo largo de casi cuatro años la catedrática de Derecho Penal en la Universidad de Cádiz, María Acale, dirigió a un grupo de doce investigadores de la UCA para intentar demostrar que el género y la nacionalidad eran factores primarios de discriminación. El resultado se recogió en el libro Derecho penal, género y nacionalidad, publicado en 2015 y que ha dado enormes alegrías al equipo investigador.

Ese intenso trabajo en varias penitenciarías ha llevado a la docente a tener una visión amplia sobre los delitos más frecuentes que llevan a las mujeres a las cárceles, sus motivaciones y las posibilidades reales de reinserción. Puerto III, Botafuegos, Alcalá de Guadaíra y la Granja Penitenciaria de Izalco, en El Salvador, fueron los escenarios de un estudio que partía de la hipótesis de que, en muchos casos, la victimización previa de la mujer tras haber sido objeto de episodios de violencia de género condicionaba su posterior tendencia criminal.

María Acale explica que el delito que da lugar al mayor número de mujeres privadas de libertad en las cárceles españolas es el tráfico de drogas, seguido de los delitos no violentos contra el patrimonio. "Hablamos de hurto, estafa, extorsión... Ambas modalidades delictivas ponen de manifiesto que se llevan a cabo para producir un beneficio económico, con lo cual parece que la mayor parte de la delincuencia femenina está vinculada a una situación de necesidad, ya sea porque es consumidora de drogas o alcohol o porque pase por algún tipo de estrechez económica". 

Hay varias diferencias con respecto a los crímenes que llevan en mayor porcentaje a los hombres a las cárceles. "En primer lugar, los delitos por los que están condenados más hombres en España son los delitos patrimoniales pero con violencia o intimidación y en segundo lugar, el tráfico de drogas. También hay un volumen muy importante de sentenciados por maltrato, violencia de género o delitos contra la libertad sexual, un campo que es inexistente entre las reclusas".

Debido a que las principales infracciones que cometen las mujeres son por resolver una carencia económica, se podría entender que su rehabilitación sería más fácil. Ante ello la catedrática de Derecho Penal apunta que "la reinserción social de estas personas pasaría por cubrir sus necesidades básicas, ofrecerles programas para salir de las sustancias tóxicas y recursos económicos para que no vuelvan a delinquir. Si fuésemos capaces de cubrir esos huecos, el proceso de reinserción social sería más fácil".

Esa es la teoría, que está muy alejada de la realidad de las cárceles españolas. "El proceso de reinserción social que tiene una mujer que ha cometido un fraude a la seguridad social o de blanqueo de capitales es muy distinto al de una mujer que, con violencia, ha robado una cartera con 15 euros. La otra mujer se ha beneficiado de 15 millones de euros, pero a efectos jurídicos nos da lo mismo porque la violencia en este caso aparece como elemento diferenciador de ambas situaciones". 

Por ello, es fundamental las condiciones en que se cumplen las penas. "He entrado en varias cárceles españolas y he visto que el tratamiento penitenciario está sexualizado. A los hombres se les siguen ofreciendo talleres de mecánica o jardinería y a las mujeres peluquería o costura... Hay una diferenciación muy elevada". Esta discriminación y continuación de una misma tendencia desde hace años tiene su origen en que "las reclusas femeninas son una población muy pequeña, en torno al 9%. Cualquier esfuerzo que se hace es muy grande y por ello Instituciones Penitenciarias espera que cada reclusa termine su pena y se reinserte por su cuenta".

María Acale cree fundamental cambiar esta visión porque "las prisiones no son un garaje donde depositemos como coches usados a las personas que han cometido un delito a la espera de que pase el tiempo. El que está dentro tiene mucha prisa porque transcurra, pero la realidad es que pasa muy lento y eso genera violencia. Nadie está en prisión por gusto y eso crea un clima de violencia que no facilita el proceso de resinserción social". 

La catedrática apuesta por continuar con los módulos de respeto que se pusieron en marcha hace años en las prisiones españolas porque "cada recluso se siente objeto y no sujeto de reinserción social, son responsables y protagonistas de sus propias decisiones y actos".

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