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Guantánamo, error y vergüenza

11 de marzo de 2016

NUEVA TRIBUNA.ES (RAMÓN HERNÁNDEZ DE ÁVILA).- Escuché hace tiempo a un catedrático decir que él creería en la democracia cuando en Estados Unidos hubiera un presidente negro. Y salió elegido Obama. Sí, pero ese no es negro, es “teñido”, me replicó socarronamente el profesor. Ciertamente, a tenor del rumbo que ha ido tomando su política, tanto interna como externamente, la elección de un candidato de color no era más que una operación de imagen. Los Estados Unidos se habían ganado una mala prensa desde los tiempos de Ronald Reagan, un mediocre actor que actuaba como un mediocre presidente, cambiando la lentitud de su revólver por la rapidez de los “misiles galácticos”. Luego vinieron otros, los Bush, y de guerra de las galaxias se pasó a la tormenta del desierto, y la invasión de otros países en nombre de la libertad y la democracia, de la que los Estados Unidos -mayor contradicción y paradoja es imposible- dice ser su adalid.

Muchas son las deficiencias e inconvenientes para que el régimen de los EE UU pueda considerarse auténticamente demócrata. No es necesario que se las enumere al inteligente lector, por el contrario, conviene que, sin olvidar algunas, como la prohibición de un partido comunista, la opacidad de sus servicios secretos con actividades ilegales dentro y fuera de sus territorios, apoyos al terrorismo o su frecuente y constante conculcación de los derechos humanos -que tanto denuncian en el ojo ajeno-, se analice esa nueva imagen que han pretendido ofrecer al mundo y el grado de veracidad de sus postulados. Porque la nueva imagen que pretendían ofrecer al mundo a través de un presidente “teñido” y luego “descolorido”, no ha logrado lavar la antigua de sus predecesores “rostro-pálidos”. El ejemplo, por estar de nuevo en primera línea en las campañas electorales para la carrera -como dicen- hacia la Casa Blanca, es el recurso prometedor del cierre de Guantánamo. Uno de los pilares de la campaña que hizo en 2008, como principal promesa, el actual presidente, y que rescata ahora con matices el candidato republicano, Donald Trump.

Todos reconocen que es una vergüenza. Un atentado a los más elementales derechos humanos. Pero a día de hoy, casi al final del mandato de Barack Obama, éste no ha cumplido su promesa de cierre, y no se ha cerrado. Ahí sigue, con sus vejaciones, y sus gastos. Hasta ahora les daba igual, sostenella y no enmendalla, pero resulta que mantener esa prisión les cuesta sus buenos dólares.  ¡Ay, amigo!, aquí les han tocado el alma, no por el maltrato humano, contraviniendo leyes internacionales -incluso en “estado de guerra”-, sino por el dinero que cuesta mantener fuera de su territorio una cárcel de esas dimensiones para “cuatro locos”. No les importan las leyes, ni los derechos, ni las vidas, ni las humillaciones a unos presos sin juicio, sino su coste económico, 455 millones de dólares al año.

De nuevo, Guantánamo sale a relucir en la campaña electoral a la Casa Blanca, en este caso por un candidato republicano, que ha puesto el dedo en la llaga, el gasto que supone para las arcas públicas. También el presidente Barack Obama cree que es un gasto “excesivo e innecesario”, y un “bochorno” para la imagen de Washington en el mundo, pero mantiene su indecisión de cerrarla aunque sigue con la idea. Hace unos días, Obama se reunió con dos asesores a quienes ha encargado el cierre de la cárcel, que alberga todavía a casi un centenar de presos de las guerras en Afganistán e Irak, y otros acusados de terrorismo islámico.

Guantánamo, que ha acabado siendo una vergüenza y “bochorno” para los EEUU, lleva 115 años, desde su establecimiento ilegal en la isla de Cuba. Quedarse con ese estratégico terreno de la isla en 1901 fue la condición que los norteamericanos pusieron para que, después de la guerra contra España, Cuba consiguiera la independencia del imperio español (pobres cubanos, salieron de Málaga y se metieron en Malagón). Ahora se ha convertido en un problema económico, por no ver el también legal, producto de acciones ilegales que ha venido practicando la CIA desde el famoso y desgraciado 11-S en 2001 de las Torres Gemelas, su excusa y pretexto, para la lucha sin cuartel contra ISIS, EI, AlQaeda, etc.,  con detenciones, vuelos y cárceles clandestinas en Asia y Europa (incluida España).

Esa cárcel de máxima seguridad y tortura, viola la presunción de inocencia y las normas de derecho internacional al tener todavía retenidos permanentemente y sin cargo alguno entre 100 y 200 presuntos terroristas.

 

“FUE UN ERROR” AFIRMA SU FUNDADOR

El fundador en 2002 de la prisión, Michael Lehnert, general mayor del Cuerpo de Marines de los EE.UU., afirma en su artículo publicado en el Detroit Free Press que “fue un error y es el momento de cerrarla... Toda la estrategia de detención e interrogatorios fue equivocada... Los militares se dieron cuenta rápidamente de que la mayoría de los detenidos no deberían haber sido enviados a esa base militar, pues tenían escaso valor desde el punto de vista de la inteligencia y no había pruebas suficientes para atribuirles crímenes de guerra”.

Todos los políticos, candidatos y senadores norteamericanos, miran ahora a la base de Guantánamo tratando de arrimar el ascua -es un tizón que quema- el ascua a su sardina, campaña electoral en unos, lavado de imagen en otros. Obama mantiene su promesa de cierre, aunque no se sabe muy bien a dónde irán esos presos. Un senador ha declarado que cerrarla y repartir por USA los 35 detenidos que están en la primera relación de futuros liberados, sería “enviar terroristas al interior de Estados Unidos”. Aumentaría el riesgo del peligro terrorista, como una “Quinta Columna”.   Otra solución es la propuesta por el candidato y magnate/mangante republicano Donald Trump. No habla de cerrarla, sino de cargar el mochuelo al gobierno cubano, que para eso está en su terreno. La “trampa” de “Trump”, no cerrarla sino “transferirla” para que Cuba asuma sus gastos, y sacar un provecho económico, que por algo él es magnate... 

(...)

TEXTO COMPLETO EN FICHERO ADJUNTO.

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